El poder curativo de la palabra – IV
La evidencia inesperada
El investigador Dan Winter, que desarrollara un programa
de computación para estudiar las ondas sinusoidales
que emite el corazón bajo respuestas emocionales,
en una fase de la investigación con sus colegas, Fred Wolf
y Carlos Suárez, analizó las vibraciones del lenguaje hebreo
con un espectrograma.
Lo que descubrieron fue que los pictogramas que representan
los símbolos del alfabeto hebreo se correspondían exactamente
con la figura que conforma la longitud de onda
del sonido de cada palabra.
Es decir que la forma de cada letra era la exacta figura
que formaba dicha longitud de onda al ser vocalizada.
También comprobaron que los símbolos que conforman el alfabeto
son representaciones geométricas.
En el caso del alfabeto hebreo, las 22 gráficos utilizados
como letras son 22 nombres propios originalmente usados
para designar diferentes estados o estructuras
de una única energía cósmica sagrada, la cual es la esencia
y semblanza de todo lo que es.
El libro del Génesis está escrito en este lenguaje.

Las letras de los antiguos alfabetos son formas estructuradas
de energía vibracional que proyectan fuerzas propias
de la estructura geométrica de la creación.
De esta manera, con el lenguaje se puede tanto crear
como destruir. El ser humano potencia el poder contenido
en los alfabetos al sumarle el poder de su propia intención.
Eso nos convierte en responsables directos de los procesos
creacionales o destructivos en la vida, y con tan solo
¡la palabra!
Brad Hunter


