El Hombre Roto
Porque teniendo memoria
elegí la amnesia…
Porque siendo testigo
negué haber estado…
Porque tendí mi mano
pero no la abrí…
Porque prometí
sabiendo que no cumpliría…
Porque me negué
a soñar despierto…
Porque le tuve
miedo al miedo…
Porque conocí el mundo
para no conocerme…
Porque no me atreví
a morir de amor…
Porque me doblé
en vez de romperme…
Porque no hice lo necesario…
Soy el Hombre Roto.
Escrito sobre un muro
de la Universidad Nacional, en La Plata.
Ni en la tristeza
Ni la tristeza ni la desilusión
ni la incertidumbre, ni la soledad.
Nada me impedirá sonreír.
Ni el miedo ni la depresión,
por más que sufra mi corazón,
nada me impedirá soñar.
En las tempestades y en los difíciles caminos,
nada me impedirá creer en Dios,
quiero vivir el día de hoy como si fuese el primero,
como si fuese el último, como si fuese el único,
quiero vivir el momento de ahora,
como si aún fuese temprano,
como si nunca fuese tarde.
Quiero mantener el optimismo,
conservar el equilibrio, fortalecer mi esperanza,
recomponer mis energías para prosperar en mi misión
y vivir alegre todos los días de mi vida.
Quiero caminar con la seguridad que llegaré,
quiero luchar con la seguridad que venceré,
quiero buscar con la seguridad que encontraré,
quiero saber esperar para poder realizar los ideales de mi ser,
en fin …
quiero dar lo máximo de mí para vivir intensa
y maravillosamente todos los días de mi vida…
nada es más fuerte que el deseo de vivir.
“De alguna manera,
el gozo que damos a los demás
es el gozo que nos viene de vuelta.
Y entre más invertimos en bendecir a los pobres,
solitarios y tristes, más gozosas posesiones
del corazón nos son retribuidas” .
Para buscar pues, la calma interior,
no vayan donde todo es calma sino donde no hay paz,
y sean ustedes la paz.

De esta forma la encontrarán al darla,
y la tendrán en la medida en que vean que otros
necesitan de ustedes para calmarse.
John Greenleaf Whittier
La oración de los grillos
Quizás ni sabios ni poetas sepan explicar nunca esa
especie de tristeza o de unción que el atardecer anuda
en nuestra alma.
Tal vez, únicamente, el hombre que implantó el rito
de la oración de la tarde lo supiera.

Y quizás lo sepan también los grillos, que de día trabajan
o duermen y en las nochecitas de enero elevan
su canto, que puede ser muy bien un Padrenuestro o
una Salve.
Desde que he pensado esto, cuando oigo sus notas
agudas entre la hierba de los caminos, al atardecer,
ya no le digo a mi alma:
- Los grillos cantan.
Sino:
- Los grillos rezan.
Juana de Ibarborou
del libro: “El cántaro fresco”
Tristeza…
Te canto para pedirte, que me dejes.
Tristeza, que me acompañaste tanto… ayúdame…
Ayúdame a sentir que puedo transformar tu presencia,
para imaginar que me ayudas y acompañas a darme el impulso mágico,
de creer que puedo dejarte.
Tristeza querida, gracias… pero hoy… dejame !
Dejame imaginar que soy capaz de dejarte hoy… pero no despedirte,
por que te voy a necesitar, tal vez mañana… si es necesario,
o tal vez no, y espero, si vos me ayudas que sea así,
y estés contenta con eso, por que vos podes.
Hoy quiero dar al cielo, imágenes de esperanza, que tengo,
o que tal vez imagino, tal vez, para estar feliz… o tal vez…
más que eso.
Tristeza de mi Alma… es solo un tiempo… dejame ver…
Al menos, la de hoy.
como es la felicidad!!!
Autor: Luis Introna
Mendigos…
No sólo son Mendigos los que andan por las calles mal vestidos,
pidiendo de comer o beber porque tienen hambre, sed o frío…
Hay en muchos rincones del mundo, miles de limosneros escondidos;
elegantes, con techo, pan y vino; pero carentes de amor y
sintiéndose por dentro vacíos…
Mendigos de un abrazo, de consuelo, de un beso, una mirada, de la
presencia de un verdadero amigo o simplemente de una palabra de cariño.
Mendigos que sienten vergüenza de admitir que aunque tienen todo lo
material, viven en la pobreza espiritual y se sienten frágiles como niños…
Mendigos que darían todo lo que tienen por encontrar el verdadero
amor o hallar dentro de sus familias la paz y el calor de hogar.
Mendigos que temen volver a amar, porque ya bastante han sufrido han sido traicionados y heridos, tienen miedo de confiar…
Hay muchos hombres y mujeres que les cuesta aceptar y expresar la
necesidad tan grande que tienen de sentirse realmente amados y valorados;
Madres que imploran la atención de sus hijos; abuelos olvidados, niños y jóvenes que aunque lo tienen todo, se sienten por sus padres abandonados…
El amor y la amistad no se deben mendigar, se merecen por dignidad;
fue la herencia que a todos sus hijos Dios por igual ha dejado;
Pero aún así son demasiados los corazones rotos;
que aunque por fuera se ven elegantes y bien vestidos;
realmente en su interior están destrozados…
¿Cuántas veces hemos pasado por el lado de mendigos de amor y ni
siquiera cuenta nos hemos dado, los hemos ignorado?
¿Cuántas veces hemos juzgado mal a personas que hacen lo que hacen, porque están hambrientos de ternura y afecto y nadie se los ha dado?…
A lo mejor tú o yo algunas veces nos hemos sentido carentes de
cariño y anhelamos que alguien nos ame de tal forma que nos devuelvan la ilusión,
lográndose reparar y fortalecer nuestro corazón.
Son esos momentos en que hemos perdido lo que más hemos querido, o simplemente no hemos encontrado lo que tanto anhelamos,
nos sentimos tan solos y deprimidos que creemos perder la razón…
Seamos de aquellos que son capaces de brindar a todos amor y
amistad, hagamos que amando sin distinción, logremos acabar con esa mendicidad;
para que podamos construir un mundo mejor y pueda reinar por fin la paz en cada rincón…
Es el mandato que el Amigazo nos ha querido dejar,
cuando nos dijo: “Ámense unos a otros como sólo yo los he sabido amar”…


