Poemas, relatos y cuentos

Cuento de fortaleza – El loco

El loco

Fue en el jardín de un manicomio que conocí a un joven
de rostro pálido y hermoso y lleno de encanto.
Sentándome a su lado sobre el banco le pregunté:
“¿Por qué estás aquí?”
Me miró asombrado y respondió:
“Es una pregunta inadecuada,
sin embargo, contestaré:

Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo;
también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen
de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante
como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba
que debía ser como él, un excelente atleta.
Mis profesores, como el doctor de filosofía,
el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes,
y cada uno quiso que fuera el reflejo
de sus propios rostros en un espejo.

Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano.
Al menos puedo ser yo mismo.

Enseguida se volvió hacia mí y dijo:

“Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?”

Yo respondí: “No, soy un visitante”.

Y el añadió: “Oh, tú eres uno de los que vive en el manicomio
del otro lado de la pared”.

Khalil Gibrán

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Un comentario

  1. Me gustó mucho este cuento ya que nos ayuda a pensar que a veces somos presionados para actuar de una u otra manera, pero la principal herramienta para seguir creciendo y para llegar a ser felices es la AUTOACEPTACIÓN.

    Si queremos ser felices, tenemos que aprender a sentimos bien por ser quienes somos, sin máscaras.

    Signos que son manifiestos en quienes se aceptan a sí mismos:

    1°) Disfrutar de sí mismo.

    Es verdad que puede dar la impresión de que se trata de un círculo vicioso; sin embargo, las personas que verdaderamente disfrutan siendo como son, siempre están bien acompañadas, porque conviven con alguien que les gusta las veinticuatro horas del día. Tanto en los días buenos como en los malos, esa persona conocida y encantadora está siempre a su lado. Y no hay demasiadas cosas que puedan hacerles infelices. Si los demás se muestran críticos o poco cariñosos, quienes se aman de verdad a sí mismos creen que hay un problema de comunicación; o bien, de no ser así, llegarán al convencimiento de que esa persona crítica y poco amable tiene un problema personal, y lo sentirán por ella, pero no se enojarán.

    2°) Los que se aceptan a si mismos les resulta más fácil relacionarse con los demás.

    Cuanto más nos aceptamos como somos, con mayor facilidad supondremos que también les gustamos a los demás; por tanto, anticipando su aceptación, nos apetecerá estar con ellos.

    Para quienes se aceptan a sí mismos con alegría, la soledad es gozosa; pero para quienes no se aceptan a sí mismos la soledad puede ser dolorosa, pues el solitario experimenta el vacío y no quiere sino buscar distracciones: el periódico, una taza de café, una radio…

    3°) Al aceptarnos somos tal cual somos.

    Nos rodeará esa autenticidad que sólo puede provenir de nuestra genuina autoaceptación. En otras palabras, antes de poder ser nosotros mismos, nos tenemos que aceptar, entonces seremos reales. Cuando nos sentimos heridos en nuestros sentimientos, seremos capaces de expresarlo abiertamente; cuando queramos y admiremos a otro, seremos honrados y estaremos abiertos a compartir nuestro amor y nuestra admiración con esa persona. No nos sentiremos torturados por la posibilidad de malentendidos o malas interpretaciones, ni nos preocupará que nuestros sentimientos sean correspondidos o no; en suma, seremos libres para ser nosotros mismos.

    Esta autenticidad significa que no tendremos que llevar sobre nosotros, como una especie de equipaje vital, toda una serie de máscaras, sino que nos enfrentaremos al hecho de que no tenemos que agradar a nadie, sino ser nosotros mismos. Diremos: “lo que se ve es lo que hay”. Éste soy yo, el único que existe, un original creado por Dios. “No hay copias en ningún sitio”. La mayor parte de nosotros, sin embargo, hemos llevado una máscara o hemos representado un papel durante tanto tiempo que no sabemos dónde termina la máscara‑papel y dónde comienza el yo real. Pero tenemos un instinto especial para lo auténtico y experimentamos una liberadora sensación de honestidad cuando hemos sido nosotros mismos.

    4°) Al aceptarnos nos reimos de nosotros mismos con frecuencia y sin dificultad

    Tomarse a uno mismo demasiado en serio es casi una señal evidente de inseguridad. Una vieja frase china dice lo siguiente: “Bienaventurados los que pueden reírse de sí mismos, porque nunca cesarán de divertirse”. Ser capaces de admitir nuestra propia fragilidad y nuestras insensateces, y reímos de ellas, se requiere una seguridad interior que sólo nace de la autoaceptación. Sólo cuando sabemos que somos esencialmente buenos, podemos admitir que también somos limitados, e incluso seremos capaces de reírnos cuando esas limitaciones afloren a la superficie y los demás las perciben.

    Esta vía para la felicidad de la autoaceptación, es una tarea para toda la vida. Cuanto más nos aceptemos y amemos como somos, mayor sensación personal de paz y satisfacción lograremos; cuanto más miremos a nuestro interior y no a otras personas o cosas para hallar nuestra felicidad, mayor será nuestra sensación de que nuestras vidas tienen un sentido y una dirección.
    Muy lindo el blog!

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