Poemas, relatos y cuentos

Reflexión de vida – Detalles

El cuidado de los pequeños detalles

1. Para saber

Una tarea suele valorarse por los resultados que se obtienen.
Es lógico que importen los resultados. Sin embargo,
no se puede olvidar que el principal beneficiado por un trabajo
bien hecho es la misma persona que lo hizo,
independientemente de los resultados.
Se ha hecho una mejor persona. Pero también sucede lo contrario:
cuando alguien realiza una mala obra,
él mismo se hecho una peor persona.

Importa que toda actividad, por pequeña que sea,
la hagamos bien y, por lo regular,
también los resultados saldrán lo mejor posible.

2. Para pensar

Se cuenta que un hombre buscó a un pintor para que fuera
a la playa a pintar parte de su barco.
Lo encontró trabajando en un taller. Se pusieron de acuerdo
en el color y en lo que le pagaría por hacerlo.

El obrero llegó temprano al día siguiente a la playa con su pintura,
brochas y pinceles. Comenzó a pintar el barco de un rojo brillante
en las partes señaladas. Mientras trabajaba,
verificó que no estuviera despintado en otras partes el barco.
Fue entonces que percibió un orificio en el suelo, y decidió repararlo.
Cuando terminó de pintar, fue con el dueño y recibió su dinero.

Al día siguiente, el propietario del barco llegó temprano
a la casa del pintor, quien pensó que le haría unos comentarios
de su labor pero no fue así. El señor sacó de su cartera un cheque
y dándoselo le dijo: “Esto es para Usted”.
Cuando vio el cheque casi se desmaya por la cantidad tan grande.

El pintor sorprendido y le dijo: “Pero señor, ¡es un error!
Usted ya me pagó por mi trabajo”.

El señor le explicó: “No hay error mi querido amigo. Déjeme explicarle.
Cuando le pedí que pintase, olvidé hablarle del orificio.
Cuando el barco se secó, mis hijos subieron y salieron de pesca.
Yo no estaba en casa en aquel momento.
Cuando volví y me di cuenta que habían salido con el barco,
quedé desesperado, pues recordé que el barco tenía un agujero.
Imagine mi alivio y alegría cuando los vi retornando sanos y salvos.
Revisando vi que el orificio había sido sellado perfectamente.
¿Percibe, ahora, lo que hizo? ¡Salvó la vida de mis hijos!
No tengo dinero suficiente para pagarle por su “pequeña” buena acción”.

3. Para vivir

Si por un motivo humano interesa hacer bien las cosas,
cuando es por una causa sobrenatural
resulta justificado poner más empeño.

San Josemaría Escrivá instaba a que no despreciásemos,
equivocadamente, las cosas que nos parecen pequeñas y añadía:
“me diréis que todos esos detalles son pequeñas pinceladas,
sin categoría. Os contesto enseguida que las pequeñas pinceladas
no carecen de importancia; fijaos que quinientas, mil… ¡bien trazadas!,
hacen un cuadro, una obra de arte”.
Y recordaba los versos de un poeta castellano:
“Despacito y buena letra;/ el hacer las cosas bien/ importa más que el hacerlas.”

Pbro. José Martínez Colín

Facundo Cabral – Frases

En el día de ayer casi en forma premonitoria, publicamos “Sabiduría de vida” de nuestro querido Facundo Cabral, un artista de los que dejan huella. Nacido en una familia con necesidades básicas no resueltas, autista hasta los 9 años, se escapó de su casa para conocer a Juan Domingo Perón, porque le habían dicho que le daba trabajo a los pobres. Lo consiguió y así su madre pudo tener un trabajo y un lugar donde vivir en Tandil. Aprendió a leer y escribir a los 14 años con un sacerdote Jesuita que le hizo conocer a los grandes autores de la literatura universal. Este músico-trovador y gran contador de historias, que autodenominó “Vagabundo first class”, ha sido asesinado de forma inesperada y violenta por un comando, en Guatemala hoy a la madrugada.

En honor a su recuerdo aquí una selección de frases de éste gran artista argentino.

1. Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿Por qué te preocupas tanto?

2. No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas, ya son ganancia. Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida.

3. De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido.

4. Cuando un pueblo trabaja Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, Dios lo ama.

5. Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará

6. Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

7. Vive de instante en instante, porque eso es la vida

8. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida.

Facundo Cabral

Reflexión de vida de Facundo Cabral

Sabiduría de vida

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto,
que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el Universo
siempre está dispuesto a complacernos,
por eso estamos rodeados de buenas noticias.

Cada mañana es una buena noticia.
Cada niño que nace es una buena noticia,
cada cantor es una buena noticia,
porque cada cantor es un soldado menos,
por eso hay que cuidarse del que no canta porque algo esconde.

Aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo,
ahora mismo, le puedes decir basta a la mujer (o al hombre)
que ya no amas, al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan
a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan
desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida,
ahora mismo le puedes decir “basta” al miedo que heredaste,
porque la vida es aquí y ahora mismo.

Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía
no gozaste la más grande alegría ni sufriste el más grande dolor.
Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva
en el nuevo día.

Vive de instante en instante porque eso es la vida.
Me costó 57 años llegar hasta aquí,
¿cómo no gozar y respetar este momento?
Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere.
Y si la historia es tan simple,
¿por qué te preocupas tanto?.

No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra.
En la tranquilidad hay salud, como plenitud dentro de uno.
Perdónate, acéptate, reconócete y ámate,
recuerda que tienes que vivir contigo mismo
por la eternidad, borra el pasado para no repetirlo,
para no abandonar como tu padre,
para no desanimarte como tu madre,
para no tratarte como te trataron ellos,
pero no los culpes porque nadie puede enseñar lo que no sabe,
perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá,
entonces serás siempre nuevo.
Tienes el poder para ser libre en este mismo momento,
el poder está siempre en el presente porque toda la vida
está en cada instante, pero no digas “no puedo” ni en broma
porque el inconsciente no tiene sentido de humor,
lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.

Si quieres recuperar la salud abandona la crítica, el resentimiento
y la culpa, responsables de nuestras enfermedades.

Perdona a todos y perdónate, no hay liberación más grande
que el perdón, no hay nada como vivir sin enemigos.
Nada peor para la cabeza y por lo tanto
Para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento
y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea)
y cómplice de lo que te disgusta.

Culpar a los demás es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida,
es distraerse de ella.

El bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien
para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse.
Lo que llamamos problemas son lecciones,
por eso nada de lo que nos sucede es en vano.

No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón
y esa camisa que llevas ya son ganancia.
Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida.

Hay que liberarse de la ansiedad, pensar que lo que debe ser,
será, y sucederá naturalmente.

Facundo Cabral

Cuento – El sonido del bosque

Oír lo que no se oye

En el siglo III después de Cristo, el rey Ts’ao envió a su hijo,
el príncipe T’ai, al templo a estudiar con el gran maestro Pan Ku.
Debido a que el príncipe T’ai tenía que suceder a su padre como rey,
Pan Ku tenía que enseñar al muchacho los principios fundamentales
para ser un buen gobernante. Cuando el príncipe llegó al templo,
el maestro le envió solo al bosque de Min Li.
Al cabo de un año, el príncipe tenía que volver al templo
para describir el sonido del bosque.

Cuando el príncipe T’ai volvió, Pan Ku le dijo que describiera
todo lo que había podido oír. “Maestro –replicó el príncipe-,
pude oír a los cuclillos cantar, el ruido de las hojas,
el zumbido de los colibríes, el chirrido de los grillos,
el rumor de la hierba, el zumbido de las abejas
y el susurro y el grito del viento”. Cuando el príncipe terminó,
el maestro le dijo que volviera al bosque de nuevo
para escuchar que más podía oír.
El príncipe se quedó perplejo por la petición del maestro.
¿No había discernido ya todos los sonidos?.

Durante días y noches sin fin, el joven príncipe sentado a solas
en el bosque escuchaba. Pero no oía más sonidos nuevos.
Una mañana, cuando el príncipe estaba sentado en silencio
debajo de los árboles empezó a distinguir unos sonidos débiles
diferentes de los que siempre había oído.
Cuanto con más atención escuchaba, más claros los percibía.
Una sensación de esclarecimiento envolvía al muchacho.
“Estos deben ser los sonidos que el maestro deseaba
que distinguiera”, reflexionó. .

Cuando el príncipe T’ai volvió al templo, el maestro le preguntó
si había oído algo más. “Maestro –respondió el príncipe reverentemente-,
cuando escuché con más atención, Pude Oír Lo Que No Se Oye.
El sonido de las flores al abrirse, el sonido del sol calentando la tierra
y el sonido de la hierba bebiendo el rocío de la mañana”.
El maestro asintió con la cabeza aprobando. “Oír lo que no se oye”
–observó Pan Ku -, es una disciplina necesaria para transitar en la vida.

Pues sólo cuando aprendemos a escuchar atentamente
los corazones de las personas, a escuchar sus sentimientos
no comunicados, las penas no expresadas y las quejas
no proferidas, se puede esperar inspirar confianza en los demás,
comprender cuándo hay problemas y satisfacer las necesidades.
Empezamos realmente a morir cuando sólo escuchamos
las palabras superficiales y no entramos profundamente
en el alma de las personas, para oír sus verdaderas opiniones,
sentimientos y deseos.

A veces hay un mesaje subliminal en un silencio al que podremos
decodificar si realmente estamos preparados
y receptivos a lo que va más allá de lo sensorial.

En el plano virtual, tendremos que saber decodificar
lo que a veces las personas no nos animamos a escribir…
tarea un tanto difícil, pero no imposible de concretar.

La verdad un cuento de Bucay

En busca de la verdad perdida

Aceptemos que no somos los dueños de la verdad.
Es el primer paso en el camino del aprendizaje.

Escuchar, como dijimos, debería servirnos sobre todo
para aprender la parte del todo que todavía ignoramos.
Debería, según razonamos juntos la semana pasada,
acompasar el darnos cuenta de que no tenemos (nadie tiene)
el monopolio de la verdad, y centrarnos en la necesidad
de completarnos con la verdad de otros.

Esto conlleva, claro, una importante cuota de humildad,
porque aprender siempre es un acto humilde.

Anclados a nuestra soberbia, nada puede sernos explicado.
El que no se anima a bajar del pedestal de creer que se lo sabe todo,
nada puede aprender de los demás a los que sin escuchar
desprecia porque supone, o peor aún, decide,
que nada pueden enseñarle.

No quisiera que algún distraído o malintencionado lector
confunda humildad con humillación.
No estoy hablando de la tendencia a someterse a todo
y a todos de “el camello” de Nietzsche sino de la capacidad
de aceptar lo que no se sabe del “buscador”,
tal como lo llamo en Shimriti.

El siguiente paso del camino es entonces aprender a aprender.
Escuchar con humildad.
Saber lo que sabemos y lo que no sabemos y enriquecernos
con el saber de otros.

Cuenta un viejo cuento tradicional que había una vez
un hombre que buscaba la verdad. Le habían dicho que la verdad
era una luz radiante, que iluminaba hasta el más oscuro
de los rincones de la ignorancia.

El hombre buscó y buscó la tal luz y al no hallarla se apresuró
a empezar a decir que la verdad no existía.

Una noche muy clara, cuando bajó a su aljibe por agua,
vio en lo profundo el brillo de un círculo enorme
reflejado en el fondo del pozo.

-Es la verdad -pensó-, existe y la tengo yo en el jardín de mi casa.

Henchido de orgullo y vanidad salió a gritar por el pueblo
que tenía la verdad brillando en el fondo de su pozo de agua.
Muchos se burlaron de él y el hombre los trató con desprecio.
Estos son como yo era -pensó-,
no creen en la verdad porque nunca la han encontrado.

Otros simplemente no le creyeron.
Escépticos -les gritó-.
Y unos pocos le escucharon con atención y le dijeron
que ellos también tenían la verdad en su aljibe.

Estos últimos lo irritaron un poco.
Pensó al principio que eran pobres ingenuos que creían tener
la verdad pero que no la tenían ciertamente; sin embargo
después de ir a la casa de algunos, los más amigos,
comprobó que la luz de sus pozos era por lo menos
tan radiante como la del suyo.

Hay muchas verdades -concluyó-. Cada uno tiene la propia
y todas irradian su propio resplandor.
Un día al visitar el pozo para dejar que la verdad
iluminara su rostro, miró en el fondo
y no encontró el brillante círculo luminoso.

El no lo entendió en un primer momento pero el viento
soplaba muy fuerte esa noche y el agua agitada dentro del pozo
no llegaba a reflejar la luz de la luna que a pesar de todo
brillaba radiante en el cielo.

Pensó que la verdad lo había abandonado y se sientió triste
y desesperanzado.

En un retorno a lo divino alzó los ojos llorosos al cielo… y la vio.
Entonces comprendió. La luz de su aljibe no venía desde dentro.
La suya y la de otros eran el reflejo de la luna en el firmamento
espejada dentro de cada pozo.
Reflejos que iluminan

Así evoluciona nuestra relación con la verdad.
Empezamos desconfiando de que alguna verdad exista.
Antes o después descubrimos un pedacito de ella y nos enamoramos
de nuestro descubrimiento. Nos creemos superiores y dotados,
portadores de una verdad única e incuestionable.
Con el tiempo nos vemos obligados a aceptar que hay otros
que también tienen su verdad; y después de intentar
descalificarlos sin éxito, los incluimos en la lista de elegidos,
que por supuesto integramos, la nómina de aquellos,
que por supuesto integramos, la nómina de aquellos
que encontramos la verdad.

Finalmente nos damos cuenta de que la verdad no es algo
que alguien pueda poseer. Nos damos cuenta de que solamente
podemos acceder al tibio reflejo de su luz
y esto ni siquiera permanentemente.
Encontramos por fin el lugar de la humildad del que sabe
lo que no sabe y está decidido a aprender.

Aceptemos pues que nadie tiene la verdad, en todo caso poseemos,
y por momentos, pequeños retazos de ella,
reflejos de una verdad mayor que nos ilumina a todos.

Jorge Bucay

Reflexiones de Osho – Momentos vacíos

Las actitudes son nuestras creaciones, son nuestros prejuicios,
nuestras invenciones. La vida no es creada por nosotros;
al contrario, nosotros somos sólo ondas en el lago de la vida.
¿Qué clase de actitud puede tener una ola con respecto al océano?
¿Qué tipo de actitud puede tener una hoja de hierba hacia la Tierra,
la Luna, el Sol o las estrellas?
Todas las actitudes son egoístas, todas las actitudes son estúpidas.
La vida no es una filosofía, no es un problema; es un misterio.
Tienes que vivirla, no de acuerdo a cierto patrón de conducta,
no de acuerdo a un condicionamiento,
de acuerdo con lo que te han contado sobre ella.
Tienes que empezar de nuevo, desde cero.

No me interesa saber lo que haces para vivir.
Quiero saber cuál es tu dolor
y si estás dispuesto a soñar para encontrar el anhelo de tu corazón.
No me interesa saber que edad tienes.
Quiero saber si arriesgarás parecer un tonto, por amor,
por tus sueños, por la aventura de estar vivo.
No me interesa saber que planetas circundan tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu propia tristeza,
si has estado abierto a las traiciones de la vida
o si te has vuelto marchito y cerrado por miedo a más dolor!
Quiero saber si te puedes sentar con el dolor, tuyo o mío,
sin moverte para esconderlo, disminuirlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con la alegría, tuya o mía
y si puedes bailar libremente y dejar que el éxtasis
te llene desde las puntas de los dedos de tus manos
y hasta los pies, sin advertirnos ser cuidadosos
o realistas o recordar las limitaciones de ser humano.
No me interesa si la historia que me cuentas es cierta.
Quiero saber si puedes desilusionar a otros
por ser sincero contigo mismo; si puedes soportar
la acusación de la traición, sin traicionar tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto ser digno de confianza.
Quiero saber si puedes ver la belleza,
aún cuando cada día no sea hermoso…
Quiero saber si puedes vivir el fracaso, tuyo o mío.
Y aún así, pararte en la orilla de un lago
y gritarle a la luna plateada… ¡Si!
No me interesa saber dónde vives, o cuánto dinero tienes.
Quiero saber si te puedes levantar
después de una noche de dolor y desesperación,
abatido hasta los huesos, y hacer lo que necesita
ser hecho para los niños. No me interesa saber quién eres,
o cómo llegaste aquí.
Quiero saber si te puedes parar conmigo en el centro del fuego
y no retroceder. No me interesa dónde, qué,
o con quién has estudiado.
Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo
se cae a tu alrededor.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo.
Y si verdaderamente disfrutas la compañía
que mantienes en tus momentos vacíos.

Osho