Poemas, relatos y cuentos

Reflexión de fortaleza – Dueño de mis emociones

Dueño de mis emociones

Hoy seré dueño de mis emociones.
Si me siento deprimido, cantaré.
Si me siento triste, reiré.
Si me siento enfermo, redoblaré mi trabajo.
Si siento miedo, me lanzaré adelante.
Si me siento inferior, vestiré ropas nuevas.
Si me siento inseguro, levantaré la voz.
Si siento pobreza, pensaré en la riqueza futura.
Si me siento incompetente, recordaré éxitos del pasado.
Si me siento insignificante, recordaré mis metas.

emociones

Hoy seré dueño de mis emociones.

Si se apodera de mí la confianza excesiva,
recordaré mis fracasos.
Si me siento inclinado a entregarme
con exceso a la buena vida,
recordaré hambres pasadas.
Si siento complacencia, recordaré a mis competidores.
Si disfruto de momentos de grandeza,
recordaré momentos de vergüenza.
Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento.
Si alcanzo grandes riquezas,
recordaré una boca hambrienta.
Si me siento orgulloso en exceso,
recordaré un momento de debilidad.
Si pienso que mi habilidad no tiene igual,
contemplaré las estrellas.

En definitiva, hoy seré dueño de mis emociones.

Og Mandino

La paradoja de las emociones

El mundo está lleno de energía positiva y negativa.
Las emociones son un aspecto de esto.
Por eso se establece una dicotomía entre las emociones
mal llamadas negativas y positivas.
Las emociones son, simplemente.
Lo que le da el contenido de positivas o negativas
es lo que hacemos con ellas y los resultados
que nos influyen.

El enojo, odio, temor son llamadas negativas
porque paralizan, enferman, amargan.
El amor, esperanza, afecto,
son llamadas positivas porque nos curan, nos protegen.

Ambas son parte de la energía de la vida.
Desde el principio del mundo han existido el bien y el mal.

Sin embargo, la armonía existe en todos los niveles
cuando los opuestos se integran y se equilibran
el uno con el otro para complementarse.

Siete enfoques para aprender a manejar el negativismo

1. Dejar de pensar en las “emociones negativas”.
El pensamiento y las emociones negativas
son formas de ser que se aprenden.
Nuestra sociedad nos enseña a preocuparnos,
a tener miedo y a ser negativos.
Se requiere enormes dosis de positivismo
para contrarrestar esas enseñanzas.
Pero lo bueno es que son pensamientos y
éstos dependen de nosotros y se pueden cambiar.
Por lo tanto, como no se pueden tener
dos pensamientos a la vez,
cuando te sorprendas pensando algo negativo
que te va a infundir temor o preocupación,
di “Alto” y cambia ese pensamiento por otro positivo.

2. Evita siempre los juicios.
Lo mismo que con los pensamientos,
evita juzgar a los demás o condenarlos.
Con frecuencia es mejor no decir nada
y tratar de reforzar lo positivo que vemos en los demás.
Si te esfuerzas en ver en ti y en los demás lo bueno,
pronto serás más feliz y más saludable.

3. Enciende la luz.
Tratar con emociones negativas puede asemejarse
a estar en un cuarto a oscuras.
Puedes elegir estar siempre en la penumbra,
pero si te cansas puedes encender la luz.
Se logra esto sacando del interior
cualquier emoción positiva.

4. Atiende a lo que haya de bueno y positivo.
Siempre se pone énfasis en lo que está mal
en lugar de atender lo que está bien.
Siempre hay una parte tuya que quiere estar bien.
Si alguna parte de tu mente o tu cuerpo está mal,
dale un descanso, es decir atiende por un tiempo
otras áreas con perdón y afirmaciones,
de manera que las partes sanas refuercen las más débiles.

5. Admira a alguien.
Siempre conviene tener a alguien a quien admirar.
Observa qué actitudes llevaron a esa persona
a una vida positiva y admirable.

6. Elige tus emociones.
debes tener el control de tu vida y tus emociones.
Aprende que estímulos te provocan qué reacciones
y así podrás elegir las emociones que manifiestes.
Lo creas o no tienes el poder de utilizar
tus emociones a tu favor.

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7. Aumenta tus alternativas.
Cuando te creas víctima de tus emociones negativas,
haz una lista de las otras formas en que podrías responder,
aún cuando te parezcan imposibles para tu forma de ser:
por ejemplo enfrentar la situación a pesar del miedo.
De esta forma abrirás un abanico de posibilidades
que no te atreverías ni a soñar.
Elige, elige, elige.
Tienes el poder de elegir cómo te quieres sentir.
No dejes perder este derecho.

¿Por qué?

Si no estás contento de ti,
¿quién lo estará?
Si no sientes orgullo por lo que haces,
¿quién lo sentirá?
Si no tienes respeto por tus acciones,
¿quién lo tendrá?
Si no sientes admiración por lo que emprendes,
¿quién la sentirá?
Si no das crédito a tus decisiones,
¿quién se fijará en ellas?
Si eres capaz de engañarte a ti mismo,
¿a quién no engañarás?
Si aún no has aprendido el verbo comprender,
¿cómo pretendes conjugar el verbo amar?

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Si pones hiel en las más puras emociones,
¿por qué te quejas de llevar una vida amarga?
Si destruyes todos los caminos que te traen afecto,
¿por qué lamentas la sociedad en que vives?
Si oscilas entre el pasado y el futuro,
¿cómo puedes disfrutar el presente?
Si no te dispones a perdonar las faltas ajenas,
¿con qué derecho esperas perdón para las tuyas?
Si nunca te decides a partir,
¿por qué ansías tanto llegar?
¿Por qué?