Yo merezco
Yo me merezco todo lo bueno, no algo, un poquito,
sino todo lo bueno.
Ahora disuelvo cualquier pensamiento negativo o restrictivo.
Me libero y disuelvo todas las limitaciones del pasado.
No me ata ningún miedo ni limitación
de la sociedad en la que vivo.
Ya no me identifico con ningún tipo de limitación.
En mi mente tengo libertad absoluta.
Ahora entro a un nuevo espacio en la conciencia,
en donde me veo de forma diferente.
Estoy creando nuevos pensamientos acerca de mi ser
y de mi vida. Mi nueva forma de pensar se convierte
en nuevas experiencias.
Ahora sé y afirmo que formo una unidad
con el Próspero Poder del Universo.
Y por lo tanto recibo multitud de bienes.
La totalidad de las posibilidades está ante mi.
Merezco la vida, una vida buena.
Merezco el amor, abundante amor.
Merezco la salud.
Merezco vivir cómodamente y prosperar.
Merezco la alegría y la felicidad.
Merezco la libertad, la libertad de ser todo lo que puedo ser.
Merezco muchas cosas más que todo eso: merezco todo lo
bueno.

El Universo está más que dispuesto a manifestar
mis nuevas creencias y yo acepto la abundancia
de esta vida con alegría, placer y gratitud.
Porque me lo merezco, lo acepto y sé que es verdad.
Así Es. Gracias Amado Universo.
Louise Hay
La vida no tiene favoritos
La vida siempre espera situaciones críticas para mostrar su lado brillante.
Paulo Coelho
Todos nosotros cuando enfrentamos eventos y personas en nuestra vida, lo hacemos a través de filtros programados por nuestras experiencias pasadas.
Lo que sucede es que si deseamos transformar nuestras vidas, o sea cambiar lo que estamos obteniendo pero sin cambiar nuestras creencias o lo que sabemos de la vida, es como si nos pusiéramos ropa seca sobre la ropa mojada y preguntáramos por qué seguimos goteando.
Debemos dejar de tratar de cambiar lo que estamos obteniendo de nosotros mismos y empezar a trabajar en cambiar lo que estamos dándonos a nosotros mismos. Recordemos que la vida no tiene favoritos y no es ella la que mantiene al éxito lejos o cerca de nosotros. Lo que sucede es que el éxito es un blanco móvil y a veces nos auto boicoteamos para no alcanzarlo.
Pareciera que le tenemos miedo a la abundancia. Abundancia de amigos, de trabajo, de conocimiento, de dinero, de ideas, de salud, de felicidad, de espiritualidad, de amor. Pasamos la vida rodeados de la abundancia que nos regala la madre naturaleza y a veces ni siquiera nos damos cuenta. Si perdemos la capacidad de asombrarnos a partir de ese momento empezaremos a morir.

Así es como las creencias correctas juegan un papel importantísimo, casi que son el conocimiento más importante que una persona puede poseer. Lo que sabemos de nosotros mismos, de quiénes somos , determinan la calidad de nuestras vidas. ¿Que creo yo que es lo que merezco?
Para empezar, recordemos que los niños, los cuales admiramos tanto por su habilidad de disfrutar la vida, no son criaturas extrañas para nosotros. Todos tenemos uno de esos niños adentro y poseemos la habilidad para disfrutar y amar lo que hacemos. Por eso preguntémonos si estamos haciendo lo que amamos y si amamos lo que estamos haciendo . El día que esto sucede es cuando empezamos a triunfar.
No se preocupe por tener el futuro delante de usted, ocúpese de que así sea, venza el pánico y así no permitirá que la vida le pase al frente sin vivirla. Cortemos las anclas del pasado y modelemos las velas de nuestro futuro ya que la vida es demasiado corta para gastarla en cosas que no duran…
Todos tenemos esa opción, solo que es optativa, pues solo yo escojo lo que quiero ser, hacer y tener. Y si no lo escojo, estoy decidiendo dejar mi vida en manos de la improvisación. La mayoría de la humanidad apunta a nada y es increíble la buena puntería que tienen, pues logran eso mismo, nada.
Elijamos ejercer el derecho de decidir y de actuar que tenemos todos los seres humanos, y convirtámonos a partir de hoy en autores de nuestro propio destino.
Crítica constructiva
Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.
Napoleón Hill
Hacer una crítica constructiva para ayudar a los demás es una actitud madura, responsable y llena de respeto por nuestros semejantes.
El valor de la crítica constructiva se fundamenta en el propósito de lograr un cambio favorable que beneficie a todas y cada una de las personas involucradas en circunstancias o ambientes determinados, con actitud de respeto y sentido de colaboración.
De forma natural el hombre busca comunicar sus pensamientos e influir en los demás con su opinión para lograr cambios en la familia, la sociedad, el trabajo o la escuela, sin embargo, corremos el riesgo de sujetarnos únicamente a nuestro particular punto de vista e intereses, sin atender a las necesidades o propósitos que tienen los demás

A través de la crítica constructiva se desarrollan otros valores: lealtad, honestidad, sencillez, respeto, amistad… Con esta referencia sería absurdo cerrar nuestro entendimiento y pasar por alto la importancia de vivir este valor, pues nadie puede jactarse de tener un buen juicio crítico, si no ha logrado establecer un equilibrio entre la manera como acepta las críticas y la forma e intención con que las expresa.
Cada vez que una persona desea expresar su opinión o inconformidad con rectitud de intención, tiene que aclarar que es “una crítica constructiva”, para evitar malos entendidos y lograr una mejor disposición de su interlocutor. A veces somos tan susceptibles, que sin la aclaración pertinente nos sentimos agredidos. Si fuésemos más sencillos y maduros, encontraríamos en cada crítica –positiva o negativa- una oportunidad para cambiar y mejorar nuestra forma de vida. En realidad, aún de las críticas más acres deberíamos tener la serenidad, paciencia y madurez para obtener lo mejor de ella, aún si hiere nuestro amor propio.
Ahora bien, es muy común que nuestra tendencia a criticar se propague sin ton ni son y convertimos a la crítica en una forma de oposición y rechazo a todo aquello que no nos gusta; observamos y manifestamos inconformidad casi de todo: el modo de vestir, las opiniones, la forma de gobierno, las normas de vialidad, la conducta del vecino… y muy pocas veces, hacemos un juicio objetivo y valiente sobre nuestro comportamiento y modo de pensar.
Lo primero será reconocer que frecuentemente hablamos sin fundamento, nos quedamos con unas cuantas palabras del noticiero o del diario, cotejando nuestra pobre información con los comentarios que escuchamos en la oficina o con los amigos, hacemos conjeturas y emprendemos el vuelo aprobando o desaprobando todo tema de actualidad: iniciativas de ley, la política económica, los eventos sociales, sucesos de carácter internacional y hasta las nuevas disposiciones en materia de educación o de salud… ¡Con qué facilidad no erigimos en autoridades competentes!
Es claro que las decisiones de índole social o política a veces muy distantes del común de las personas, pero esto no justifica la critica mal intencionada. En todo lugar existen medios, asociaciones y grupos de personas con el afán de crear una sociedad más justa y llena de oportunidades para todos. ¿Por qué no participar o tomar la iniciativa en nuestras manos? Tal vez no todos tenemos el valor de asumir una responsabilidad más grande, de mayor trascendencia…
Pero la crítica más dura y severa la realizamos hacia las personas que conocemos y los lugares donde asistimos: nos disgusta el sistema de trabajo que se lleva en la empresa, y por ende, quienes la encabezan; calificamos la aptitud de nuestros colegas con comparaciones absurdas; señalamos con firmeza los defectos, costumbres y hábitos de nuestros conocidos y amigos; nos disgustamos porque en casa las cosas no se hacen a nuestro gusto. ¿Acaso hacemos un bien expresando opiniones negativas?
Cualquier comentario fuera de lugar o falto de delicadeza, no solo ofende, destruye además la buena comunicación, la imagen y opinión que se tiene de las personas y por si fuera poco, habla muy mal de nosotros. Para que nuestra crítica tenga valor, se requiere una actitud honesta, leal y sencilla: si algo nos disgusta o incomoda, no hay porque escondernos en el anonimato, generar murmuraciones o crear conflictos, si deseamos que las cosas y las personas mejoren, lo correcto será acercarnos a los interesados y expresar abiertamente nuestro punto de vista, dispuestos a escuchar y a obtener un resultado provechoso para todos.
Para concretar propósitos que nos lleven a ejercitar el valor de la crítica realmente constructiva debemos evaluar con sencillez y valentía nuestro modo de ser, esto significa ser autocríticos:
- Evalúa las situaciones, escucha a las personas y pregunta. De esta manera tendrás los elementos necesarios para formar un juicio correcto y dar una acertada opinión.
- Antes de criticar a las personas en cualquier aspecto, examínate con el mismo rigor y criterio, no sea que tengas los mismos defectos. Recuerda que para ayudar a los demás, tú debes ser el primero en mejorar.
- Haz el propósito de descubrir lo bueno que tienen las personas, las instituciones y las circunstancias. Si no tienes algo positivo que decir, lo mejor es callar.
- Examina tus intenciones, sentimientos y estado de ánimo antes de pronunciar palabra.
- Aprende a informarte con profundidad y acostúmbrate a hablar de los hechos, evitando hacer interpretaciones y suposiciones superfluas.
- Acepta con madurez todo tipo de críticas y comentarios respecto a tu persona y modo de trabajar, centrando tu atención en la oportunidad de mejora.
Cualquier crítica debe formularse responsablemente a través de la reflexión, considerando las implicaciones que podría tener; el respeto que debemos a las personas se manifiesta protegiendo su buen nombre y reputación, además de procurar su mejora individual. De esta manera actuamos en justicia y todo nuestro actuar se convierte en actitud de servicio e interés por el prójimo.
El amor, esa tarea diaria
¿Cuando asumimos el amor como una construcción y, por lo tanto, como una tarea cotidiana no corremos el riesgo de perder la espontaneidad y apagar el romanticismo? Me encuentro a menudo con quienes hacen esta pregunta al proponer la relación de pareja como un espacio de trabajo compartido. Y también a menudo respondo con otra pregunta: ¿si dejamos el vínculo librado a los vaivenes de la espontaneidad y a las ilusiones del romanticismo no abandonamos al amor a su suerte, no lo privamos de energía, de propósito, de raíces? ¿Esa suerte de malestar afectivo que se respira en nuestra sociedad no es producto en buena medida de haber dejado de trabajar para el amor, de haberlo librado sólo a lo romántico y espontáneo?
Se construye amor con acciones amorosas. Es decir, con actos, gestos, conductas que llevan mi amor hacia la otra persona de la manera en que ella lo necesita. Quizás amar sea para mí dejar grandes espacios libres entre ambos y actúo en consecuencia. Pero ella necesita de mi cercanía para sentirse amada y entonces no percibirá en mi actitud amor sino lejanía, frialdad o indiferencia. Tendré que preguntarle cuándo y cómo se siente amada y aprender a hacerlo de ese modo. A mi vez, deberé ser claro en el pedido de lo que necesito para sentir su amor. No basta con decir “compañía”, “comprensión”, “cuidado”, etcétera. Es importante que lo traduzca: “Me siento acompañado, comprendido o cuidado, cuando haces esto o dices aquello”. Eso es, en parte, lo que llamo construcción amorosa.

También trabajamos para nuestro amor cuando además de pedir claramente lo que necesitamos de la amada o del amado, somos igualmente explícitos en lo que ofrecemos. De esa ida y vuelta nace el círculo virtuoso del amor. Este mutuo y simultáneo trabajo genera energía emocional y afectiva, permite el reciproco conocimiento, aumenta la confianza, alimenta la intimidad, nos permite comprender para qué estamos juntos y nos lleva a una cotidiana relección del uno por la otra y viceversa.
Si no tememos trabajar por nuestro amor llegaremos a conocer la verdadera historia de esos cuentos de hadas que terminan en donde deberían empezar. Se nos ha dicho una y mil veces que “fueron felices y comieron perdices” (The End). Ahí nos quedamos, librados a nuestra imaginación. Pero nada se nos dijo sobre qué pasaba si se terminaban las perdices, si alguno se cansaba de ese repetido menú, ni sobre quién se encargaba de cazarlas y quién de cocinarlas, o qué otros alimentos había. Nada se nos dijo en esos relatos acerca de la vida cotidiana, de los lógicos desencuentros que matizan la convivencia, de cómo se armonizan las diferencias y de qué diferencias son irreconciliables. No estoy en contra de la espontaneidad y el romanticismo. Son necesarios en cualquier vínculo, lo condimentan. Sin ellos una relación se hace árida y hasta puede tornarse burocrática. Pero sostenida sólo por ellos corre serio riesgo de caer pronto en la desilusión y el desencanto. Habrá sido como un árbol de bello follaje que, privado de raíces, se desploma con el primer viento fuerte.
Hay quienes patalean ante la propuesta y dicen que el amor no puede ser tan “pensado”. Yo diría que la palabra no es “pensado”, sino cuidado, nutrido. Los partidarios de la pura espontaneidad y el fogoso romanticismo como ingredientes centrales, suelen ser, al fin, los enamorados del amor. Van de ilusión en desilusión, serialmente. Más que enamorarse del amor se trata, creo, de amar a una persona y de ser amado por ella. Para ese trabajo nos ofrece el amor su tierra fértil.
Sergio Sinay
Fuente: Sophiaonline
Reflexión de fortaleza – El coraje
Gracias Florencia, por este texto tan interesante!
“El coraje no es la ausencia de temor, sino más bien considerar que aquello que deseamos alcanzar es mucho más importante que el temor que sentimos”
Y de eso se trata el amor.
De soltar los miedos y dejarlos ir para dar paso a todo aquello que anhelamos en la vida. Y para ir en busca de aquello que amamos es necesario estar abiertos a los cambios.

La vida es una eterna elección y los deseos más profundos que residen en nuestro corazón están allí para ser realizados.
Siempre se corre riesgos, pero es parte de esta historia que se llama vida.
No podemos evitar las penas o el dolor, si podemos evitar quedarnos atados a una pena.
Dolor es no haberlo intentado, la pena es no haber dejado todo lo que teníamos para dar en ese amor que profesamos.
Cuando amas verdaderamente a alguien puedes navegar lejos de tu puerto sin mirar lo que has dejado atrás porque lo que te espera allí, adelante es lo que te hará feliz y es lo que has elegido y por el cual estás dispuesto a jugarte, pero hay que amar profundamente para darse por entero .
Y cuando uno ama, se ama a la vida y esa vida se expresa en cada sonrisa que nos regalan, en la calidez que nos brindan esos brazos en un abrazo profundo.
La vida se expresa en el ser que amamos y está allí esperándonos para que la exploremos, para que la hagamos parte de nuestros sueños, para descubrirla y amarla tal cual es.
No importa cuanto caminamos, importa si al caminar dejamos huellas profundas de amor en el otro.
Jugarse por aquello que amamos nos dignifica la vida, el amor nos dignifica, el amor nos hace íntegros y que lindo es sentirse vulnerable cuando uno ama…. porque entonces quiere decir que soltaste tus velas y te entregaste en cuerpo y alma, te despojaste de tus miedos y abrazaste al amor.
Cuando amas… entonces ríes, entonces anhelas, abrazas a la vida, también lloras, lloras ausencias, lloras caricias, lloran tus necesidades, necesidad de ver, de sentir, de estar con el otro.
Se llora amor porque el amor lo abarca todo, aún el dolor más profundo encierra en si un amor muy profundo.
No duele lo que se pierde si antes no lo has amado.
De eso se trata la vida, de vivir en plenitud cada sentir, de no ser meros espectadores sino de ser protagonistas de aquello que hemos elegido amar.
Y se corren riesgos, pero vale la pena haberlos corrido si al mirar atrás ves dos pares de huellas que hicieron camino al andar, y sentirás plenitud al saber que has amado y te han amado.
Actúa con valentía
Podemos actuar en lugar de que actúen sobre nosotros.
Una cosa es cierta: si seguimos haciendo lo que hacemos,
seguiremos obteniendo lo mismo.

Los problemas de la vida surgen cuando sembramos una cosa
y esperamos cosechar otra totalmente diferente.
Para modificar los resultados, necesitamos cambiar el paradigma.
Nuestra vida se basa en los resultados de nuestras elecciones.
Si culpamos y acusamos a los demás, al medio ambiente
o a otros factores extrínsecos, elegimos otorgarles
el poder para que nos dominen.
Elegimos: vivir nuestra vida o dejar que otros la vivan por nosotros.
Tal vez hallemos conveniente vivir con la ilusión
de que las circunstancias o los demás son responsables
de la calidad de nuestra vida, pero lo cierto es
que nosotros somos los responsables de nuestra elección.
El mejor modo de predecir su futuro radica en crearlo.
Resulta fácil decir “¡no!” cuando hay un profundo “¡sí!”
que arde en nuestro interior.
Deja que te gobierne tu brújula y no el reloj de la pared.
La lucha se desencadena cuando percibimos una brecha
entre el reloj y la brújula, cuando lo que hacemos
no contribuye a lo que es más importante en nuestras vidas.
Poner primero lo primero constituye un acto esencial en la vida.
¿Qué es para usted «lo mejor»? ¿Qué le impide otorgar
a esas cosas “mejores” el tiempo y la energía que desea brindarles?
¿Interfieren demasiadas cosas “buenas”?
La calidad de vida depende de lo que ocurre en el espacio
entre el estímulo y la respuesta. Hace falta valentía
para admitir que usted es más importante que sus estados
de ánimo y que sus pensamientos, y ser capaz de controlarlos.
La sabiduría es la unión del corazón con la mente
y consiste en aprender todo lo posible, pero con la humildad
de admitir que no lo sabemos todo.
Una de las mejores maneras de educar el corazón es observar
nuestra interacción con los demás, puesto que estas relaciones son,
en esencia, el reflejo de nuestra relación con nosotros mismos.
Nuestra mayor alegría y nuestra pena más grande derivan
de nuestras relaciones con los demás. En efecto,
la calidad de vida es, por naturaleza, interdependiente.
Lo cierto es que somos mejores en compañía que solos.
La humildad deriva de advertir que #ningún hombre es una isla”,
que ningún individuo posee todos los talentos, todas las ideas,
todas las facultades para hacer funcionar el todo.
Para la calidad de vida es de suma importancia la capacidad
de trabajar juntos, aprender de los demás y ayudar
a crecer a los demás.
El éxito siempre nace de dentro hacia fuera.
Nunca podremos cambiar a los demás; deben cambiarse a sí mismos.
Dr. Stephen Covey


