Poemas, relatos y cuentos

Reflexión de felicidad de Anthony de Mello

La felicidad

La felicidad no tiene contrapuesto, porque nunca se pierde.
Puede estar oscurecida, pero nunca se va,
porque tú eres felicidad.
La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello,
cuando algo se interpone, la oscurece,
y sufres por miedo a perderla.
Te sientes mal, porque ansías aquello que eres.
Es el apego a las cosas que crees
que te proporcionan felicidad, lo que te hace sufrir.

felicidad

No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona,
ni aún a tu madre, porque el apego es miedo,
y el miedo es un impedimento para amar.
El responsable de tus enfados eres tú,
pues aunque el otro haya provocado el conflicto,
el apego y no el conflicto, es lo que te hace sufrir.
Es el miedo a la imagen, que el otro haya podido hacer de ti,
miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer
que es una imagen la que dices amar,
y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas
que él tenga de ti, se rompa.
Todo tiempo es un impedimento para que al amor surja.
Y el miedo no es algo innato sino aprendido.
El miedo es provocado por lo que no existe.
Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo
que ha registrado la memoria.
Todo hecho que has vivido con angustias,
por unas ideas que te metieron,
queda registrado dentro de ti y sale como alarma
en cada situación que te lo recuerda.
No es la nueva situación la que le llena de inseguridad,
sino el recuerdo de otras situaciones,
que te contaron o que has vivido anteriormente
con una angustia que no has sabido resolver.
Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente,
recordando su origen, el miedo no se volverá a producir,
porque eliminarás el recuerdo.

Anthony de Mello

Ahora

Es peligroso vivir de la memoria, del pasado.
Sólo el presente está vivo.
Es ahora lo que importa,
porque ahora es la vida,
ahora es todo posible,
ahora es la realidad.

Anthony de Mello

Cuento de vida de Anthony de Mello

Cuento Hindú

Cuentan que hace muchos años en India
había dos jóvenes que eran grandes amigos.
Trabajaban en una pequeña aldea
y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad.

Cuando llegaron a ella, comenzaron a caminar por las calles populosas,
llenas de actividad y gentes bulliciosas.
Y así fue que llegaron a una gran calle
donde se encontraba un conocido burdel
que estaba frente a la casa de un hombre santo muy famoso.

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Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel,
bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas,
en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario,
escuchando al maestro que hablaba sobre la conquista interior.

Cuando había pasado un buen rato, el joven que estaba en el burdel
comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario,
en tanto que el otro amigo, por el contrario,
en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo,
estaba fantaseando con los placeres del burdel
y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión.

De este modo, el hombre que estaba en el burdel
obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario,
y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos
como si hubiera estado en el burdel.
Mientras tanto el maestro
seguía hablando del valor de vivir el momento presente
con todo el ser y el corazón y decía:

“No basta con estar físicamente presente,
ni con hacer los gestos o decir las palabras de forma mecánica.
Precediendo a los actos, está la actitud interior,
la conciencia del acto y sus consecuencias.
En la actitud interior,
en la conciencia del acto se encierra su autentico valor”.

Pero el discípulo perdido en sus fantasías no lo escuchaba.

Anthony de Mello

Meditación breve

Meditación breve

La belleza tiene una amplitud mayor que el arte.

Hay belleza donde hay armonía, expresividad,

plasmación de un mundo que se hace patente de forma luminosa.

meditacion

Un experto en arte pronunciaba una conferencia en el monasterio:

El arte -decía- se encuentra en los museos,

pero la belleza se halla por doquier:

en el aire, en la tierra, en todas partes,

a disposición de todos y sin nombre de ninguna clase.

Exactamente igual que la espiritualidad

-dijo el Maestro al día siguiente, cuando estuvo a solas con sus discípulos-,

sus símbolos se encuentran en ese museo que llamamos “templo”;

pero su sustancia se halla en todas partes, a disposición de todos,

sin que nadie lo reconozca y sin nombre de ninguna clase.

Anthony De Mello

Cuento de Fortaleza de Anthony de Mello

El Diamante

El sannyasi había llegado a las afueras de la aldea
y acampó bajo el árbol para pasar la noche.
De pronto llegó corriendo hasta él un habitante de la aldea
y le dijo:
“¡La piedra! ¡La piedra!
¡Dame la piedra preciosa! ”
“¿Qué piedra?, preguntó el sannyasi.

“La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva”
dijo el aldeano,
y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea,
encontraría a un sannyasí
que me daría una piedra preciosa
que me haría rico para siempre”.

El sanyasi rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra.
“Probablemente se refería a ésta”,
dijo mientras entregaba la piedra al aldeano.
“La encontré en un sendero del bosque hace unos días.
Por supuesto que puedes quedarte con ella”.

El hombre se quedó mirando la piedra con asombro.
¡Era un diamante!
Tal vez el mayor diamante del mundo,
pues, era tan grande como la mano de un hombre.

Tomó el diamante y se marchó.
Pasó la noche dando vueltas en la cama,
totalmente incapaz de dormir.
Al día siguiente, al amanecer,
fue a despertar al sannyasi y le dijo:

Dame la riqueza que te permite
desprenderte con tanta facilidad de este diamante..

Anthony de Mello

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