Poema de fe – Quédate conmigo Señor

Quédate conmigo Señor
Quédate conmigo, con valiente arraigo,
mira que me turbo, me entibio, decaigo.
Fúndete a mi alma, invade mi ser,
que la sombra humana nos impide ver.
Pero si te quedas, si te vas mostrando,
estas arideces se me irán quitando.
Que si Tú te quedas junto a mi dolor,
en la propia hondura sentiré tu amor.
Quédate conmigo, razón de mis razones,
conoce ese frío que dan las decepciones.
Quédate en la rutina, en el desvío,
¡te necesito tanto, Jesús mío!
Quédate conmigo. Mira que anochece,
la tarde declina, todo se oscurece.
Dulces resplandores tendrá la partida,
¡si quedas conmigo por toda la vida!
Zenaida Bacardí de Argamasilla
Reflexión de fe – Plegaria silenciosa
Verdaderamente hermoso para reflexionar!
Plegaria Silenciosa
Le pedí fuerzas a Dios para poder llegar más lejos,
y me hizo más débil para que aprendiera
humildemente la obediencia.

Le pedí salud para poder hacer grandes
cosas, y me hizo frágil para que hiciera
cosas mejores…
Le pedí riquezas para ser admirada por todos y me dio la debilidad,
para que pudiera sentir la nesecidad de Dios…
Le pedí todas las cosas para gozar de la vida,
y me fue dada la vida para disfrutar de todas las cosas…
No tengo nada de lo que pedí, pero sí
todo lo que esperaba. Casi a pesar de mí
misma, mis silenciosas plegarias fueron escuchadas.
Gracias
Reflexión de fe – Humildad
Humildad
Aprende del agua porque el agua es humilde y generosa
con cualquiera,
aprende del agua que toma la forma de lo que la abriga:
en el mar es ancha, angosta y rápida en el río,
apretada en la copa, sin embargo,
siendo blanda, labra la piedra dura.

Aprende del agua que por graciosa
se te escurre entre tus dedos,
tan graciosa como la espiga
que se somete a los caprichos del viento
y se dobla hasta tocar
con su punta la tierra,
pero pasado el viento
la espiga recupera su erguida postura,
mientras el roble, que por duro no se doblega,
es quebrado por el viento.
Se blando como el agua para que el Señor pueda moverte
graciosamente en cumplimiento de tu destino,
y serás eterno como EL,
porque sólo el que se deja trascender
por lo trascendental será trascendente.
Facundo Cabral
Frase positiva para el día de hoy – 1° de mayo

1 de mayo
La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive, es porque cree en alguna cosa. León Tolstoi
Reflexión de fe – Descorrer las cortinas
Descorrer las cortinas
No tenemos que crear el bien. El bien ya está aquí.
No tenemos que persuadir a Dios para que sea Amor,
o Vida, o Verdad, o Inteligencia,
porque El ya es todo eso y siempre lo ha sido .
No tenemos que pedirle que nos recuerde,
porque siempre está con nosotros.
No podemos pedir ningún bien que ya no esté aquí.
Tampoco tenemos que combatir el mal.
El mal, en esencia, es una falsa creencia sobre el bien,
y la cura consiste en no pensar en el error al conocer la Verdad.
Cuando usted enciende una luz en una habitación,
no tiene que perseguir a las sombras
y expulsarlas por la puerta o por la ventana.

La luz invade a la habitación y todo se ilumina,
pues la oscuridad no es un ente,
no es otra cosa que la ausencia de luz.
Si corremos las cortinas de todas las habitaciones de una casa,
esa morada quedará a oscuras y es probable que con el tiempo
sea húmeda e insalubre, por mucho que afuera brille el sol.
Si quisiéramos remediar esta situación,
no trataríamos de lograr que el sol brille con más intensidad
(no podríamos lograrlo), tampoco buscaríamos la manera
de crear luz del sol en el interior.
Todo lo que tendríamos que hacer
–en realidad, todo lo que podríamos hacer–
es descorrer las cortinas.
Descorrer las cortinas y abrir las ventanas
sería el verdadero remedio para esa situación.
EL sol penetraría, y seguirían todos los demás beneficios.
Dios está con nosotros a toda hora,
pero nosotros cerramos las ventanas del alma
y colocamos gruesas cortinas de miedo, duda,
egoísmo, etc, entre El y nosotros.
La salvación consiste en descorrer esas cortinas
y abrir las ventanas, El hace el resto.
Emmet Fox
Reflexión de fe – La primera lección…
La primera lección para obtener cariño
Preguntaron a una madre cuál era el secreto
para obtener que sus hijos fueran tan amados
por los demás, y ella respondió:
“Mi primera lección es enseñarles a sonreír”.

Y resumía así los consejos que ella da a sus hijos:
Sonríe, sonríe, hasta que notes
que tu continua seriedad o tu severidad habitual
hayan desaparecido.
Sonríe, hasta que logres que
el calor de tu rostro alegre,
caliente tu corazón que tiende a ser frío.
Recuerda que tu sonrisa tiene un trabajo que hacer:
ganar amigos para ti, y almas para Dios.
Puedes ser apóstol con sólo sonreír.
Sonríe a los rostros solitarios.
Sonríe a los rostros enfermos.
Sonríe a los rostros arrugados de los ancianos.
Sonríe a los rostros sucios de los pordioseros.
Deja que en tu familia todos gocen de la belleza
y de la inspiración que provienen de tu rostro sonriente.
Cuenta, si tú quieres, el número de sonrisas
que la tuya haya despertado en otros durante el día.
Ese número representa cuántas veces tú
has fomentado la felicidad, la alegría, el ánimo
y la confianza en otros corazones.
La influencia de la sonrisa se extenderá
hasta donde tú ni siquiera alcanzas a sospechar.
Tu sonrisa te abre muchas puertas,
allana las dificultades y hasta puede obtenerte
excepcionales favores.
Puede ser un comienzo de conversión a la Fe.
Puede ganarte un sinnúmero de verdaderos amigos.
Y sonríe también a Dios:
aceptando lo que él quiere que te suceda,
porque ya sabes que todo redunda en bien
de los que aman al Señor.
Sonreír en el sufrimiento es cubrir
con pétalos vistosos y perfumados
las espinas de la vida, para que los demás
sólo vean lo que agrada, y Dios, que ve en lo profundo,
anote lo que nos va a recompensar.
Y así obtendrás que en el último día, Cristo tu Juez,
te sonría también satisfecho
y te lleve a donde nunca vas a dejar de sonreír.
P. Eliécer Sálesman


