Poemas, relatos y cuentos

La simple verdad de un sabio

Antonio era funcionario público de una pequeña ciudad del interior. Una tarde, vio dos gallos que peleaban. Sintió pena y fue hasta la plaza para separarlos, sin darse cuenta de que interrumpía una riña de gallos. Irritados, los espectadores atacaron a Antonio. Uno de ellos lo amenazó de muerte, porque estaba a punto de ganar una fortuna en apuestas.

Antonio, asustado, decidió irse de la ciudad. Luego de 3 días de viaje, Antonio se encontró con un pescador.

-¿Adonde te diriges?-preguntó el pescador.

-No lo sé.

Compadecido de la situación, el pescador lo llevó a su casa. Tras una noche conversando, descubrió que Antonio sabía leer y le propuso un trato: él le enseñaría a pescar y, a cambio, Antonio le enseñaría a leer y escribir. Antonio aprendió a pescar. Con el dinero del pescado, compró libros para poder enseñar al pescador. Leyendo, aprendió cosas que no sabía. Uno de los libros enseñaba carpintería, y Antonio decidió montar un pequeño taller. Entre los dos compraron herramientas y se pusieron a hacer mesas, sillas.

Pasaron los años. Ellos seguían pescando, y contemplaban la naturaleza desde el río. Seguían estudiando, y los libros les iban revelando el alma de los hombres. Seguían trabajando en la carpintería, y el trabajo físico los hacía fuertes y sanos. A Antonio le encantaba conversar con los clientes. Como ahora era un hombre culto, sabio y sano, le gente le pedía consejo. La ciudad progresaba, y todos encontraban en él a alguien capaz de dar buenas soluciones. Los jóvenes de la ciudad formaron un grupo de estudio alrededor de ellos, y predicaron a los cuatro vientos que eran discípulos de sabios. Una tarde, uno de los jóvenes le preguntó:

-¿Decidiste abandonarlo todo para buscar la sabiduría?

-No -respondió Antonio-. Tenía miedo de ser asesinado en la ciudad donde vivía.

Los discípulos trajeron a un famoso biógrafo para que relatara la vida de los Dos Sabios, como ya se los conocía. Ellos contaron su historia.

-Pero nada de eso refleja su sabiduría -dijo el biógrafo.

-Es que en nuestras vidas, no ha habido nada de extraordinario.

Cuando se publicó el libro, se convirtió en un gran éxito de ventas. Era una maravillosa y emocionante historia de dos hombre; que, en busca del conocimiento, dejan todo lo que estaban haciendo, luchan contra la adversidad, encuentran maestros secretos.

-No tiene nada que ver con nosotros -dijo Antonio al leerla.

-Los sabios deben tener vidas emocionantes -dijo el biógrafo-. Una historia debe enseñar algo, y la realidad nunca enseña nada.

Antonio sabía que la realidad enseñaba todo lo que un hombre necesita saber, pero de nada serviría intentar explicar eso.

“Que los tontos sigan viviendo con sus fantasías,” le dijo al pescador.

Y ellos siguieron leyendo, escribiendo, pescando, trabajando en la carpintería, enseñando, haciendo el bien. Sólo prometieron no volver a leer nunca más libros sobre la vida de los santos, ya que la gente que escribe ese tipo de libros no comprende una verdad bien simple: todo lo que hace un hombre corriente en su vida diaria lo acerca a Dios.

Paulo Coelho

Palabras para Navidad de Poldy Bird

Navidad

Cuando era chica iba a ver el pesebre de la iglesia Santa Ana, con su vaquita echada, su pastor dando un paso detrás de las ovejas, un lago de agua celeste sobre un redondo espejo (allí metía mis manos cuando nadie miraba, esperando un milagro de ese frescor sagrado ). Y el Jesús Niño con los brazos abiertos y mirándome… Sólo a mí me miraba. Eso creía. Sólo a mí, porque El y yo manteníamos un diálogo cada noche, cuando con mis hermanitas le rezábamos para: “Que el alma de mamita descanse en paz y el Niñito Jesús nos haga buenas y felices. Amén”.

ventana niña

Todo el año lo imaginaba durante la oración, pero en Navidad El estaba allí, con su pañal y sus pies desnudos, con su padre tan serio y su madre hermosísima.
Yo le decía que hiciéramos un trato: no me comería más las uñas, no robaría dulce de leche ni scons de la alacena, y El me traía de nuevo a mi mamá. Pero no. Mi mamá ya era un lucero de un cielo y los luceros no andan arrastrando su túnica de luz por las veredas… Pasaron tantas navidades como pétalos tiene una margarita. No, no volví a Santa Ana; no le pedí imposibles a mi amigo chiquito, acepté los designios de un Dios grande que tiene sus razones para dar y quitar. Aprendí a resignarme, a esperar, a llorar sin que nadie me vea; traté de comprender… y de aprender que el amor no pide explicaciones.

Y aquí estoy, acercándome a esta Navidad…

A mí siempre me gustaron las fiestas, su gusto a mazapán, su ruido de “rompe portones”, sacarle el brillo con un lienzo a las copas, ponerle una campana al pino y lucecitas que se encienden y se apagan como el parpadeo mágico de un gnomo, reunirnos alrededor de la mesa fragante y llevar en el corazón a los que ya partieron para hacerlos brindar con nuestro vino y sonreír desde nuestra sonrisa. Pero este año, un poco triste o nostálgica, he buscado a mi antiguo amiguito: sobre el aparador un Niño Dios pequeñísimo de un pesebre de terracota que me hizo una amiga; lo pongo en la palma de mi mano y tiembla, como yo. Una lágrima entibia su cuerpecito leve, y le ruego, le ruego, le pido:

Señor, no quiero grandes cosas, no me des los océanos, sino un vaso de agua cada vez que tenga sed. No me des los sembrados de la tierra, sino una rebanada de pan cada vez que tenga hambre.

No me des la extensión de las praderas, sino una parcelita verde donde echarme cara al cielo a mirar las estrellas, el vuelo de los pájaros, los rayos amarillos conque el sol me hace cerrar los párpados.

No me des un vergel: quiero una flor tan sólo, un jazmín infinito que perfume mis días. Y una sonrisa que no se gaste como la cuentas del rosario.

Y ganas de hacer lo que hago, para que no me convierta en una autómata o en una rutinaria”.

Dame esa cuota de amor que le permite al corazón latir sin sobresaltos, latir seguro y suave, con ese movimiento de vaivén con que la brisa mueve las ramas de los álamos.

No me des una importante enciclopedia… dame una sencilla palabra para decir a cada una personas que se acercan a mí y hacerlas más dichosas.

Niño de luz: que mis dolores no me nublen los ojos impidiéndome ver los dolores de los demás.
Dale a mi mano, casi siempre extendida, una mano que la apriete con cariño.

Pero por sobre todas las cosas, pequeño amigo mío, quiero pedirte algo muy especial. No me digas que no. No le digas que no a la niñita que visitaba tu pesebre en Santa Ana, a la que dejaba terrones de azúcar debajo del pasto amarillento para que comieran los camellos de los tres Reyes Magos.

No le digas que no a la niñita que suplicaba que le devolvieras a su mamá y corría desaforadamente cada vez que tocaban el timbre de la puerta de calle… porque creía que era ella, la ausente, la que llamaba para estrecharla otra vez contra su pecho… Porque es un poco ella la que te pide, y un poco yo. Somos las dos que te rogamos que borres para siempre, para siempre siempre, la palabra “soledad” en nuestra vida”.

Amén

Poldy Bird

Cuento de fe: La muralla

La Muralla

Una vez un hombre estaba siendo perseguido por varios malechores que querían matarlo. El hombre, corriendo, volcó en un atajo que salía de la carretera y sentía miedo y en la desesperación elevó una plegaria a Dios de la siguiente manera:

- Dios Todo Poderoso haced con que dos ángeles vengan del cielo y tapen la entrada de la cueva para que los delincuentes no me maten.

En ese momento escuchó que los hombres se aproximaban a la caverna donde él se escondía y vio que en la entrada de la trilla apareció una minúscula araña. La araña comenzó a tejer una tela en la entrada.

muralla

El hombre se puso a hacer otra oración cada vez más angustiado:

- Señor, yo os pedí ángeles, no una araña. Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada de esta trilla, para que los hombres no puedan entrar y matarme.

Abrió los ojos esperando ver un muro tapando la entrada y vio sólo la araña tejiendo la tela. Estaban los malhechores entrando en la cueva, en la cual él se encontraba esperando sólo la muerte, cuando pasaron frente a ella el hombre escuchó:

- Vamos, entremos aquí!
- No, no está viendo que tiene hasta telaraña!? Nada entró por aquí. Continuemos buscando en las próximas cuevas.

La fe es creer en lo que no se ve, es perseverar delante del imposible.

Cuento sobre los Reyes Magos

Reyes magos

-¡Si vos no te portás bien,
le digo a los Reyes Magos
que te dejen sin regalo
y te quedas sin el tren!…
Es que mi vieja, también,
un poco se aprovechaba… ¡
porque esa noche llegaban
los tres Reyes de Belén!

reyes magos2

La carta la había mandado
sin faltas de ortografía,
así los reyes veían
de que era un chico aplicado.
Hice todos los mandados,
me lave hasta las orejas,
porque ese día mi vieja
me tenia acorralado.

La luna hacia brillar
el lustre de mis zapatos…
y si ellos fueran chicatos
¿quien les podía avisar?
Por eso al irme a acostar,
puse la almohada a los pies
y me acosté del revés
para poder vigilar…

¡Cuando mas lo precisaba
me vengo a quedar dormido!
Me desperté a los maullidos
del gato de la encargada…
Ya entraba la madrugada
de un radiante seis de Enero,
y un trencito, el más diquero,
del umbral me saludaba…

Lo habían dejado de frente
ya listo para marchar…
con él me iba a despertar
a mi madre alegremente
¡Que alegría que uno siente!
-explicarlo yo no puedo-
¡ unas ganas de ser bueno,
de ser bueno hasta la muerte!

Al que dejaron sin nada
fue al hijo de la de al lado…
¡Como se habrían olvidado!
Siempre “muy bueno” sacaba…
Con nosotros no jugaba
porque en seguida tosía,
y los reyes no sabían
que el padre no trabajaba…

Yo comprendí su dolor
cuando me vio con el tren:
se acerco a mirarlo bien
y después lo acaricio….
A mi me daba calor
de que me viera jugar
y en caso lo invité a entrar
y él también se divirtió..·

¡Cuantos Reyes han pasado
por la puerta de mi vida.
y a ml alma dolorida
cuantas veces la he dejado
como un zapato gastado.
esperando a su Melchor
que le dejara el amor
para un mundo envenenado!

Esta noche por los cielos
llegarán los Reyes Magos;
vendrán trayendo regalos
a los chicos que son buenos,
pero hay otros pibes buenos
en otro lado de la tierra,
que por culpa de una guerra..
¡no han de pasar los camellos!

Señor: yo aprendí a rezar
arrodillado con mi vieja;
si nunca te fui con quejas
hoy me tenés que escuchar:
¿Por qué tienen que pagar
esos pibes inocentes.
de que en el mundo haya gente
que sólo piensa en matar?

Ellos ¿qué saben de guerras?…
¡ellos quieren Reyes Magos!
¡y ellos. en vez de regalos
tienen un miedo que aterra!
Si vos pararas la guerra,
pasarían los camellos.
¡Yo te lo pido por ellos!
¡por los pibes de mi tierra!

Héctor Gagliardi

Cuento de Fe – Aguanta un poco más…

Aguanta un poco más…

Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra,
existía una pareja que gustaba de visitar
las pequeñas tiendas del centro de Londres.
Una de sus tiendas favoritas
era una en donde vendían vajillas antiguas.
En una de sus visitas a la tienda
vieron una hermosa tacita. “¿Me permite ver esa taza?”
pregunto la señora,
“nunca he visto nada tan fino como eso!”

fe

En cuanto tuvo en sus manos la taza,
escuchó que la tacita comenzó a hablar.
La tacita le comentó:
“¡Usted no entiende!
¡Yo no siempre he sido esta taza que usted esta sosteniendo!
Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo.
Mi creador me tomo entre sus manos y me golpeó
y me amoldó cariñosamente.
Llego un momento en que me desespere y le grite:
“Por favor!!
Ya déjame en Paz!”
Pero mi amo solo me sonrió y me dijo:
“aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Después me puso en un horno.
Yo nunca había sentido tanto calor!
Me pregunté porque mi amo querría quemarme,
así que toqué la puerta del horno.
A través de la ventana del horno
pude leer los labios de mi amo que me decían
“aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”
Finalmente se abrió la puerta.
Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara.
“Así esta mucho mejor!” me dije a mi misma.
Pero apenas y me había refrescado
cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome.
El olor de la pintura era horrible!
Sentía que me ahogaría!
“Por favor detente!”
le gritaba yo a mi amo;
pero el solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo
y decía “aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Al fin mi amo dejó de pintarme;
pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno!
No era un horno como el primero;
sino que era mucho más caliente!
Ahora si estaba segura que me sofocaría!
Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara!
Grité, lloré; pero mi creador solo me miraba diciendo
“aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
En ese momento me di cuenta que no había esperanza!
Nunca lograría sobrevivir a ese horno!
Justo cuando estaba a punto de darme por vencido
se abrió la puerta y mi amo me tomó cariñosamente
y me puso en una repisa
que era aún más alta que la primera.
Allí me dejó un momento para que me refrescara.
Después de una hora de haber salido del segundo horno,
mi amo me dio un espejo y me dijo:
“Mírate! Esta eres tu!” Yo no podía creerlo!
Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso!
Mi amo nuevamente me dijo:
“Yo se que te dolió haber sido golpeada
y amoldada por mis manos;
pero si te hubiera dejado como estabas,
te hubieras secado.
Se que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno,
pero de no haberte puesto allí,
seguramente te hubieras estrellado.
También se que los gases de la pintura
te provocaron muchas molestias,
pero de no haberte pintado tu vida no tendría color.
Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno,
no hubieras sobrevivido mucho tiempo,
porque tu dureza
no habría sido la suficiente para que subsistieras.
Ahora tu eres un producto terminado!
Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”

Moraleja:
Dios nunca te va a tentar ni te va a obligar a que vivas algo
que no puedas soportar.
Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros.
El es el artesano y nosotros somos el barro con el cual el trabaja.
El nos amolda y nos da forma
para que lleguemos a ser una pieza perfecta
y podamos cumplir con su voluntad.

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