Amargarse la vida es fácil
Es relativamente frecuente encontrarnos con personas instaladas
en la amargura, en la tristeza, el pesimismo y el desinterés.

Todos conocemos a personas empeñadas en encontrar el lado negativo
de todo lo que pasa a su alrededor: son los pesimistas tenaces.
Cualquiera de nosotros tiene motivos, casi cada día,
para preocuparse o entristecerse, pero estropearse la vida
a propósito es una habilidad que se aprende,
no es suficiente con sufrir experiencias negativas.
No te preocupes en la vida; entre menos te amargues, podrás vivirla mejor.
Así vive tu vida.
La abeja y el hombre
En una familia de abejas cada quien tiene un lugar en la colmena mientras sirve para algo… ¿En algo se parecen? Ojalá sólo en lo bueno…
Las abejas, en general, gozan de buena fama. Bueno, tienen buena fama siempre que no nos dejen el grato recuerdo de su aguijón y de su veneno… Las abejas son famosas por su miel y su jalea real. Se nos presentan como un complejo modelo de laboriosidad, de “altruismo”, de organización eficaz, de vida comunitaria productiva.

Por eso en algunos nace, casi de modo espontáneo, el comparar a las abejas (y hormigas) con los hombres. El hombre, como la abeja, vive en sociedades enormemente complicadas y, a la vez, altamente organizadas. El hombre, como la abeja, consigue niveles muy altos de productividad. El hombre, como la abeja, es capaz, en modo altruístico, de arriesgar su vida por los demás, por “la especie”.
En estas comparaciones, sin embargo, se pueden cometer errores más o menos graves. Quienes trabajan más de cerca con las abejas, saben bien que el “altruismo” termina pronto. Cuando una obrera, envejecida después de intensos días de trabajo, ya no puede valerse por sí misma, puede ser arrojada fuera de la colmena. Muchas veces morirá a la entrada, sin que nadie le tienda una pata para que entre en casa y reciba una asistencia médica terminal…
La lógica organizativa de una familia de abejas es férrea: cada quien tiene un lugar en la colmena mientras sirve para algo. Apenas el servicio termina, pierdes tu puesto, y sólo te queda morir en algún lugar donde no obstaculices el frenético ir y venir de quienes todavía pueden trabajar. Incluso la abeja más privilegiada, la reina, corre el riesgo de perder todo su poder cuando envejece. Las obreras, que notan sus pocas energías y que pone un número bajo de huevos diarios, deciden dejarla de lado para construirse reinas nuevas y más fuertes.
Desde luego, es un error acusar a las abejas de “injustas” y de “explotadoras”. Como los demás animales, siguen comportamientos fijos según el propio instinto. Pero sí nos asusta el que puedan darse (y no hablamos de hipótesis irrealizables) sociedades humanas que dejen de lado a quienes, después de años de servicio y de vida profesional y familiar, entran a formar parte de la “tercera edad”.
Cuando un hombre envejece, o cuando sufre un accidente que produce una invalidez más o menos grave, deja de producir, al menos no tanto como antes. A la vez, necesita más ayuda de los demás para poder llevar una vida digna. Se hace más dependiente. Y, por desgracia, para algunos, se convierte en un peso social, en un costo sanitario o en un problema para una vida familiar dinámica y alegre.
En la colmena, también, viven los “zánganos”. Entre los apicultores no faltan quienes alaban la utilidad del zángano, no sólo porque gracias a ellos las reinas pueden fecundarse, sino porque una colmena fuerte recibe de los numerosos zánganos que la pueblan algo de calor y un cierto sentido de seguridad. Pero también es verdad que el zángano no ayuda en los intensos trabajos de la colmena, y por eso está condenado a desaparecer cuando la comida escasea y cuando la colmena prefiere dedicarse a lo fundamental.
En los momentos de crisis y de hambre, los hombres no actuamos así. Ciertamente, siempre habrá quienes no sólo quitan el pan del vecino, sino que incluso prefieren llenar su propio estómago. Monstruos los hay en todas partes. Pero es mucho más frecuente el ejemplo de miles y miles de personas que alivian el hambre, el dolor o la soledad de otros hombres y mujeres que viven en condiciones dramáticas. Alguno pensará que este comportamiento no es productivo, y que en esto las abejas son más eficaces que nosotros.
Pero el hombre, que vale no por lo que hace, sino por lo que es, sabe que no puede despreciar a ninguno de sus semejantes.
Hay, por lo tanto, semejanzas entre los hombres y las abejas, pero hay también diferencias fundamentales. La mayor de todas es que los hombres necesitan aprender a vivir juntos.
Por eso no siempre una sociedad consigue la paz y la armonía entre quienes la componen.
El reto de la educación consiste en lograr que cada nuevo niño aprenda a vivir con los otros. No sólo para producir y para generar riqueza, sino para aprender que el dar es más importante que el recibir. Y para aprender que, cuando los avatares de la vida no nos permitan compartir nada, porque ya nos falta la salud o el dinero, quedará en muchos la posibilidad de responder con una sonrisa y un gesto de gratitud hacia quienes cuiden del pobre, del enfermo y del marginado. Aunque, para algunos, dedicarse a la beneficencia no sea productivo…
P. Fernando Pascual
2012 Pasión y vida
Para el último día del año, una excelente reflexión de mi querida amiga Caia.
Gracias!

El escenario de nuestra obra teatral de vida, es decir el año 2011,
se nos va de las manos…
Como persona individual muchos pueden decir que ha sido
un año de grandes éxitos en todos los aspectos.
Como sociedad humana, hay un notable cambio
ya que fuimos sacudidos por sorpresas en muchos casos terribles:
crisis de continentes enteros, terremetos y tsunamis desvastadores,
accidente nucleares de altísimo riesgo de vida
para el planeta y sus habitantes, hambrunas,
revoluciones populares que han dado muerte a líderes
que parecieron intocables durante demasiado tiempo.
Observo que nuestro juego teatral transcurre involucrado
en otro juego – no tan jocoso – que es un drama
travestido de una comedia de enredos…
la mayoría de sus actores están tan cegados en su interior
que no parecen tomar conciencia que la comedia de enredos
los pondrá al borde de un precipicio dramático
antes que caiga el telón.
¿Alguien recuerda que en este juego todo está en juego?
Y cuando uno juega, debe apostar por aquello que le parece
el camino que lo lleve a buen puerto…
pero que puede revelarse como el camino
que lo lleva al punto del No retorno.
Y en el fondo nadie sabe de lo que pueda ser capaz
de hacer (o NO hacer) con tal que el juego
termine con el Premio Mayor de Vida…
Cuando alguien o algo nos cambia de improviso la escenografía
y lo que suponíamos comedia en segundos pasa a ser el más denso de los dramas,
comprendemos que éste juego de vivir, no es tan sencillo ni automático.
Que no podemos jugarlo en “piloto automático”
simplemente porque nos estrellaríamos.
Si somos jugadores de vieja data sabemos que solo
con una enorma imaginación encontraremos las salidas
a los laberintos más intrincados.
Al futuro hay que imaginarlo para después poder calibrarlo.
Una imaginación que debe estar gestada y nutrida
por una gran pasión…
Una obra de teatro actuada sin pasión,
es UN FRACASO.
Propio y ajeno.
Los desafíos, la voluntad, el planificar, las oportunidades
todo debe estar empapado de PASIÓN.
El 2012 es una incógnita mundial y particular,
que cada uno deberá develar…
Les deseo que jueguen sus vidas con indómita imaginación
y con infinita y volcánica pasión.
Recuerden que no serán los únicos actores del juego de la vida,
habrá otros involucrados:
no los ignoren… no los hieran.
Todos tendremos que dar más amor del que dimos hasta hoy…
y también en eso deberemos poner
imaginación y pasión…
El 2012 es hoy nuestra Utopía y esperanza.
Les deseo que vivan el 2012 con fuerza, imaginación…
apasionadamente!
para que llegue a ser una Utopía real, palpable y plena
cada uno de sus días.
Caia Cantarelli
Reflexión de vida – Si usted no es su pasado, ¿quién es?
El famoso poeta libanés Kahlil Gibran escribió que sólo hubo una ocasión en su vida en que le faltaron las palabras. Fue cuando alguien le preguntó:
“¿Quién es usted?”. Es una cuestión imposible de responder con apalabras, porque lo que somos carece de forma, y las palabras pertenecen al mundo de las formas. La respuesta a esta pregunta no se encuentra en el ámbito formal.
Cada uno de nosotros es un alma con un cuerpo, no un cuerpo con un alma. El alma no puede ser medida ni observada. Quizá la mejor manera de responder a la pregunta sea observando lo que no somos.

Me encanta la manera en que Nisargadatta Maharaj responde a este interrogante en I Am That (yo soy eso). Este autor escribe:
Del mismo modo que los colores de esta alfombra los origina la luz, pero la luz no es el color, así el mundo es obra tuya, pero tú no eres el mundo. A eso que crea y mantiene el mundo puedes llamarlo Dios o providencia, pero en definitiva tú eres la prueba de que Dios existe, no al revés. Porque antes de que pueda plantearse ninguna pregunta acerca de Dios, tú debes estar allí para plantearla. Usted es la esencia, invisible, que demuestra la existencia de Dios y del mundo.
Más adelante en este pasaje, Maharaj añade:
El cuerpo está hecho de alimento y la mente de pensamientos. Considéralos tal como son. El desasimiento del cuerpo, cuando es natural y espontáneo, constituye la liberación. No necesitas saber lo que eres. Basta saber lo que no eres. Lo que eres nunca lo sabrás, porque cada descubrimiento revela nuevas dimensiones que conquistar. Lo desconocido no tiene límites… Imponte tareas en apariencia imposibles… ésa es la manera.
Su historia ha intentado convencerle de que a usted le corresponde tal o cual etiqueta que le han asignado. Usted adoptó esas etiquetas. Para borrar su pasado, es necesario que se quite todas esas etiquetas artificiales.
He aquí algunas de las cosas que usted no es:
Usted no es su nombre. Mi nombre, Wayne, traducido literalmente significa “constructor de carretas”. El apellido Dyer significa “tintorero”. Los indios de Norteamérica usaban nombres como Baila con Lobos o Pequeña Paloma Blanca para describirse los unos a los otros. En ambos casos, los nombres, las etiquetas, no expresan lo que las personas son.
El nombre le fue dado para ayudar a distinguir su cuerpo de los otros cuerpos de su entorno, y para proporcionarles a los demás una palabra que pudieran usar cuando querían referirse a usted. Pero ni por un momento piense que el nombre es usted. En realidad, el nombre es quien usted no es.
Usted no es su cuerpo. Fíjese en el posesivo de la expresión “su cuerpo”. Esto da a entender que el cuerpo es algo que se posee. Usted es el poseedor del cuerpo y la fuerza invisible que hay en él, pero no es el cuerpo en sí.
El cuerpo no es nada más que un conglomerado que incluye huesos, cartílagos, sangre, hierro, calcio, piel… Al consultar su pasado, hallará muchísimos traumas en torno a la importancia del cuerpo. ¿Le enseñaron que el aspecto decía mucho acerca de usted? A la mayoría de nosotros nos enseñaron a pasar horas delante de los espejos preocupándonos por la postura, el físico, la piel, la ausencia o presencia de pelo vello, el peso, la estatura y demás. Pero estamos ante un falso yo.
Usted posee un cuerpo. No es un cuerpo. Usted no es su mente. Del mismo modo que decimos “su” cuerpo, también decimos “su” mente. Esto da a entender que usted es el dueño de la mente.
Con la mente piensa, y por lo tanto hay unos pensamientos y existe un ente pensante. Cuando le preguntaron a Maharaj si la mente era la persona, contestó:
“Examínala con atención y verás que la mente siempre bulle en ideas. En ocasiones puede quedarse en blanco, pero lo hace durante un rato y retorna a su habitual inquietud. Una mente calmada no es una mente plácida. Dices que quieres pacificar tu mente. ¿Está en paz el que quiere pacificarla?”. ¡Qué maravillosa pregunta, qué estimulante!
¿Quién es el dueño de la mente? ¿El dueño que busca paz está él mismo en paz? Quien en realidad es usted no es la mente sino el yo que hay tras de la mente. Y tal dueño no se encuentra en el plano de lo físico. Durante la mayor parte de la vida le han enseñado que usted es su mente. Ha estado formándose, asistiendo a clases ad infinitum e identificándose de alguna forma con lo que sabe.
Al dejar atrás su pasado, dejará atrás la idea de que usted es su mente. Usted no es su ocupación. Usted no es ni ingeniero ni profesor ni secretario ni tendero. Son elecciones que ha hecho su invisible yo como forma de cumplir con su misión en el aquí y ahora.
Cuanto más defina su trabajo su personalidad, más difícil le resultará conocer la verdad y alcanzar la libertad. Le es más fácil lograr la satisfacción y ser consciente de ser una criatura divina a cualquier vagabundo anónimo que haya desempeñado muchos trabajos, que a una celebridad atrapada en su imagen pública.
Identificarse con el trabajo que se desempeña puede mantenerle apartado de su verdadero yo superior. Puede inhibir su capacidad para conocer su yo espiritual, puesto que usted ha hecho que su vida gire en torno a su trabajo. Deshacerse del pasado implica despojarse de la idea de que uno es lo que hace. Recuerde este ejercicio de lógica: si uno es lo que hace, entonces uno no es lo que no hace.
Cuando se cree que uno es su trabajo, lo que se está haciendo es seguir una rutina establecida para dar un valor a vida; pero un valor que no tiene sentido. Nuestro yo espiritual no participa en esa tarea.
Al deshacerse de su pasado, abandona esta idea. Se convierte en lo que Stuart Wilde, en su sincero y brillante libro, The Whispering Wind of Change (Los susurrantes vientos del cambio), llama “volverse un minimalista”. Los siguientes fragmentos despertarán su deseo de leer esta magnífica obra:
Nunca avances con prisa. Camina con lentitud, habla sopesando las palabras. Nunca te dejes llevar por las emociones y jamás permitas que la gente te manipule… Siempre hay otra posibilidad, siempre otro momento, y hay cinco mil millones de personas… Diles que tienes todo el tiempo del mundo, porque lo tienes, eres infinito. Recuerda que la más grande sabiduría que puedes alcanzar es la del no hacer. Son los tratos y situaciones que evitas los que te ayudan a conservar energía y permanecer independiente y fuerte… Con cada cosa que te comprometas, aumentarás tu carga.
Haga el esfuerzo de quitarse las etiquetas, y tenga presente que no es lo que hace. Usted es el que observa al yo que hace. Usted no es sus relaciones. Sin duda, la corriente de amor que existe entre usted y los integrantes de su círculo inmediato es muy importante, pero no es quien usted es.
Usted es un alma individual conectada con el todo, pero no es esa relación que mantiene con el todo. Identificarse con las relaciones proporciona gran frustración porque cada vez que hay un pequeño problema en ellas, como siempre habrá, uno se siente desdichado.
Recuerde que es eterno, y eso es inmutable. Mantiene un gran número de relaciones, todas las cuales son importantes, pero llegan y se van como su vida corporal, que va de la nada al aquí y ahora y acaba volviendo a la nada. Es un ir y venir y por lo tanto algo mutable.
Deshacerse del pasado implica despojarse de la creencia de que una relación fracasada le convierte a uno en un fracasado. No existen relaciones fracasadas. Con cada persona que entra en su vida y sale de ella se ha procedido a un mutuo compartir de lecciones de vida.
Algunos tienen papeles más largos que otros en la representación, pero a la postre, usted volverá a su relación con el absoluto. Nunca tiene que juzgarse a sí mismo de manera negativa por la naturaleza de sus relaciones. Puede aprender de todas ellas, sabiendo que usted es el observador de cuanto ocurre.
Usted no es su país, ni su raza ni su religión. Usted es un espíritu eterno, no un estadounidense, chino o africano. Carece de importancia el cuerpo que habite, el punto geográfico al que haya llegado, y la religión en la que crea. En la nada no hay ni budistas, ni católicos ni presbiterianos. Éstas son clasificaciones hechas para distinguirnos los unos de los otros en nuestra forma presente.
Estas identidades sólo tienen sentido en el paréntesis de la eternidad que denominamos vida. Rechácela y se identificará con el reino del espíritu. Entonces ya no estará dispuesto a librar las luchas de sus ancestros, que han intentado convencerle de a quién debe odiar y a quién amar. Ya no asumirá la creencia tribal que le hace percibirse como mejor que otros en virtud de su lugar de nacimiento o color de piel.
Su pasado le ha transmitido las costumbres de su grupo. Pero usted no necesita estas limitaciones. Despójese de esa identificación con las etiquetas, y escoja la nueva perspectiva; la conciencia de la unidad. Usted está unido con todas las almas. Su apariencia o lugar de nacimiento carecen de relevancia.
Los que aún se encuentran atrapados por esas creencias le llamarán traidor, ingrato. Usted será capaz de darles amor y no tener en cuenta sus acusaciones.
En nombre de Dios y de la patria se han hecho las guerras y se ha asesinado a millares de millones de seres humanos. Usted sabe, al igual que todos, que esto es una violación de las leyes de Dios, que es inconsecuente con las enseñanzas de todos los maestros espirituales que alguna vez han caminado
entre nosotros.
Sin embargo, la pauta persiste. ¿Por qué? Porque nos aferramos a nuestros pasados como si fueran nuestras identidades. Niéguese a identificarse con las etiquetas del grupo.
Verse a sí mismo como un ser espiritual sin etiquetas es una manera de transformar el mundo y alcanzar un lugar sagrado. Comience por tomar la decisión de ser libre despojándose de su pasado. Cuando uno se deshace de su historia sabe que no es ni su nombre, ni su cuerpo, ni su mente, ni su ocupación, ni sus relaciones, ni su identidad étnica o cultural. Así pues, ¿quién es usted? Lo que queda es lo invisible, lo intangible, aquello que constituye el núcleo del mensaje de este libro.
Lo que tenemos es similar a lo que un seguidor le pidió a Nisargadatta Maharaj que le aclarara. “Cuando miro a mi interior, encuentro sensaciones y percepciones, pensamientos y sentimientos, deseos y temores, recuerdos y expectativas. Estoy inmerso en esa nube y no veo nada más”, le explicó.
Nisargadatta Maharaj, que vivía en los suburbios de Bombay, en una humilde choza de adobe, evitando toda posesión y entregado a aquellos que buscaban conciencia espiritual, respondió: “El que ve todo esto, y también la nada, es el maestro interior. Sólo el es, todo lo demás parece ser. Es tu propio yo, tu esperanza y seguridad de libertad; encuéntralo, aférrate a él, y estarás seguro y a salvo”
¡Qué gran mensaje! El ser espectador es todo su ser. Es la respuesta. No puede describirse con palabras, pero lo conocerá mejor cuando se despoje de su pasado.
Wayne Dyer
Una mejor manera de vivir
Regla número uno
Hay que considerar lo bueno que uno tiene. Una vez que uno se da cuenta de lo valioso que es y de cuantas cosas positivas tiene a su favor, las sonrisas volverán saldrá el sol, sonará la música y uno podrá finalmente avanzar hacia la vida que Dios le señaló… con gracia, fuerza, valor y confianza.
Regla número dos
Hoy, y todos los días, uno debe dar más de lo que le pagan por hacer. La victoria del éxito se habrá ganado a la mitad cuando uno aprenda el secreto de dar más de lo que se espera en todo lo que uno hace. Hay que hacerse tan valioso en su trabajo que más adelante uno se vuelva indispensable.
Regla número tres
Cada vez que se cometa un error o se haya sido abatido por la vida, no hay que quedarse demasiado tiempo pensando en ello. Los errores son la forma en que la vida le enseña a uno. Nadie gana de todas, todos, y las fallas que se tienen, cuando ocurren, son simplemente parte del propio crecimiento. Nunca hay que rendirse. Ya llegará el turno de uno.

Regla número cuatro
Uno debe premiar siempre sus largas horas de trabajo y afán de la mejor manera, rodeado de su familia. Hay que alimentar su amor con todo cuidado y recordar que los hijos necesitan modelos, no críticas, y el propio progreso se intensificará cuando uno se esfuerce constantemente por presentar el mejor aspecto de uno mismo a los hijos.
Regla número cinco
Hay que levantar este día sobre una base de pensamientos agradables. ¡Hay que sonreír ! Marco Aurelio, ese sabio emperador y filósofo de la antigua Roma, nos dijo que nuestra vida es lo que de ella hacen nuestros pensamientos. Buena o mala. Desdichada o feliz. Triunfante o desesperada. Buda lo dijo de una manera todavía más enérgica: ‘Todo lo que conocemos es consecuencia de lo que hemos pensado. La mente es todo. Nos convertiremos en lo que pensamos . No importa como se quiera llamarlo, los pensamientos positivos son productivos, los pensamientos negativos estorban y destruyen.
Regla número seis
Siempre hay que dejar que las propias acciones hablen por uno, aunque todo el tiempo hay que estar en guardia contra las terribles trampas del falso orgullo y la vanidad que pueden detener el propio avance.
Regla número siete
Cada día es un don especial de Dios, y si bien es posible que la vida no siempre sea justa, uno no debe dejar nunca que las penas, las dificultades y las desventajas del momento envenenen la actitud y los planes que uno tiene para sí mismo y su futuro.
Regla número ocho
Uno nunca debe llenar sus días ni sus noches con tantas nimiedades y cosas insignificantes como para no tener tiempo de aceptar un verdadero reto cuando éste se presente. Esto es válido tanto para el juego como para el trabajo. Un día meramente sobrevivido no es ocasión de festejo. Uno no está aquí para desperdiciar sus preciosas horas, cuando tiene la capacidad de lograr tanto si hace una pequeña modificación en su rutina. Ahora, ¡Ahora mismo! ¡No mañana!
Regla número nueve
Hay que vivir este día como si fuera el último de su vida. Hay que recordar que sólo se encontrará la expresión “mañana” en el calendario de los tontos. Hay que olvidar las derrotas del ayer y no tomar en cuenta los problemas del mañana. Eso es todo.
Regla número diez
A partir de hoy, uno debe tratar a todas las personas que encuentre, sean amigas o enemigas, conocidas o extrañas, como si fueran a morirse a medianoche. No importa qué tan trivial sea el contacto, Hay que brindar a cada persona toda la atención, amabilidad comprensión y afecto que uno pueda mostrar, y hay que hacerlo sin pensar en ninguna recompensa. Su vida nunca volverá a ser igual.
Regla número once
Hay que reírse de sí mismo y de la vida. No con el ánimo de burlarse ni de autocompasión plañidera, sino como un remedio, como un medicamento milagroso, que le mitigará a uno el dolor, le curará la depresión y le ayudará a poner en perspectiva la derrota aparentemente terrible del momento. Nunca hay que tomarse demasiado en serio.
Regla número doce
Nunca deben descuidarse los detalles, ni escatimarse ese esfuerzo adicional, esos cuantos minutos de más, esa palabra suave de alabanza o agradecimiento, esa entrega de lo mejor que uno puede hacer. Usted es alguien especial. Debe actuar como tal. ¡Nunca deben descuidarse los detalles!
Regla número trece
Hay que recibir cada mañana con una sonrisa. Uno debe considerar el nuevo día como otro regalo especial de su Creador, otra oportunidad dorada para completar lo que uno no pudo concluir ayer. Hay que motivarse uno mismo. Hay que dejar que la primera hora establezca el tema del éxito y la acción positiva que con toda seguridad resonará durante todo el día. El día de hoy nunca volverá a ocurrir.
Regla número catorce
Uno logrará su gran sueño, un día a la vez, así es que hay que fijar metas para cada día – no proyectos largos y difíciles, sino tareas que lo llevarán a uno, paso a paso, hacia su arcoiris. Debe anotarlas, si así le parece, pero hay que limitar la lista de manera que no se tengan que arrastrar las cuestiones inconclusas de hoy hacia el mañana. Hay que recordar que uno no puede construir su pirámide en veinticuatro horas. Hay que ser paciente. Nunca debe dejar que su día esté tan lleno de actividades que se descuide la meta más importante - hacer lo mejor que pueda, disfrutar este día y mantenerse satisfecho con lo que ha logrado.
Regla número quince
Uno no debe permitir nunca que nadie le eche a perder su desfile y de esa manera arroje una sombra de tristeza y derrota en todo el día. Hay que recordar que no se requiere nada de talento, ni abnegación, ni inteligencia, ni carácter, para estar en el equipo de los que encuentran fallas. Nada externo puede tener poder sobre una a menos que uno lo permita. El tiempo es demasiado precioso para sacrificarlo en días desperdiciados combatiendo las fuerzas rastreras del odio, los celos y la envidia.
Regla número dieciséis
Hay que buscar la semilla del bien en todas las adversidades. Cuando uno domina ese principio, posee un valioso escudo que lo protegerá bien a través de todos los oscuros valles por donde tenga que pasar. es posible ver las estrellas desde el fondo de un pozo profundo, en tanto que no pueden distinguirse desde la cima de una montaña. de la misma manera, usted aprenderá de la adversidad cosas que uno no habría descubierto jamás sin dificultades. Siempre hay una semilla del bien. Uno debe encontrarla para prosperar.
Regla número diecisiete
Uno debe darse cuenta que la verdadera felicidad radica dentro de uno mismo. No hay que desperdiciar tiempo ni esfuerzo en buscar la paz, la alegría y el gozo en el mundo externo. Hay que tener presente que no hay felicidad en tener u obtener, sino únicamente en dar. Hay que dar. Compartir. Sonreír. La felicidad es un perfume que no se puede escanciar en los demás sin que unas cuantas gotas caigan en uno mismo.
¿La felicidad… es una mariposa? Tal vez no. “Muy poco se necesita para hacer una vida feliz”, escribió Marco Aurelio, “todo se halla dentro de uno mismo, en su manera de pensar”. Uno buscará la felicidad eterna y fracasará, a menos que la busque dentro de sí mismo, en su corazón y en su alma, y luego comparta lo que posee sin pensar en ninguna recompensa..
Hay que comunicarse con los demás. La felicidad no es sino el producto secundario de la manera en que uno trata a sus semejantes. Ahora es el momento de ser feliz. Aquí es el lugar para ser feliz. Hay que aprender y comenzar a vivir según las reglas que se le han entregado a usted, reglas que se le presentaron con mucho amor, y compartir su mensaje con otros que piden su apoyo. Sólo entonces aparecerá la mariposa y se posará ligeramente en su hombro mientras suena la cajita de música. Nunca hubo, ni habrá una mejor manera de vivir.
Og Mandino
Eres afortunado
Muchas personas están cada día más pesimistas a pesar de las enseñanzas para pensar positivo. Pero es porque no han aprendido a VER las fortalezas que poseen.
Si te has despertado hoy con fuerza y sin dolor… tienes más suerte que otros muchos.
Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, el hambre… estás por encima de 500 millones de personas en el mundo.
Si puedes ir a la Iglesia, al Templo o seguir tus creencias sin ser perseguido… tienes más suerte que 3 millones de personas en este planeta.
Si tienes tus necesidades básicas cubiertas… eres más rico que el 75% de los demás.
Si tienes unos ahorros… eres parte del 10% de la población próspera del mundo entero.
Si llevas una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo… Tienes suerte, porque la mayoría de la gente lo puede hacer, pero no lo hace.

Si puedes tomar la mano de alguien, abrazarlo o solamente tocar su hombro… Alégrate, nunca te sentirás solo.
Si puedes leer este mensaje, has recibido doble bendición… ya que primero alguien ha pensado en ti, y segundo tienes más suerte que 2 mil millones de personas que no saben leer.


