Las cosas sencillas
El amor a las cosas sencillas de cada día.
Los descubrimientos de los últimos tiempos
no son descubrimientos de sabiduría,
sino descubrimientos de velocidad:
no te hacen avanzar ni un solo paso hacia la felicidad.

Redescubre las cosas normales el encanto sencillo de la amistad,
las flores para un enfermo, una puerta abierta,
una mesa acogedora, un apretón de manos, una sonrisa,
el silencio de una iglesia, el dibujo de un niño,
una flor que se abre, un pájaro que canta, una hilera de álamos,
un riachuelo, una montaña…
LA VIDA SE VUELVE UNA FIESTA CUANDO SABES DISFRUTAR
DE LAS COSAS NORMALES DE CADA DÍA.
Fantástico!
Estoy otra vez enamorado de las cosas sencillas.
Phil Bosmans
Verdadera felicidad
Felicidad es la seguridad de que nuestra vida
no está pasando inútilmente.
Son estos intervalos entre un trabajo cansador
y otro trabajo cansador, estos momentos que la gente
puede conversar con un amigo, jugar con los hijos,
leer un buen libro…

El error es pensar que el confort permanente,
el bienestar que nunca acaba y el goce
de todas las horas son la verdadera felicidad.
Érico Veríssimo – Escritor brasileño
Empieza por ti mismo!!
Las siguientes palabras están inscritas en la tumba de un obispo (1100 d.c.)
en la cripta de la abadía de Westminster:
Cuando yo era joven y libre y mi imaginación no conocía límites,
soñaba con cambiar el mundo. A medida que me fui haciendo mayor
y más prudente, descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que acorté
un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país.
Pero eso también parecía inamovible.

Al llegar a mi madurez, en un último y desesperado intento,
decidí avenirme a cambiar solamente a mi familia,
a los seres que tenía más próximos, pero ¡ay!,
tampoco ellos quisieron saber nada del asunto.
Y ahora que me encuentro en mi lecho de muerte,
de pronto me doy cuenta:
“Sólo con que hubiera empezado por cambiar yo mismo”,
con mi solo ejemplo habría cambiado a mi familia.
Y entonces, movido por la inspiración y el estímulo
que ellos me ofrecían, habría sido capaz de mejorar mi país
y quién sabe si incluso no hubiera podido cambiar el mundo.
La sensibilidad
Lo que debemos desarrollar es la sensibilidad, la actividad del cuerpo y del espíritu conjuntamente. Hace falta que desde la infancia se diga “puedo emplear mi cuerpo, hago una obra de él; tengo dones en todos los sentidos, los conozco en mí y puedo apreciarlos en los demás, puedo por tanto hacer cosas bellas con ellos”.
Yehudi Menuhin
El valor de la sensibilidad reside en la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás. Además, debemos distinguir sensibilidad de sensiblería, esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.
Sin embargo, en diferentes momentos de nuestra vida cotidiana hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, y a veces no encontramos a esa persona que responda a nuestras necesidades e intereses. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados? La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de animo como reír o llorar, sintiendo pena o alegría por todo.
¿Acaso ser sensible es signo de debilidad? No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.
No obstante, las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en problemas que suponen ajenos a su responsabilidad y competencia. De esta manera, las aflicciones ajenas resultan incómodas y los padecimientos de los demás molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.
Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política… todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.
Actuando de esta manera, se pierde la posibilidad de construir un futuro diferente. Puede parecer extraño, pero en cierta forma nos volvemos insensibles con respecto a nosotros mismos, pues generalmente, no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal.
En este sentido, la vida marcada por lo efímero y el placer inmediato o dejarse llevar por lo más fácil y cómodo, es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida. Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia, para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.
Debemos emprender la tarea de conocer más las personas que nos rodean: muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.
En otro sentido, vivimos rodeados noticias y comentarios acerca de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, pobreza, distribución de la riqueza de manera desigual etc… estas cuestiones progresivamente las naturalizamos, dejamos que formen parte de nuestra vida sin intentar cambiarlas, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarlos. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar estos problemas creyendo que somos inmunes y que no nos afectarán.
Por el contrario, la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.
Celebrando el Día del Trabajo – Lo esencial
Lo esencial no está en ser poeta, ni artista, ni filósofo,
Lo esencial es que cada uno tenga la dignidad de su trabajo,
la conciencia de su trabajo el orgullo de hacer las cosas bien,
el entusiasmo de sentirse satisfecho de querer lo suyo.

Es la sana recompensa de los fuertes,
de los que tienen el corazón robusto y el espíritu límpido
Dentro de los sagrados números de la naturaleza,
ninguna labor bien hecha vale menos,
ninguna vale más, todos somos algo necesario
y valioso en la marcha del mundo.
El que construye la torre y el que construye la cabaña,
el que teje los mantos imperiales
y el que cose el traje humilde del obrero,
el que fabrica las sandalias de seda imponderables
y el que teje la ruda suela que defiende en la heredad
el pie del trabajador.
Todos somos algo, representamos algo, hacemos vivir algo,
en la siembra del grano que sustenta nuestro cuerpo vale tanto
como el que siembra la semilla que nutre nuestro espíritu,
como que en ambas labores hay envuelto algo trascendental
noble y humano: dilatar la vida.
Tallar una estatua, pulir una joya, aprisionar un ritmo,
animar un lienzo son cosas admirables, hacer fecunda
la heredad estéril y poblarla de florestas y manantiales,
tener un hijo inteligente y bello y luego pulirle y amarle;
enseñarle a desnudarse el corazón y a vivir a tono
con la armonía del mundo, esas son cosas eternas.
Nadie se avergüence de su labor, nadie repudie su obra,
si en ella a puesto el afecto diligente y el entusiasmo fecundo,
nadie envidie a nadie, que ninguno podrá regalarle el don ajeno,
ni restarle el propio, la envidia es una carcoma
de las maderas podridas, nunca de los árboles lozanos,
ensanche y eleve cada uno lo suyo, defiéndase
y escúdese contra toda mala tentación.
Que si en la palabra religiosa de Dios nos da el pan nuestro
de cada día, en la satisfacción del esfuerzo legitimo nos brinda
la actividad y el sosiego, lo triste, lo malo,
lo dañino es el enjuto del alma, el que lo niega todo,
el incapaz de admirar y de querer, lo nocivo el es necio,
el inmodesto, el que nunca ha hecho nada y lo censura todo,
el que jamás ha sido amado y repudia el amor; pero el que trabaja,
el que gana su pan y nutre su alegría, el justo, el noble,
el bueno, para ese sacudirá el porvenir sus ramajes
cuajados de flores y rocíos, ya tale montes o cincelé poemas.
Nadie se sienta menos, nadie maldiga a nadie,
nadie desdeñe a nadie, la cumbre espiritual del hombre
ha sido el retornar al abrazo de las cosas humildes.
Alfonso Guillen Zelaya
Mis sueños
Mis sueños son una fuente de sabiduría…

Siempre me voy a dormir con pensamientos amorosos.
Para preparar el terreno al trabajo que hago en mis sueños.
Los pensamientos amorosos me traen respuestas sabias.
Se que muchos de los interrogantes que tengo acerca de la vida
pueden ser contestados mientras duermo.
Recuerdo claramente mis sueños al despertar cada mañana
Conecto con las energías sanadoras para sanarme
y sanar a todas la personas que quieren ser sanadas.
Sé que mi mente es un poderoso instrumento
de curación.
Louise.L Hay


