La puntualidad
Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera.
Nicolas Boileau-Despréaux

El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.
El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.
El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.
La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?
Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.
En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da…?
Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.
Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar “sólo lo que hace falta”, en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases… pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando “despertamos” y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido.
Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.
Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten “distinguirse” por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: “si quieren, que me esperen”, “para qué llegar a tiempo, si…”, “no pasa nada…”, “es lo mismo siempre”. Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades
Para la persona impuntual los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..
Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.
La cuestión no es decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas…
Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:
- Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.
- Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos…
- Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.
- Implementa un sistema de “alarmas” que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles…
- Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.
Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.
Acepta los desafíos
Acepta los desafíos. Y no olvides: existen momentos en la vida
en que necesitamos más de la valentía que de la prudencia.
Ciertas decisiones deben ser tomadas al calor de la emoción.

Sin embargo, nos acostumbramos a decir:
“Hay que tener calma. Debo estar preparado para esto”.
Nadie consigue prepararse adecuadamente para nada.
Hay muchas cosas que pueden planearse, pero no siempre
resultan de la mejor manera.
Una aventura mágica -donde todo conspira para ayudarnos
a dar un gran salto sobre el abismo- siempre aparece
de improviso y desaparece con rapidez.
Su presencia fue el resultado de un trabajo invisible
que realizamos sin darnos cuenta.
Es tomarla o dejarla para siempre.
Claro que podemos caer al abismo.
Pero ¿Qué decisión, en esta vida, no implica riesgos?.
Paulo Coelho
Momento a momento
El pasado ya no existe y el futuro aún no ha llegado;
los dos se mueven en direcciones que no existen.
Uno solía existir pero ya no existe y el otro aún
no ha empezado a existir.

La única persona acertada es aquella que vive
momento a momento, aquella cuya flecha se dirige al momento,
lo que siempre está aquí y ahora. Dondequiera que esté,
toda su conciencia, todo su ser, está ocupado
en la realidad de aquí y ahora.
Esta es la única dirección correcta.
Solamente un hombre así puede entrar por la puerta dorada.
El presente es la puerta dorada.
El aquí y ahora es la puerta dorada…
y tú puedes estar en el presente solamente
si no eres ambicioso, si no hay propósito,
si no hay deseo de lograr poder, dinero, prestigio,
incluso iluminación, porque toda ambición te lleva al futuro.
Solamente un hombre no ambicioso puede permanecer en el presente.
Un hombre que quiere estar en el presente no debe pensar,
simplemente tiene que ver y pasar por la puerta.
La experiencia vendrá, pero la experiencia
no tiene que ser premeditada.
Osho
La honestidad
Proceder con honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo.
René Gerónimo Favaloro

La honestidad es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).
Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, “son como son” y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.
La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.
Lo que no es la honestidad:
- No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.
- No es el mero reconocimiento de las emociones “así me siento” o “es lo que verdaderamente siento”. Ser honesto, además implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.
- No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de “no esconder quien realmente somos”, implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.
- No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.
Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma y busca la sombra, el encubrimiento: es una disposición a vivir en la oscuridad. La honestidad, en cambio, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz, la luz de la verdad.
Reflexión de vida – Vergüenza
La gente suele sentir vergüenza por muchas cosas:
Por el físico, por la educación, por la forma de vestir,
por la forma de hablar, a veces por las acciones
de otras personas, a veces por las propias.
Pero la mayoría de las cosas por las que la gente siente vergüenza,
no justifican tal sensación. Uno no debería avergonzarse
por sus condiciones físicas, ni culturales, ni nada de eso.
Sólo debería sentirse algo así cuando uno daña
a alguien teniendo conciencia previa del daño que puede causar.

Debemos tener en cuenta que casi nadie nos rechazará
por ser gordos o narigones, o por no ser eruditos en algo,
o por no vestirnos a la moda…
A la gente, lo que verdaderamente le importa,
es que seamos buenas personas… con un espíritu puro,
y un proceder limpio y recto.
Si alguien nos rechazara por el físico o cualquiera
de esas cuestiones superfluas, no debemos preocuparnos:
Esa persona no vale la pena…
No, no vale la pena…
¿Con qué energía estás danzando hoy?
Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!
Isadora Duncan

La raíz de todo lo que nos sucede no es visible,
se siente en el cuerpo pero no ocurre en el cuerpo,
lo podemos pensar, pero esas imágenes
apenas representan la realidad.
Hay algo más profundo que ocurre en un mundo invisible
para nuestros sentidos. Esa es la energía que nos contiene
y donde nace lo que pensamos, lo que sentimos y lo que vemos.
Por eso, a veces, es necesario cerrar los ojos
para poder sentirla.
Porque está allí, pero todo lo demás nos distrae.
Y en ese plano, hay dos energías que danzan juntas.
Una densa, pesada y la otra liviana y brillante.
La energía del miedo y del amor. Se entrelazan,
se separan y vuelven a unirse.
Cuando hay amor, hay orden. Cuando hay miedo,
todo se desordena.
Con el amor volamos, con el miedo nos sentimos
atrapados.
Por eso, cuando algo no se ve bien o cuando
en nuestro corazón algo no se siente bien, paremos
y observemos en torno a cuál energía estamos girando.
Si estoy alrededor de la energía del miedo,
puedo estar en el paraíso, pero de todo temeré.
Si estoy en la energía del amor, hasta los habitantes
del infierno me despertarán compasión.
Nunca es el otro, nunca es el lugar,
tampoco una situación la que provoca malestar.
Todo depende de la energía que estoy usando
para danzar el baile de la vida.
Julio Bevione


