Reflexión de vida – El silencio II

El Silencio – Segunda reflexión

En alguna ocasión,
cuando el sol se esté poniendo,
siéntate a mirarlo sin pensar en ello -observando, sin evaluar,
sin siquiera decir:
“¡qué bello es!”.
En el momento que dices algo, la mente ya se ha entrometido.

La mente consiste en el lenguaje. No utilices el lenguaje.
¿No puedes simplemente mirar la puesta de sol y su belleza?
¿No puedes sobrecogerte con su belleza?
¿No puedes dejarte poseer por su grandeza?
¿Qué sentido tiene introducir el lenguaje?

Nadie te pide que digas nada.
El sol no comprende tu idioma…
¿Por qué introducirlo?
Déjalo a un lado; quédate en contacto directo, estremecido.
Si las lágrimas invaden tus ojos, bien.
Si empiezas a bailar, bien.
O, simplemente, permanece quieto,
absorto con la belleza del sol…
Habrás ganado algo de experiencia.

Osho

Reflexión para después de Navidad

Una reflexión que nos invita a pensar con el espíritu de la Navidad
todo el año.

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Cuando se termina el canto de los ángeles,
Cuando se apaga la estrella del firmamento,
Cuando los reyes vuelven a sus palacios,
Cuando los pastores se reúnen con sus rebaños…

Encontrar al perdido,
curar al decaído,
alimentar al hambriento,
liberar al prisionero,
reconstruir las naciones,
llevar la paz a los hermanos,
hacer música con el corazón.

Howard Thurman

Cuento de Jorge Bucay – Milagros de Navidad

Milagros de Navidad

Había una vez, en un pequeño pueblo, un viejo cura párroco famoso
y respetado por su sabiduría y su bondad.
Su parroquia, bastante alejada de la plaza central del pueblo,
se mantenía casi ignorada y oscura durante todo el año.
Sin embargo, cada diciembre cuando se acercaba la Navidad,
la calle entera de la iglesia parecía adquirir luz propia.
Es verdad que el desproporcionado árbol de Navidad
que el anciano armaba en el ciprés de la vereda, frente a la iglesia,
irradiaba un brillo incomparable, pero no era sólo eso.

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Cada ladrillo del frente del viejo edificio parecía iluminarse desde adentro
y alumbrar la que hasta unas horas antes
era una de las calles más oscuras del barrio.

Desde la otra punta del pueblo se veía la luminosidad que parecía expandirse
desde la vieja parroquia elevándose en el cielo.
Quizá por eso, quizá por la nobleza del viejo cura,
hombre puro de alma y espíritu y sacerdote de fe inquebrantable,
quizá por la suma de todas las cosas,
la Navidad traía al pueblo un hecho que para muchos representaba
su milagro navideño.
Cada año, para estas fechas, todos los que tenían un deseo insatisfecho,
una herida en el alma o la imperiosa necesidad de algo importante
que no habían podido lograr, iban a ver al viejo cura.
El se reunía con ellos, los escuchaba,
y los convocaba para que prepararan su corazón para un milagro
antes de la Natividad.

Cuando el día esperado llegaba y todos estaban reunidos
frente a la parroquia, el cura encendía algunas velas más
alrededor del árbol,
y luego recitaba una oración en voz muy baja (como si fuera para él mismo).
Dicen, que cada Navidad Dios escuchaba las palabras del párroco
cuando hablaba.
Dicen que a Dios le gustaban tanto las palabras que decía,
dicen que se fascinaba tanto
con aquel árbol de Navidad iluminado de esa manera,
dicen que disfrutaba tanto de esa reunión cada Nochebuena,
que no podía resistir el pedido del cura
y concedía los deseos de las personas que ahí estaban,
aliviaba sus heridas y satisfacía sus necesidades.

Cuando el anciano murió, y se acercaron las navidades,
la gente se dio cuenta que nadie podría reemplazar a su querido párroco.
Cuando llegó diciembre, sin embargo, decidieron de todas maneras
armar el árbol de Navidad frente a la parroquia
e iluminarla como lo hacía en vida el sacerdote.
Y esa Nochebuena, siguiendo la tradición que el cura había instituido,
todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunieron
en la vereda y encendieron velas como lo hacía el viejo párroco.
Se hizo un silencio.
Nadie sabía lo que el viejo párroco decía
cuando el árbol se iluminaba por completo.
Como no conocían las palabras,
empezaron a cantar una canción, recitaron unos salmos,
y al final se miraron a los ojos compartiendo en voz alta sus dolores,
alegrías y temores en ese mismo lugar, alrededor del árbol.

Y dicen… que Dios disfrutó tanto de esa gente reunida
alrededor del ciprés, frente a la vieja parroquia,
hermanados en sus deseos,
que aunque nadie dijo las palabras adecuadas,
igual sintió el deseo de satisfacer a todos los que ahí estaban.
Y lo hizo.
Desde entonces, cada Nochebuena en aquella parroquia,
alrededor de ese árbol tan especial, algunos milagros ocurrían.

El tiempo ha pasado y de generación en generación,
la sabiduría se ha ido perdiendo.
Y aquí estamos nosotros. Nosotros no sabemos cuál es el pueblo
donde está la parroquia.
Nunca conocimos al bondadoso anciano
y mucho menos sabemos cuáles eran sus mágicas palabras.
Nosotros ni siquiera sabemos cómo armar nuestro árbol
de la manera en que él lo hacía.
Sin embargo, hay dos cosas que sí sabemos:
sabemos esta historia, y sabemos que Dios adora tanto este cuento,
que disfruta tanto de las historias navideñas,
que basta que alguien cuente esta leyenda
y que alguien la escuche, para que Él, complacido,
satisfaga cualquier necesidad,
alivie cualquier dolor y conceda cualquier deseo
a todos los que todavía, aunque sea un poco,
creen en la magia de la Navidad.

Jorge Bucay

Reflexión de fe – El espíritu de la Navidad

El espíritu de la Navidad es ir a la esencia
de la vida con cinco pasos:

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1. Sana tu pasado.
Un perdón generoso borra las culpas y el rencor.
Elige estar sereno, descarga el peso del ayer,
cicatriza viejas heridas y reconcíliate.

2. Sé agradecido:
cuenta tus bendiciones y destierra las quejas,
porque aún con problemas eres un privilegiado.
Dar gracias te colma de gozo
y al contar tus dones le haces un conjuro
al inconformismo.

3. Date y da sin esperar recibir.
Así, amas de verdad como te ama Dios
que es don gratuito.

4. Crece en aceptación paciente
y en desapego para disfrutar de paz interior.

5. Vive en sintonía constante con Dios
con una fe de buenas acciones.

FELIZ NAVIDAD!!

Reflexión de fe de San Agustín

Dios no manda imposibles

Dios no manda cosas imposibles,
sino que, al mandar lo que manda,
te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas
y te ayuda para que puedas.
Si quieres conocer a una persona,
no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar,
es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.
Aprueba a los buenos,
tolera a los malos y ámalos a todos.
Cuando oramos hablamos con Dios,
pero cuando leemos su palabra
es Dios quien habla con nosotros.

San Agustín (354-430)

Reflexion de Pablo Neruda

Recuerda

Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado
así como la causa de tu futuro será tu presente.

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Aprende de los audaces, de los fuertes,
de quien no acepta situaciones,
de quien vivirá a pesar de todo,
piensa menos en tus problemas
y más en tu trabajo y tus problemas sin alimentarlos morirán.
Aprende a nacer desde el dolor y
a ser más grande que el más grande de los obstáculos.

Pablo Neruda

Reflexión de amor de Poldy Bird

Por éste hombre

Por este hombre de manos como nidos yo recorrí todos los caminos,
caí en los precipicios, me zambullí en los lagos y en los mares,
me volví loca de sed en los desiertos, me abrasé en el trópico,
fui enceguecida por el reflejo de la luz sobre las nieves perennes.
Por este hombre de frecuente sonrisa blasfemé, grité, mordí,
me diferencié bien poco de las bestias.
Por este hombre de tranquilos gestos llegué a pensar que Dios era mentira.
Por este hombre que miraba asombrado la tristeza en mi rostro.
Por este hombre que no entendía el motivo de mis llantos.
Por este hombre que huía de mis explosiones y se encerraba en un sueño
que lo aislaba de mi dura realidad.
Por este hombre yo he pasado noches levantadas,
maquinando venganza al mirarlo dormir como si nada de mí le interesara.
Por este hombre conocí las luciérnagas que se encienden en la sangre
y producen una hoguera en el territorio del cuerpo enamorado.
Y aprendí también a castigar diciéndole que no.
Y aprendí la soledad, el empecinamiento, la rabia, la rutina,
la garganta ahogada, los celos, la desconfianza, el miedo,
los reproches, las espinas, la sal.
Por este hombre conocí la bruma, la oscuridad, la asfixia.
Por este hombre no me quedé quieta desde el día
en que decidimos intentar todo juntos.
No tuve reposo, ni quietud.
No tuve tiempo para otra cosa que no fuera exigirle, exigirme, pedirle,
darle, quitarle, obligarlo a recibir.
Por este hombre de voz pausada y ojos comprensivos
ya no me queda nada por conocer.
Todas las tramas, todas las redes, todas las cadenas, todos los matices.
Y soy una mujer igual a todas.
Y él un hombre muy parecido a todos.
Y la nuestra, una historia que se repite a diario,
una historia que se escucha y se huele detrás de las puertas cerradas
y las persianas bajas.
La historia que comienza a entretejerse cuando los platos de la mesa
quedan limpios y los niños se duermen.
La historia con iniciales de cansancio, que a cada uno le parece única,
irrepetible, diferente.
Es la historia de la falta de tiempo para estar juntos.
La historia del cansancio y el sueño.
La historia de ser jóvenes y tener que luchar por el futuro.
Y él no entiende por qué una es tan dramática.
Y él no entiende por qué una le da importancia a cosas pequeñitas
como el olvido de una rosa.
Y una lo ve un monstruo frío, sin compasión ni sentimientos.
Y él la ve a una imposible, incapaz de aceptarlo, de conocerlo.
Y el orgullo de ambos, el empecinamiento, la fatiga,
las heridas constantes van dibujando un límite que separa…;
primero puntos suspensivos, como los de los mapas;
después, un hilo de agua; por fin, una montaña.
¿Y dónde están los que una vez sintieron que no podían vivir separados?
¿Dónde están los que temblaban cuando sus manos se rozaban apenas?
¿Dónde están los que recibían la madrugada conversando?
Allí, a cada lado de la montaña, solos.
Cuestión de dar un paso y voltearla.
Cuestión de hacer caer la piedra con los llantos.
Cuestión de desviar el curso de los ríos para que la echen abajo.
Sólo bastó que yo le entregara mis ojos mansamente
y lo dejara mirarme en ellos.
Que se ablandara mi tensión, y mi cuerpo reconociera en él al dios, al mago.
Que refloreciera mi ternura.
Que dejara fluir naturalmente mis palabras, mis pensamientos, mis ganas.
Por este hombre de manos como nidos.
Por este hombre de tranquilos gestos.
Por este hombre de voz pausada y ojos comprensivos,
conozco la felicidad, la paz, la suerte de haber llegado a un puerto sin tormentas,
a una orilla de luz, a una permanente construcción,
a un encuentro en el que nos reconocemos y nos necesitamos.

Poldy Bird

Reflexión de fe – En Navidad

En Navidad

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Hacia el final del año
los hombres se hacen más amables,
su carácter se afina,
su conducta es más deseable.
Piensan más en su prójimo
que en los meses anteriores
y las risas de sus hijos compensan
sus sinsabores.

Se muestran más dadivosos
que en cualquier otra époco
pues el aire navideño
hace su alma más benévola.

Enn Navidad los hombres
son más generosos y tiernos,
están más prestos a servir
pués los mueve el amor fraterno.

Se esfuerzan por el prójimo,
aman más, y pienso yo que
en Navidad se acercan al ideal
que Dios trazó.

No lo captaría cuando se afana por dinero,
en esos largos días en que se pone él primero;
no cuando anda deprimido
se burla o causa dolor
Lo pintaría en Navidad
en todo su esplendor.

En la vida no faltan batallas y malentendidos.
A veces nuestro lado bueno
por el mal es vencido.
Mas en Navidad
se impone la bondad
sobre la envidia,
abrimos nuestro corazón
y nos dejamos de insidias.

Yo digo que en Navidad
-creo que no me equivoco-,
para ser tal como Dios quiere,
sólo nos falta un poco.

Edgar Guest

Reflexión de fortaleza – Mi alma me habló

Mi alma me habló

Mi alma me habló y dijo:
“No te alegres con el elogio y no te angusties con el reproche”.

Antes de que mi alma me aconsejara yo dudaba del mérito de mi trabajo.
Ahora me doy cuenta de que los árboles florecen en primavera
y dan sus frutos en verano sin esperar elogio,
y dejan caer sus hojas en otoño
y quedan desnudos en invierno sin temor al reproche.

alma

Mi alma me habló y me hizo ver que no soy más que el pigmeo
ni menos que el gigante.
Antes de que mi alma me hablara yo veía a la humanidad
dividida en dos clases de hombres:
una débil, de la que me compadecía, y una fuerte,
a la que seguía o resistía desafiante.
Pero ahora aprendí que soy como ambos
y estoy hecho de los mismos elementos.
Mi origen es su origen, mi conciencia su conciencia,
mi pretensión, su pretensión y mi peregrinaje su peregrinaje.

Mi alma me habló y me dijo:
“La linterna que llevas no es tuya y la canción que cantas
no fue compuesta en lo profundo de tu corazón,
porque aunque sostengas la luz no eres la luz,
y aunque seas un laúd con las cuerdas tensas no eres el ejecutante”.

Mi alma me habló, hermano, y me enseñó muchas cosas.
Y tu alma también te ha hablado y también te ha enseñado.
Porque tú y yo somos uno y no hay diferencia entre nosotros,
salvo que yo proclamo lo que hay en mi ser íntimo,
mientras que tú lo guardas como un secreto de tu intimidad.
Pero en tu reserva hay una especie de virtud.

Khalil Gibran