Los cambios
Los climas cambian. A veces es invierno, a veces es verano.
Si siempre estáis en la misma estación, os sentiréis atascados.
Uno debe aprender a que le guste lo que está sucediendo.
A eso llamo madurez. A uno tiene que gustarle lo que ya está ahí.
La inmadurez es vivir siempre en el “debería” v nunca en el “es”
y el “es” es el caso.
“Debería” es simplemente un sueño.

Sea cual fuere el caso, es bueno. Amadlo, que os guste
y relajaos en él. Cuando a veces se presente la intensidad, amadla.
Cuando se vaya, despedidla.
Las cosas cambian… la vida es un flujo.
Nada permanece igual, de modo que a veces hay grandes espacios
y a veces no hay ningún lugar al que trasladarse.
Pero ambas cosas son buenas. Las dos son regalos de la existencia.
Uno debería de ser tan agradecido que no importa lo que pase,
uno siente agradecimiento, gratitud.
No veo ningún problema. Disfrutadlo.
Esto es lo que está sucediendo ahora mismo.
Mañana puede cambiar; entonces disfrutad aquello.
Pasado mañana puede ocurrir otra cosa. Disfrutadla.
No comparéis el pasado con inútiles fantasías futuras.
Vivid el momento. A veces es caliente, otras muy frío,
pero ambos son necesarios; de lo contrario,
la vida desaparecería porque vive en polaridades.
Osho
Sólo queda lo que damos
La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente
y desde arriba; la solidaridad es horizontal
e implica respeto mutuo.
Eduardo Galeano
Sólo queda lo que damos
Sólo nos acariciará,
el amor que prodigamos.
Sólo nos alegrará, la sonrisa que regalamos.
Sólo nos refrescará, el agua que
juntos bebimos.
Sólo nos alimentará, el pan que compartimos.
Sólo nos cubrirá, el vestido
con que al prójimo arropamos.
Sólo nos descansará el cansancio
del peregrino que hospedamos.

Sólo nos consolará, la palabra
con que reconfortamos.
Sólo nos guiará, la verdad que proclamamos.
Sólo nos sanará, el consuelo del enfermo que visitamos.
Solo nos librará, la vida nueva
del preso liberado.
Solo nos dará paz, la ofensa que perdonamos.
Sólo hará renacer la esperanza,
la mirada que al cielo dirigimos
y las manos con que abrazamos.
Sólo nos conducirá a la Vida,
la confianza que en el Padre depositamos.
Así, la humilde solidaridad de cada día,
como flor que en silencio entrega su perfume, construye fraternidad
y enriquece nuestras vidas…
Yo merezco
Yo me merezco todo lo bueno, no algo, un poquito,
sino todo lo bueno.
Ahora disuelvo cualquier pensamiento negativo o restrictivo.
Me libero y disuelvo todas las limitaciones del pasado.
No me ata ningún miedo ni limitación
de la sociedad en la que vivo.
Ya no me identifico con ningún tipo de limitación.
En mi mente tengo libertad absoluta.
Ahora entro a un nuevo espacio en la conciencia,
en donde me veo de forma diferente.
Estoy creando nuevos pensamientos acerca de mi ser
y de mi vida. Mi nueva forma de pensar se convierte
en nuevas experiencias.
Ahora sé y afirmo que formo una unidad
con el Próspero Poder del Universo.
Y por lo tanto recibo multitud de bienes.
La totalidad de las posibilidades está ante mi.
Merezco la vida, una vida buena.
Merezco el amor, abundante amor.
Merezco la salud.
Merezco vivir cómodamente y prosperar.
Merezco la alegría y la felicidad.
Merezco la libertad, la libertad de ser todo lo que puedo ser.
Merezco muchas cosas más que todo eso: merezco todo lo
bueno.

El Universo está más que dispuesto a manifestar
mis nuevas creencias y yo acepto la abundancia
de esta vida con alegría, placer y gratitud.
Porque me lo merezco, lo acepto y sé que es verdad.
Así Es. Gracias Amado Universo.
Louise Hay
Crítica constructiva
Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.
Napoleón Hill
Hacer una crítica constructiva para ayudar a los demás es una actitud madura, responsable y llena de respeto por nuestros semejantes.
El valor de la crítica constructiva se fundamenta en el propósito de lograr un cambio favorable que beneficie a todas y cada una de las personas involucradas en circunstancias o ambientes determinados, con actitud de respeto y sentido de colaboración.
De forma natural el hombre busca comunicar sus pensamientos e influir en los demás con su opinión para lograr cambios en la familia, la sociedad, el trabajo o la escuela, sin embargo, corremos el riesgo de sujetarnos únicamente a nuestro particular punto de vista e intereses, sin atender a las necesidades o propósitos que tienen los demás

A través de la crítica constructiva se desarrollan otros valores: lealtad, honestidad, sencillez, respeto, amistad… Con esta referencia sería absurdo cerrar nuestro entendimiento y pasar por alto la importancia de vivir este valor, pues nadie puede jactarse de tener un buen juicio crítico, si no ha logrado establecer un equilibrio entre la manera como acepta las críticas y la forma e intención con que las expresa.
Cada vez que una persona desea expresar su opinión o inconformidad con rectitud de intención, tiene que aclarar que es “una crítica constructiva”, para evitar malos entendidos y lograr una mejor disposición de su interlocutor. A veces somos tan susceptibles, que sin la aclaración pertinente nos sentimos agredidos. Si fuésemos más sencillos y maduros, encontraríamos en cada crítica –positiva o negativa- una oportunidad para cambiar y mejorar nuestra forma de vida. En realidad, aún de las críticas más acres deberíamos tener la serenidad, paciencia y madurez para obtener lo mejor de ella, aún si hiere nuestro amor propio.
Ahora bien, es muy común que nuestra tendencia a criticar se propague sin ton ni son y convertimos a la crítica en una forma de oposición y rechazo a todo aquello que no nos gusta; observamos y manifestamos inconformidad casi de todo: el modo de vestir, las opiniones, la forma de gobierno, las normas de vialidad, la conducta del vecino… y muy pocas veces, hacemos un juicio objetivo y valiente sobre nuestro comportamiento y modo de pensar.
Lo primero será reconocer que frecuentemente hablamos sin fundamento, nos quedamos con unas cuantas palabras del noticiero o del diario, cotejando nuestra pobre información con los comentarios que escuchamos en la oficina o con los amigos, hacemos conjeturas y emprendemos el vuelo aprobando o desaprobando todo tema de actualidad: iniciativas de ley, la política económica, los eventos sociales, sucesos de carácter internacional y hasta las nuevas disposiciones en materia de educación o de salud… ¡Con qué facilidad no erigimos en autoridades competentes!
Es claro que las decisiones de índole social o política a veces muy distantes del común de las personas, pero esto no justifica la critica mal intencionada. En todo lugar existen medios, asociaciones y grupos de personas con el afán de crear una sociedad más justa y llena de oportunidades para todos. ¿Por qué no participar o tomar la iniciativa en nuestras manos? Tal vez no todos tenemos el valor de asumir una responsabilidad más grande, de mayor trascendencia…
Pero la crítica más dura y severa la realizamos hacia las personas que conocemos y los lugares donde asistimos: nos disgusta el sistema de trabajo que se lleva en la empresa, y por ende, quienes la encabezan; calificamos la aptitud de nuestros colegas con comparaciones absurdas; señalamos con firmeza los defectos, costumbres y hábitos de nuestros conocidos y amigos; nos disgustamos porque en casa las cosas no se hacen a nuestro gusto. ¿Acaso hacemos un bien expresando opiniones negativas?
Cualquier comentario fuera de lugar o falto de delicadeza, no solo ofende, destruye además la buena comunicación, la imagen y opinión que se tiene de las personas y por si fuera poco, habla muy mal de nosotros. Para que nuestra crítica tenga valor, se requiere una actitud honesta, leal y sencilla: si algo nos disgusta o incomoda, no hay porque escondernos en el anonimato, generar murmuraciones o crear conflictos, si deseamos que las cosas y las personas mejoren, lo correcto será acercarnos a los interesados y expresar abiertamente nuestro punto de vista, dispuestos a escuchar y a obtener un resultado provechoso para todos.
Para concretar propósitos que nos lleven a ejercitar el valor de la crítica realmente constructiva debemos evaluar con sencillez y valentía nuestro modo de ser, esto significa ser autocríticos:
- Evalúa las situaciones, escucha a las personas y pregunta. De esta manera tendrás los elementos necesarios para formar un juicio correcto y dar una acertada opinión.
- Antes de criticar a las personas en cualquier aspecto, examínate con el mismo rigor y criterio, no sea que tengas los mismos defectos. Recuerda que para ayudar a los demás, tú debes ser el primero en mejorar.
- Haz el propósito de descubrir lo bueno que tienen las personas, las instituciones y las circunstancias. Si no tienes algo positivo que decir, lo mejor es callar.
- Examina tus intenciones, sentimientos y estado de ánimo antes de pronunciar palabra.
- Aprende a informarte con profundidad y acostúmbrate a hablar de los hechos, evitando hacer interpretaciones y suposiciones superfluas.
- Acepta con madurez todo tipo de críticas y comentarios respecto a tu persona y modo de trabajar, centrando tu atención en la oportunidad de mejora.
Cualquier crítica debe formularse responsablemente a través de la reflexión, considerando las implicaciones que podría tener; el respeto que debemos a las personas se manifiesta protegiendo su buen nombre y reputación, además de procurar su mejora individual. De esta manera actuamos en justicia y todo nuestro actuar se convierte en actitud de servicio e interés por el prójimo.
Reflexión de fortaleza – El coraje
Gracias Florencia, por este texto tan interesante!
“El coraje no es la ausencia de temor, sino más bien considerar que aquello que deseamos alcanzar es mucho más importante que el temor que sentimos”
Y de eso se trata el amor.
De soltar los miedos y dejarlos ir para dar paso a todo aquello que anhelamos en la vida. Y para ir en busca de aquello que amamos es necesario estar abiertos a los cambios.

La vida es una eterna elección y los deseos más profundos que residen en nuestro corazón están allí para ser realizados.
Siempre se corre riesgos, pero es parte de esta historia que se llama vida.
No podemos evitar las penas o el dolor, si podemos evitar quedarnos atados a una pena.
Dolor es no haberlo intentado, la pena es no haber dejado todo lo que teníamos para dar en ese amor que profesamos.
Cuando amas verdaderamente a alguien puedes navegar lejos de tu puerto sin mirar lo que has dejado atrás porque lo que te espera allí, adelante es lo que te hará feliz y es lo que has elegido y por el cual estás dispuesto a jugarte, pero hay que amar profundamente para darse por entero .
Y cuando uno ama, se ama a la vida y esa vida se expresa en cada sonrisa que nos regalan, en la calidez que nos brindan esos brazos en un abrazo profundo.
La vida se expresa en el ser que amamos y está allí esperándonos para que la exploremos, para que la hagamos parte de nuestros sueños, para descubrirla y amarla tal cual es.
No importa cuanto caminamos, importa si al caminar dejamos huellas profundas de amor en el otro.
Jugarse por aquello que amamos nos dignifica la vida, el amor nos dignifica, el amor nos hace íntegros y que lindo es sentirse vulnerable cuando uno ama…. porque entonces quiere decir que soltaste tus velas y te entregaste en cuerpo y alma, te despojaste de tus miedos y abrazaste al amor.
Cuando amas… entonces ríes, entonces anhelas, abrazas a la vida, también lloras, lloras ausencias, lloras caricias, lloran tus necesidades, necesidad de ver, de sentir, de estar con el otro.
Se llora amor porque el amor lo abarca todo, aún el dolor más profundo encierra en si un amor muy profundo.
No duele lo que se pierde si antes no lo has amado.
De eso se trata la vida, de vivir en plenitud cada sentir, de no ser meros espectadores sino de ser protagonistas de aquello que hemos elegido amar.
Y se corren riesgos, pero vale la pena haberlos corrido si al mirar atrás ves dos pares de huellas que hicieron camino al andar, y sentirás plenitud al saber que has amado y te han amado.
Actúa con valentía
Podemos actuar en lugar de que actúen sobre nosotros.
Una cosa es cierta: si seguimos haciendo lo que hacemos,
seguiremos obteniendo lo mismo.

Los problemas de la vida surgen cuando sembramos una cosa
y esperamos cosechar otra totalmente diferente.
Para modificar los resultados, necesitamos cambiar el paradigma.
Nuestra vida se basa en los resultados de nuestras elecciones.
Si culpamos y acusamos a los demás, al medio ambiente
o a otros factores extrínsecos, elegimos otorgarles
el poder para que nos dominen.
Elegimos: vivir nuestra vida o dejar que otros la vivan por nosotros.
Tal vez hallemos conveniente vivir con la ilusión
de que las circunstancias o los demás son responsables
de la calidad de nuestra vida, pero lo cierto es
que nosotros somos los responsables de nuestra elección.
El mejor modo de predecir su futuro radica en crearlo.
Resulta fácil decir “¡no!” cuando hay un profundo “¡sí!”
que arde en nuestro interior.
Deja que te gobierne tu brújula y no el reloj de la pared.
La lucha se desencadena cuando percibimos una brecha
entre el reloj y la brújula, cuando lo que hacemos
no contribuye a lo que es más importante en nuestras vidas.
Poner primero lo primero constituye un acto esencial en la vida.
¿Qué es para usted «lo mejor»? ¿Qué le impide otorgar
a esas cosas “mejores” el tiempo y la energía que desea brindarles?
¿Interfieren demasiadas cosas “buenas”?
La calidad de vida depende de lo que ocurre en el espacio
entre el estímulo y la respuesta. Hace falta valentía
para admitir que usted es más importante que sus estados
de ánimo y que sus pensamientos, y ser capaz de controlarlos.
La sabiduría es la unión del corazón con la mente
y consiste en aprender todo lo posible, pero con la humildad
de admitir que no lo sabemos todo.
Una de las mejores maneras de educar el corazón es observar
nuestra interacción con los demás, puesto que estas relaciones son,
en esencia, el reflejo de nuestra relación con nosotros mismos.
Nuestra mayor alegría y nuestra pena más grande derivan
de nuestras relaciones con los demás. En efecto,
la calidad de vida es, por naturaleza, interdependiente.
Lo cierto es que somos mejores en compañía que solos.
La humildad deriva de advertir que #ningún hombre es una isla”,
que ningún individuo posee todos los talentos, todas las ideas,
todas las facultades para hacer funcionar el todo.
Para la calidad de vida es de suma importancia la capacidad
de trabajar juntos, aprender de los demás y ayudar
a crecer a los demás.
El éxito siempre nace de dentro hacia fuera.
Nunca podremos cambiar a los demás; deben cambiarse a sí mismos.
Dr. Stephen Covey


