Poemas, relatos y cuentos

Reflexión de Anthony de Mello – El amor no duerme

El amor no duerme

¿Cuánto dura el placer de creer
que has conseguido lo que deseabas?

El primer sorbo de placer es un encanto,
pero va prendido irremediablemente al miedo de perderlo y,
cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza.

La misma alegría y exaltación de cuando llega el amigo
es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha…
o cuando lo esperas y no viene…

amor39

¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor;
puedes estar bien seguro de ello.

Cuando despertamos de nuestro sueño
y vemos la realidad tal cual es,
nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos,
porque la realidad es y nada la cambia.

Entonces puedo decirle al otro:
“Como no tengo miedo de perderte,
pues no eres un objeto propiedad de nadie,
entonces puedo amarte así como eres,
sin deseos, sin apegos ni condiciones,
sin egoísmos y sin querer poseerte”.

Y esta forma de amar es un gozo sin límites.

El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo,
te conducen inexorablemente a los conflictos
y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo,
a la ruptura. Porque los lazos que se basan
en los deseos son muy frágiles.
Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre.

Anthony de Mello

Reflexión de amor – El amor sana

El amor sana

Un tarjeta escrita con el corazón
por Elixires para el Alma
para que haga germinar el amor
en todos los rincones del Universo.

elixires amor

Cuento de amor – La mitad de un recuerdo cada uno

La mitad de un recuerdo cada uno

Yo no quiero que se olvide nada.
Pero le tengo tan poquita confianza a mi memoria,
que te propongo dividirnos los recuerdos:
una vez escribí un pequeño poema
con marcador negro sobre el vidrio de un cuadro
y en una de esas mañanas agitadas de limpieza general
le pasaron un trapo y lo borraron.

poldybird

Quise volver a hacerlo, armé un rompecabezas de palabras,
pero por más que me esforcé, aquel breve poema fue a dar
a una caja gigantesca y lejana, que nadie sabe donde está,
custodiada por duendes o mariposas,
una caja a la que van a dar
todas las cosas queridas que se pierden.

No, no me digas que peguemos fotografías en un álbum:
en esa caja hay cientos de millones
de álbumes de fotografías.

Tampoco me pidas que lo escriba en un cuaderno.
En esa caja hay cientos de millones de cuadernos.

Lo nuestro, lo que vivimos vos y yo en estos años de amor,
solamente permanecerán vivo si lo anotamos en el corazón.

La mitad de un recuerdo cada uno, y de vez en cuando
juntarnos a armarlos, y hacer vivir de nuevo
las horas amarillas de sol, las horas celestes
de las tardes movedizas como ríos.
Las horas de sal no.
La sal hace arder los ojos y los pone a llorar.

Yo me quedo con las rosa, vos quédate con el río.
Y al unirlos, será el nombre de la ciudad
en donde nos conocimos: Rosario.

Vos quédate con el beso y yo con el temblor.
Vos con la música y yo con la letra
de las canciones que nos gustan.

Vos con los paisajes montañosos que vimos
y que te gustan tanto. Tierras color de malva,
de guinda, de esmeralda. Árboles descolgándose
hacia los precipicios, pueblitos como hechos de cerámica.

Yo me quedo con el mar.
El mar es una parte de mi cuerpo.
Es lo que dentro de mi batalla y clama,
lo que a veces me empuja por la calle,
cantando, lo que lava con magia mi fatiga.

Vos quedate con el gesto posado
con que me miro en el espejo y te da risa.

Yo me quedo con la acuarela celeste
fuerte de tus ojos y con los redondeles de humo
que dibujás en el aire cuando fumás.

Vos ordená los cuentos que te hago de mi infancia,
los olores del pasto, del jazmín, del chicken pie,
la torta de manzana, los escones, el té verde,
el maquillaje en polvo, la bolsita con flores de lavanda
perfumando las sábanas adentro del ropero
con el espejo enorme…
Yo ordenaré los cuentos de tu niñez
con espejuelos rotos, rodillas lastimadas,
torres de milanesas, obligatoria sopa,
un tío llamado Mayo, y un acento español flotando
en la casona de la incansable abuela.

Vos quedate conmigo.

Yo me quedaré con vos.

Así, de esta manera, sólo estando juntos
podremos ser vos y yo.
Y no me digas que ésto es una trampa para atarte.
Porque yo lo sé bien: sí, es una trampa para atarte.
Una de esas trampas sin malicia,
totalmente permitida en el amor.

Poldy Bird

Reflexión de amor de Walter Riso

El amor y el desapego

Equivocadamente, entendemos el desapego
como dureza de corazón, indiferencia o insensibilidad,
y eso no es así. El desapego no es desamor,
sino una manera sana de relacionarse,
cuyas premisas son: independencia,
no posesividad y no adicción.

amor0

La persona no apegada (emancipada)
es capaz de controlar sus temores al abandono,
no considera que deba destruir la propia identidad
en nombre del amor,
pero tampoco promociona el egoísmo y la deshonestidad.
Desapegarse no es salir corriendo
a buscar un sustituto afectivo, volverse un ser carente
de toda ética o instigar la promiscuidad.
La palabra libertad nos asusta y por eso la censuramos.

Declararse afectivamente libre es promover afecto sin opresión,
es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto en la ternura.
El individuo que decide romper con la adicción a su pareja
entiende que desligarse psicológicamente
no es fomentar la frialdad afectiva,
porque la relación interpersonal nos hace humanos
(los sujetos “apegados al desapego” no son libres,
sino esquizoides). No podemos vivir sin afecto,
nadie puede hacerlo pero sí podemos amar sin esclavizarnos.
Una cosa es defender el lazo afectivo
y otra muy distinta ahorcarse con él.
El desapego no es más que una elección que dice a gritos:
el amor es ausencia de miedo.

Walter Riso

Cuento del amor perdido

Mar solo

No sé bien por qué, pero casi todos le damos importancia
a “la primera vez” de algo. Y queremos compartirla con alguien:
una persona que entienda nuestro gesto afirmativo,
esa clara intención de la mirada,
el mensaje de nuestra mano apretando la suya.

mar solo

Tal vez por eso me sentí tan triste al caminar
la cuadra y media hasta la playa de esa pequeña ciudad
que mi conocimiento estrenaba. Iba a ver su mar por primera vez.
Sola. Triste y asustada, porque la soledad me asusta,
me vuelve chiquita y desamparada.

Fue como si todos hubieran sido invitados a una fiesta
y yo apareciera sin mi tarjeta
y sin conocer a los dueños de casa.

Cada cual estaba en lo suyo: los chicos entrando
y saliendo del agua, las madres llamándolos,
los jóvenes concursando su belleza
o jugando a la pelota paleta,
el oleaje bordando la blanquísima filigrana de la espuma,
el viento levantando, cada tanto, una arena de oro pálido
que la luz transformaba en lentejuelas mínimas agitándose
con movimientos de pandereta.
Apreté el bolso contra mi pecho
y busqué un lugar frente al agua infinita.

Me senté con las piernas encogidas, los anteojos negros,
las manos sosteniendo las rodillas,
y fue como si me hubiera vuelto invisible.
Ya nadie me veía. Pasaban frente a mí,
detrás de mí, pero yo no existía.

Éramos solamente ese inconmensurable mar bullente
y movedizo, un poco azul, un poco verde,
tan murmurador y yo.

Yo necesitando a todo el mundo y sin nadie que necesitara de mí.
Ese arrogante mar y esta aturdida mujer.

Una niñita se acercó con su balde rojo y su mamá la llamó:

- “No molestes a la señora que está pensando”…
¿algún cuento? Y me sonrió con una sonrisa que se despedía.

¿Qué pensaría, en realidad, la gente de los que escribimos
o de los que hacemos algo que ellos creen que no pueden hacer?

Quizá de haber sido yo otra…
hubiera llenado el baldecito con agua y la mamá de Sol
-así se llamaba la niñita redonda y bronceada-
hubiese charlado conmigo de lo que se habla en la playa.

Ella no sabía que yo era una extraña, sino que extrañaba,
que quería hacer un pozo en la arena para juntar almejas,
pero no me atrevía, que quería zambullirme en las rápidas olas,
pero me daba vergüenza, que me molestaba el sol en la nuca,
pero no podía cambiar de posición y volverme visible.
Así, sentada, ovillada, quieta, muda,
sola en el estreno de una obra que hubiese podido ser hermosa
y divertida, pensé en otros días, en seres que me acompañaron:
armé rostros queridos y lejanos,
resucité palabras dichas tiempo atrás.

Me encontré con culpas, alegrías y fantasmas.

Todos los mares que conocía resonaron en mi mente
su ruido de caracola apoyada en la oreja.

Todos los mares aletearon con las alas grises
o blancas de sus gaviotas siempre hambrientas.

Todos los mares burbujearon sus azules copiados del cielo,
de los nomeolvides, de las violetas postreras del invierno
y sus verdes encabritándose en las primaveras
de hojas nuevas, pero en todos había estado con alguien,
acompañada.

Y yo decía: “allá va un pájaro” o “un velero tan blanco”
o “¿pescarán algo esos hombres?” o “ese chico tan bello”…
y quien estaba a mi lado giraba su cabeza mirando,
o me señalaba algo, también, para que yo mirara,
y el mundo era entonces tibio y seguro como un nido
de dos manos puestas en forma de cuenco
para dar toda el agua mansa de la ternura,
toda el agua transparente de la compañía.

Cuando la playa quedó casi desierta me levanté para marcharme.

En la arena estaba la forma de mi cuerpo:
allí permanecería hasta que la verde mano del mar
la emparejara, borrándola, borrándome.

Me quité los anteojos para limpiar los vidrios empañados,
que casi no me dejaban ver.

Pero mientras regresaba al hotel
me di cuenta de que no, no eran los vidrios.

Era yo, llorando.

Poldy Bird

Reflexión – Reinventar el amor

Urge reinventar el amor

El amor se amasa como el pan, es una amalgama
cuyo resultado final resulta imprevisible.
Transforma a quienes aman
y transforma también a quienes son testigos
de tal cúspide artesanal.
Cada cual elige: su mano es una herramienta ideal
para la caricia, pero convertida en puño
sirve a su vez para la trompada.
Amar y ser amados, ésa es nuestra misión en la Tierra.
No nacimos para sojuzgar pueblos ni para acopiar fortunas.
Llegamos desnudos y partimos desnudos.
La eternidad es un congreso de amantes empedernidos.

assortment of baked bread

Amar es también abstenerse de causar daño.
Es saber callar cuando la palabra hiere.
Es tolerar las faltas del otro.
Amar es ser uno menos en el infierno de la metrópolis
y ser uno más en la silenciosa tarea
de dar sentido al acto de respirar.
Uno no es apenas un buscador de afectos,
también debe estar atento a la realidad
de ser buscado por otro ser, y de ser encontrado
en el momento único del enamoramiento.
El amor, además de mover montañas, crea universos.
Modela o trasforma las comunidades.
No hacemos el amor: el amor nos hace.
Pero reducido a su faceta genital,
no nos diferencia mucho de los animales.
En cambio, convertido en espacio sagrado motiva e ilumina,
exalta y salva. Ya sea erótico, espiritual,
psíquico o cósmico. Urge reasumir la ternura.
Urge, urge tremendamente recrear el amor.

Miguel Grinberg