Poemas, relatos y cuentos

Oración para aprender a amar

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

Madre Teresa de Calcuta

Oración Lakota

Enséñame a confiar en mi corazón,
En mi mente, en mi intuición,
En mi sabiduría interna,
En los sentidos de mi cuerpo,
En las bendiciones de mi espíritu.
Enséñame a confiar en estas cosas,
Para que pueda entrar en mi Espacio Sagrado
y amar más allá de mi miedo,
y así Caminar en Equilibrio
Con el paso de cada glorioso Sol
y gloriosa luna.

Oración Lakota

Oración de la Paciencia

Señor, en el silencio de este nuevo día que nace,
vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor,
ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias a tus hijos
como lo ves Tu mismo. para apreciar la bondad de cada uno.

Cierra mis oídos a toda murmuración
guarda mi lengua de toda maledicencia
que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mi.

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Quiero ser tan bien intencionado y justo
que todos los que se acerquen a mi sientan Tu presencia

Revísteme de tu bondad, Señor,
y haz que durante este día, yo te refleje.

Carta de DIOS para Tí

Es difícil decirte hasta qué punto te quiero y te perdono cada día. Eres un ser humano, mi milagro. Mi milagro mejor, porque eres fuerte, pero puedes ser débil y aun valiente.

Eres inteligente y, sin embargo, ciertos días te sientes tan vacío que ni te ves el alma en el espejo. Estás pleno de dones y talentos. Te lo aseguro yo, que soy tu Padre, te lo aseguro yo, que soy tu amigo.

Siéntate un día a repasar la vida. Por peor que la sientas nunca será tan mala, ya que aún estás allí para mirarla.

Piensa en lo bueno, vamos, sin pudores. Reconoce tus puntos más brillantes, juega con ellos ahora en tu recuerdo. Si das vuelta a la esquina de los sueños te encontrarás allí contigo mismo. Mírate con afecto y si es posible, descubre lo que haz sido sonriendo, observa lo que eres sin reproches, planea qué serás con entusiasmo.

Y piensa que tan solo con desearlo puedes cambiar tu vida para siempre. Sólo hacen falta ganas, muchas ganas. Te di la voluntad, debes usarla. Arranca con un paso el camino más largo que será menos largo al dar el paso.

No estás ciego, mis ojos son tu guía. Ni estás sordo pues me estás oyendo, ni estás paralizado porque a cada momento yo te siento más cerca y me conmueve. Ni estás mudo, yo escucho tus lamentos que le hacen perder tiempo a tus acciones y yo escucho, también, tus oraciones que llegan flotando entre la gloria.

No sé si entiendes lo que significas: mi mayor creación, mi gran milagro.

El dueño y el esclavo de tu historia. No temas comenzar la vida nueva si esta no te conforma. No te lamentes nunca, no te quejes, no te dejes caer, no te atormentes, no aceptes el fracaso pues no existe, no maldigas, no busques más culpables, no te culpes tampoco, no te hieras, no te rindas jamás, no te deprimas.

Más que nada, no temas, nunca temas. ¿Cómo puedes temer si te acompaño? Tienes muchos poderes que no usas y muchos que ni sabes que los tienes. Te he dado lo mejor y te hice libre. y te hice irremplazable. No hay otro como tú en el universo; gente, persona, ser humano, hijo.

Eso que buscas tanto día a día, esa felicidad que te desvela, no se encuentra en los qué, sino en los quienes. No vas a hallar en cosas la alegría sino en personas como tú, que esperan.

Yo ya cumplí mi parte, hoy es tu turno. Te di el regalo de pensar, reírte; el de amar, elegir, emocionarte; el de determinar y hasta enojarte; el don de imaginar, crear, ser libre; y el soñar, planear, cantar un poco; hablar y hasta sentirte un poco loco porque los cuerdos son muy peligrosos.

TE regale rezar desde tu alma, decidir con tu mente tus acciones y tejer tu destino de esa forma. Casi te puse más allá que un ángel para tenerte cerca si me aceptas.

Todo eso yo te di, pero ¿qué hiciste? ¿Que has hecho de esas fuerzas que impresionan?

No importa en realidad voy a olvidarlo. No es tiempo de reproches, nunca es tiempo. Desde este mismo instante yo te pido que olvides tu pasado mansamente si es que en el, hay espinas que te hieren. Vas a ser alguien nuevo y para eso vas a aprender ahora mismo a perdonarte. Yo ya te perdone y ahora es tu turno, tu turno una vez más, tienes mil turnos. Después junta el perdón que es más difícil y transfórmalo en fácil con hechos y palabras llevándolo en tus manos a los que te ofendieron.

“No es sencillo”, dirás. Y, sin embargo no dijiste tal cosa hace un instante cuando tu mismo fuiste perdonado.

Devuelve unas monedas de ese pago para estrenar tu estado de alguien nuevo. Ya que vas a elegir, que este bien hecho: Ama en lugar de odiar, Ríe y no llores crea y jamás destruyas.

Inventa los colores.

Persevera en lugar de renunciar. Alaba, no critiques. Cura y no hieras nunca. Es hora de que des sin pedir nada. De actuar sin postergar más cosas. De crecer en lugar de consumirte, de bendecir en lugar de blasfemar. De vivir en lugar de morir. Y si, siente mi presencia en cada acto de tu vida flamante. Crece un poquito mas en optimismo y goza del perdón y la esperanza.

Debes abrir tu puerta a la sonrisa. Dejar atrás los miedos y las dudas. Borrar los sentimientos de derrota.

Yo estoy aquí, a tu lado, para siempre. Me gusta que me llames, que me busques, que te acuerdes de mí, que no me olvides. Yo que he vivido en ti toda tu vida, hoy te estoy esperando para amarte. Si has de venir para abrazarme un día, yo sé esperarte pero no te atrases.

Puedo esperar, pero por ti te urjo. El tiempo es muy valioso, no lo insultes creyendo que hay de sobra y para siempre. Yo sigo junto a ti pues quiero darte la paz de una serena compañía, el abrazo especial que abriga el alma, la caricia que todo lo transforma. Vuélvete otra vez niño, simple, puro, sé inocente, sé ingenuo y generoso. Si es que ya no lo tienes  recupera rápidamente el don divino de asombrarte y ese de conmoverte y asustarte ante la maravilla de sentirte humano.

Porque tú, mi milagro, estás lleno a tu vez de otros milagros. Como poder oír, si lo deseas, ese sonido de tu propia risa, puedes conocer el amor, puedes saber que te prefiero sobre todo lo demás, puedes sentir una lágrima abriéndose paso en tu mejilla, puedes comprender el dolor, puedes ayudar a ayudarte.

No olvides nunca que te quiero ver feliz. Eres mi milagro, con tus bolsillos llenos de milagros. Siémbralos en el mundo. Arroja a mano llena las semillas de la misericordia, la piedad, la paz, la esperanza, el amor, la fe, el coraje, los sueños y las ganas de vivir como todo fuera burbuja y cascabel.

Ya sé que no lo es, pero precisamente por eso hay muchos que te necesitan para que les devuelvas ilusiones. Y tú los necesitas a esos muchos. Vamos, no pierdas tiempo, mi milagro, vamos.

Usa tus poderes y regala tus dones. Yo estoy al lado tuyo en cada instante. Y lo único que pido a cambio de eso es, simplemente, nada. Ni siquiera que estés al lado mío, pues esa es tu elección y no tu carga.

Vamos los dos. Nos espera la vida. Dame la mano, yo te doy la mía.

Te lo voy a mostrar, ya que es difícil, es difícil decirte hasta qué punto te quiero y te perdono cada día.

Tu padre Dios.

Jesús, el dulce, viene…

Jesús, el dulce, viene…
Las noches huelen a romero…
¡Oh, qué pureza tiene
la luna en el sendero!

Palacios, catedrales,
tienden la luz de sus cristales
insomnes en la sombra dura y fría…
Mas la celeste melodía
suena fuera…

Celeste primavera
que la nieve, al pasar, blanda, deshace,
y deja atrás eterna calma…

¡Señor del cielo, nace
esta vez en mi alma!

Juan Ramón Jiménez

Benditos sean

Benditos Sean

Benditos sean los que tienden la mano para ayudar,
los que intentan comprender,
los que anhelan compartir.

Benditos sean lo que para dar su opinión
no necesitan subirse a ningún podio,
los que se hacen tiempo para escuchar
y los que saben que siempre hay algo por aprender.

Benditos sean aquellos que tratan de pulir y de borrar sus mezquindades
y no simplemente de ocultarlas.

Benditos sean los buenos amigos
y el culto a la amistad.

Benditos sean los que llenan las noches de filosofía,
los que riegan los caminos hacia la utopía con batallas épicas
y los que a cada historia de amor la cargan de locuras.

Benditos sean los que disfrutan del sol y de la luna,
del cielo abierto y de la noche cerrada,
de escalar la montaña y de zambullirse en el mar.

Benditos sean los que pueden eludir la costra y ver la esencia,
los que pueden gozar de la poesía que tiene este mundo maravilloso.

Benditos sean los que no abandonan sus principios
ni sus raíces, pero que no se cierran a los cambios
ni renuncian a intentar volar.

Benditos sean los que sueñan despiertos,
sobre todo si sueñan mejorar el mundo que los rodea,
y benditos los que del sueño saltan a la acción.

Benditos los que leen lo que otros escriben,
los que escuchan atentamente
a quienes tienen necesidad de hablar y los que pierden,
a conciencia, para que gane un ser querido.

Benditos sean los que odian el egoísmo,
el dolor, y la apatía ante la injusticia.
Benditos sean los que creen que nunca se llega
al ideal pero luchan con pasión infatigable
por sus ideales.

Benditos sean los que entienden que el amanecer
en la playa, el pan recién horneado,
la música y las caricias son partes de una fiesta que merecemos todos.

Benditos sean los que piden perdón,
los que dicen gracias y los que no se olvidan de decir por favor.

Benditos sean los que aspiran que el mundo tenga lugar suficiente
tanto para la hormiga laboriosa como para la cigarra,
con su tan necesario arte.

Benditos sean los que quieren abolir las quejas,
los que quieren que asciendan mucho los de abajo
y desciendan un poco los de arriba,
benditos los que quieren que la muerte muera.

Benditos sean los que no subsisten sollozando,
mientras esperan el milagro,
sino que se proponen forjar algo milagroso.

Benditos sean los que se arriesgan
por las causas perdidas, por conquistar corazones
y por el bien de los amigos.

Benditos sean los que se arriesgan a mostrar sus sentimientos toda la vida.

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