Reflexión de vida – La libertad
¿Qué es la libertad?
Parece ser que la libertad es la capacidad de decidir lo que se desea hacer.
Por lo tanto, todo aquello que intente evitar que hagamos lo que deseamos
hacer es «falta de libertad». Pero, ¿y si la libertad que yo deseo tener,
atenta contra la libertad de otras personas?
¿Debo seguir libremente adelante,
o debo reflexionar en cómo evitar atentar contra la libertad ajena?
La libertad es un bien, más que una posesión personal,
es un bien para todos por igual.

De modo que no se atenta contra la «propia libertad»
al actuar en bien de los demás, sino que, por el contrario,
se ejerce en plenitud la esencia de la libertad.
Ser tolerante, respetuoso, interesado y amoroso,
es el mejor ejercicio de la libertad,
en tanto que pasar por sobre los demás,
escudándonos en «nuestros derechos»,
pareciera ser la forma más clara del exceso
en la aplicación de nuestros derechos,
y para nada se puede parecer a la esencia de la libertad.
Camino a la libertad
Libertad es la capacidad de visualizar un futuro mejor
y concentrar nuestra atención,
nuestra pasión y nuestras decisiones en ese futuro.
Es dominar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones,
y dirigirlos correctamente.
Es poder sacrificar lo inmediato y lo cómodo por algo mayor y mejor.
Es decidir hacer lo necesario para que el futuro exista.
Libertad es crecer, pero no a expensas de otro.
Es crecer en paciencia, en perseverancia, en amor, en fe, en confianza,
en seguridad, y en la capacidad de producir resultados
a través de una vida dirigida, por uno mismo,
hacia objetivos dignos. Si la libertad de uno o de unos,
produce opresión en otros, entonces no es libertad,
sino un capricho egocentrista.
Este capricho lleva a irrespetar, dominar y controlar la vida de otros,
trayendo destrucción y violando los principios de la vida.
La libertad real produce respeto a la vida,
y es regida y gobernada por principios y leyes.
Es por esto, que las personas más libres
son las que más se conocen y más se sujetan
a producir resultados en sus vidas
conforme a sus propósitos y sus razones de ser.
Entendemos hoy a los héroes, que se
levantan cada día cumpliendo con sus metas,
negándose a sí mismos en pro de sus propósitos,
sabiendo que Dios es el protector y determinante del futuro
de los que deciden vivir la libertad de ser lo que nacieron para ser.
Decisiones contundentes se están tomando en los corazones;
decisiones que determinan el futuro.
Es tiempo de crear un camino nuevo hacia un futuro posible,
es tiempo de saber que cada uno de nosotros
puede hacer la diferencia.
La libertad sin sacrificio y esfuerzo no existe.
Los errores del pasado crean el temple
y el carácter necesarios para construir algo mejor.
Nuestras decisiones diarias determinan ese futuro.
Si hoy decidimos respetar, amar,
dar gracias y luchar por lo que creemos,
mañana será diferente. Haremos tangible la verdad,
la justicia y la libertad para nosotros y para una nueva generación.
Tu vida cambia en el momento que tomas una decisión íntegra,
acorde y comprometida.
La fuerza y el poder de una decisión y de sus consecuencias
residen dentro de ti.
En otras palabras, ya la posees.
Cuando decides lo que quieres, encontrarás un camino,
estarás determinando el éxito de tu decisión.
Tomar una decisión es comprometerte con el resultado,
sin vacilación, sin pensar en otra posibilidad.
Mientras más tomas decisiones,
más habilidad tendrás en tomar decisiones acertadas.
La repetición conduce a la habilidad:
sé consistente y perseverante con tu decisión.
Alison Salas
Reflexión sobre hijos – Ser hombre
Hoy 19 de noviembre, les dejo una preciosa reflexión,
de cómo un padre recto aconseja a su hijo, preparándolo para la vida.

Ser Hombre
(a mi hijo Michel, al cumplir sus quince años)
Ser hombre, hijo mío,
es pisar en las brazas del miedo
y seguir caminando.
Soportar el dolor de la carne en silencio
y aridez en los ojos,
mas dejar que las lágrimas fluyan
si el quebranto es del alma.
Es cercar el valor de prudencia
y el ardor de cautela,
sin torcer el propósito,
sin mellar al decisión forjada en el tesón,
la paciencia, la razón, la experiencia
y la meditación.
Es pasar,
-con los brazos ceñidos al cuerpo,
los labios inmóviles,
conteniendo el aliento-
junto al castillo de arena
(que es la felicidad que construyó otro hombre)
si con tu palabra,
o al extender tu brazo
pudieras derribarle.
¡Porque arruinar la dicha de tu prójimo
es más grave, peor, que introducir tu mano
en el bolsillo para robarle!
Hijo mío,
no desdeñes el oro
mas no dejes que el oro señoreé tu vida.
Acumula bastante
para no tener nunca
que extender tu mano a la piedad de otro,
y sí poder en cambio,
poner algo en la mano que hacia tí se extiende.
Y al que te pide un pan no les des un consejo.
No te juzgues más sabio que aquél que busca ayuda.
Dale apoyo y aliento y comparte su carga.
Dale tu oro y tu esfuerzo,
y después da el consejo.
Al temor no le pongas el disfraz del perdón;
el valor, hijo mío, es la virtud más alta
y confesar la culpa el supremo valor.
No eches pues en los hombros de tu hermano la carga,
ni vistas a los otros las ropas de tu error.
Es tu deber, si caes, no obstante la caída,
tu ideal y tu anhelo mantener siempre enhiestos;
y no buscar la excusa, ni encontrar la disculpa.
Los héroes, hijo mío, nunca esgrimen pretextos.
La mentira es hollín, no te manches los labios.
Y no ostentes ser rico, ser feliz o ser sabio
delante del que exhibe la llaga del fracaso.
No subleves la envidia, la admiración, los celos;
y busca la sonrisa, no busques el aplauso.
Y perdónale al mundo su error, si no valora
tus merecimentos en lo que crees que valen;
(es probable hijo mío, que el más justo evalúo
es el que el mundo hace).
Y por fin, hijo mío:
que no turbe tu sueño la conciencia intranquila;
que no mengüe tu dicha el despecho abrasivo,
ni tu audacia flaquee ante la adversidad.
No deforme tu rostro jamás la hipocresía
y no toque tu mano, tración o deslealtad.
Y aún hay más, hijo mío:
que al volver tu mirada
sobre el camino andado
no haya lodo en tus pies,
ni se encuentre en tu huella
una espiga,
una mies,
o una flor
pisoteada.
Hijo mío, es esto
lo que esa breve frase “Ser hombre”
significa.
Elías M. Zacarías
Reflexión – Me gusta la gente
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma,
pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Mario Benedetti
Reflexión de Fortaleza – Amabilidad
El dulce poder de la amabilidad
La amabilidad es tan poderosa,
que es capaz de arrancar
con las más altas montañas
de resentimiento,
y hacer brotar de esas ruinas
la bella flor del perdón.
Tiene tal fuerza que hasta el más
embravecido mar se apacigua
y se convierte es un remanso de paz
en el que brilla fulgurante el sol de la amistad.
Su vigor es tanto que en donde las inmensas rocas del odio
impiden el paso; construye un sendero
que conduce a la verdadera fraternidad ante los humanos.
Y allá en donde imperan las densas tinieblas
del egoismo y la maldad,
se convierte en la radiante luz que disipa
y deja en su lugar la claridad del amor.
“LA AMABILIDAD ES TAN PODEROSA
QUE ES CAPAZ DE ARRASAR
CON LOS RESENTIMIENTOS”
Reflexión de vida – Iran Ibrahim Jacob
Decídase sobre su vida
Es hora de reflexionar,
parar y pensar sobre lo que realmente usted desea alcanzar.
Analice sus gustos, tendencias y aspiraciones.
Dirija su vida y no permita que ella lo comande.
Trace metas, planes y objetivos.
Láncese, a partir de ahí,
a la búsqueda de realizaciones de su voluntad con mucha garra y valentía.
Diga: “Yo soy fuerte, yo lo alcanzaré”.
Mentalice positivamente el éxito de su jornada
para que todos sus deseos se realicen.
Iran Ibrahim Jacob
Reflexión de Fortaleza – Alzar los ojos
Alzar los ojos ante los retos es la forma correcta de enfrentarlos.

Muchas veces, cuando una persona se enfrenta con desafíos,
la tendencia es tratar de huir o tratar que otra persona lo asuma.
Eso hiere la misma dignidad del ser humano,
pues el reto que vino es meramente una prueba
para hacer que uno progrese y sea mejor.
Entonces, cada vez que te veas frente a frente con un problema,
míralo en los ojos y charla con él.
Descubre la razón por la cual el problema vino hacia ti,
trata de encontrar la forma correcta de abordarlo y actúa:
a veces, hay que enfrentar y luchar;
otras veces, hay que simplemente evitarlo, o bien volar sobre él.


