Un cuento de Bucay – La tribu
Hay una tribu, y esto es real, en el norte de África.
Dónde es costumbre que cuando alguien comete
un hecho muy grave, por ejemplo matar
a otro miembro de la tribu, se hace una junta,
una reunión de todos los jefes de la tribu.
Si lo encuentran culpable lo condenan a muerte.
Lo increíble es que la condena significa
hacerle una marca con tinta en el hombro.
Es una marca rara, que en la tribu
es el símbolo de la muerte.

A partir de ese día el condenado es alojado
en una carpa a unos diez metros de los otros,
nada más. Nadie lo toca, nadie le hace nada;
si quiere comer, come; si quiere beber, bebe;
nadie le dirige la palabra, nadie habla con él,
está muerto.
Dos meses después de la condena, el reo muere,
muere sin que nadie lo haya tocado.
Y no muere porque le pase algo en especial,
ni porque la marca sea venenosa,
muere sólo porque cree que se tiene que morir.
En esa cultura el condenado está convencido
de que se va a morir y, por supuesto, se muere,
literalmente, se muere.
Jorge Bucay
De su libro: “El Camino de las lágrimas”
Elogio de la carcajada
El buen humor es una de las grandes claves
de la realización personal.
Las risa tiene efecto sanador.
Para avanzar en el camino de la deseada auto-realización,
el tercer paso deberá ser la conquista de la necesaria
cuota de humor en su vida.
No cualquier humor, un particular, específico
y grandioso buen humor.

Es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar,
pero también es bueno ponerse una que otra vez a reflexionar
para estar seguro de no haber perdido las cosas
que el dinero no puede comprar.
Por si no le queda claro, hablo de saber vivir,
aunque sea por un minuto cada día, por encima del recuerdo
de nuestro agobiante pasado, sin estar pendiente
de las restricciones y amenazas de todos los terroristas
del mundo y de los poderes multinacionales.
Hablo de poder sonreír, aún sabiendo del duro mañana
que profetizan agoreras todas las instituciones
y los cerebros privilegiados que derraman
sobre nuestras cabezas sus terribles visiones económicas,
sociales y ecológicas.
Me refiero a levantarnos contentos cada mañana,
a pesar de las absurdas restriciones que nos imponen leyes
y reglamentaciones, que nos limitan
aunque no recordemos haberlas aceptado.
Hablo de no dejar de reírnos, a carcajadas si es posible,
aunque sea por un segundo de los hechos ciertamente triviales
de nuestro diario padecer.
Hablo de la sonrisa cómplice con Dios, con la naturaleza
o con el orden general de las cosas,
que pone al hombre por encima de su cotidianeidad,
de sus intereses momentáneos y de lo efímero
de sus frustraciones.
La risa es, y los médicos lo sabemos, una de las tres formas
probadas de producir endorfinas (ciertas sustancias
que produce cada organismo, que son específicas del cuerpo
que las elabora y que poseen un increíble efecto sanador:
reconstituyente, analgésico, anti-inflamatorio
y hasta donde sabemos con muchas acciones a favor
del sistema inmunitario, que serían capaces de protegernos
de algunos cientos de enfermedades
desde el resfrío hasta el cáncer).
Quizá porque nuestro cuerpo sabe estos datos,
aunque nuestra cabeza lo ignore, es que asociamos naturalmente
el buen humor con la fertilidad, con la evolución y con la vida.
Así como en los cuentos el héroe libera a la princesa
matando al dragón y salvando todos los obstáculos
para volver a casa triunfante; en lo cómico,
la gran heroína (la risa) nos libera a todos
de las prohibiciones de la cordura y la coherencia,
para poder volver al hogar de lo espontáneo.
El mundo para muchos incomprensible, infantil
e incorrecto de lo que nos causa gracia.
El chiste, la anécdota y la humorada siempre nos recuerdan
la necesidad de enfrentarnos con lo que no se esperaba.
El desafío de lo lógico, lo regulado y lo repetido.
Allí está lo liberador, lo creativo y disparador.
Allí está la exitosa vuelta al hogar condecorados
de nuestra sonrisa de satisfacción.
¿De qué se ríe?
“El humor nos advierte que el orden es demasiado rígido
(señala Pescetti), que determinada regla no tiene sentido,
que lo formal a veces invade nuestra actividad,
que nos hemos dejado oprimir por demasiadas preocupaciones.
Nos previene de nuestras torpezas y distracciones,
nos alerta ante la estupidez propia y ajena.
Nos ayuda a superar el dolor que algo nos provoca
y a darnos cuenta cuando estamos tomando
las cosas demasiado en serio.”
De todas las risas posibles, no me interesa la que surge
de gozar el sufrimiento ajeno.
En lo personal nunca me divierte la risa que se burla
de lo nuevo y siempre me subleva la burla que desprecia
y humilla lo diferente.
Elijo el humor de quien se ríe de lo de otros
solamente porque lo sabe igual a lo propio
y demuestra su capacidad de reírse de sí mismo.
Reírse de uno mismo enseña a gozar con las extrañas
y absurdas cosas que nos suceden.
Es la señal de la madurez que siente
el que está seguro de sí mismo.
Por eso es que lo invito a que sonría hasta que note
que su sobriedad y circunspección
han desaparecido de su vida.
Sonría hasta que provoque la sonrisa en otros.
Sonría a los tristes, a los tímidos
y sobre todo a los aburridos.
Sonría a los amigos, a los ancianos, a los jóvenes,
a su familia y a sus adversarios.
Sonría cada vez que pueda y aprenderá que nada
es capaz de arruinarle su alegría,
ni siquiera la tristeza de llorar lo doloroso.
El gran Groucho Marx escribió un breve epitafio
para que apareciera escrito en su tumba,
un mensaje dirigido a quienes lo visitarán tras su muerte.
Es una simple frase escrita en la piedra.
Dice:
Perdonen si no me levanto…
Jorge Bucay
La frontera
Aprendimos en algún momento, siguiendo los consejos de otros
(que decían que sabían), a construir una muralla imaginaria
que nos separa un poco del mundo y una barrera
que nos permitiera determinar qué cosas podían atravesar
y qué cosas no. Gracias a ellas, hemos podido mantener
hasta ahora la tibia ilusión de nuestra pequeña cuota
de control sobre el mundo y, por extensión, la vanidosa
fantasía del absoluto control sobre nuestras vidas.
Por otro lado, para confundirnos o para despertarnos
(quizá para ambas cosas), la vida nos enseña que enfrentarse
con la verdad es el más deseable de los logros,
y eso implica luchar por cancelar cualquier condicionamiento
de nuestra conducta.

¿Cuál de estos aspectos triunfará?
¿El que sostiene la frontera o el que pretende dejarse fluir?
¿Y si decido encarar el arduo camino
de sentirme uno con el universo?
¿Y si dejo de discriminarme de todo y de todos?
¿Y si ya no hubiera diferencias entre el mundo y yo?
¿Y si renuncio a establecer el límite de mi piel
como una frontera insalvable…?
¿Que podría pasar?
Confirmando el doble mensaje, a una parte de mí
le parece más atractiva la posibilidad de volverme
permeable a todo lo que suceda afuera…
pero desde otros aspectos, quizá menos seguros,
en medio de lo confuso de las preguntas y sus respuestas,
se disparan cientos de nuevas alarmas que me alertan
de los peligros de derrumbar la muralla,
me asaltan algunos temores que no conocía,
nuevas fantasías catastróficas y paralizantes,
enarboladas por la idea de que quizá yo
no pueda soportar el sufrimiento que eso podría causarme.
Si no consigo vencer este miedo, volveré al refugio
de la protegida cárcel de mi conocida personalidad
y cerraré detrás de mi puerta, de ser posible
con siete llaves, para dejar fuera el dolor,
lo desestabilizante o lo desconocido…
aún sabiendo que también le cierro la puerta
a todo lo nuevo, a todo lo creativo y a todo lo diferente…
aún comprendiendo que con ello,
termino con toda posibilidad de crecer,
porque después de todo, crecer no es otra cosa
que abandonar las seguras fronteras anteriores
para recorrer espacios diferentes
y para poder vivir nuevas experiencias.
Jorge Bucay
Qué es enamorarse?
Para amar hay que aceptar al otro tal cual es, con “defectos y virtudes”. Así como las coicidencias con tu pareja son grandiosas, las diferencias hacen crecer, aprender y respetar.
1. ¿Qué es enamorarse?
Enamorarse. El enamoramiento correspondido hace que nos sintamos felices.
Enamorarse es un estado emocional de alegría y felicidad que sentimos
cuando nos encontramos fuertemente atraídos por otra persona,
a la que idealizamos y le atribuimos toda una serie de cualidades
que en la mayoría de los casos magnificamos.
En cada persona el enamoramiento surge por causas diferentes
y específicas. Vemos en esa persona a un ser encantador
que nos cautiva por una serie de cualidades que nos gustan
y nos atraen, su manera de ser, comportarse, moverse, belleza,
inteligencia, etc. Incluso a veces no encontramos una causa objetiva
y concreta que justifique los sentimientos que experimentamos.
Cuando la persona enamorada es correspondida, siente un deseo irresistible
de estar con la otra persona, de conocerla y de ahondar en su vida.
Pero cuando esto no es así y el enamorado no es correspondido,
experimenta un sentimiento de tristeza y frustración que tendrá
que ir superando para salir de este estado.

2. Del enamoramiento al amor
El enamorado piensa que ese amor es el definitivo, único e irrepetible
y que va a perdurar siempre. Sin embargo, es tan sólo el comienzo
de un proceso que puede o no acabar en verdadero amor, y que dependerá
en gran medida del conocimiento y el trato que vaya teniendo
de la otra persona, conocer sus gustos, preferencias, objetivos etc.
Este proceso consiste en la maduración de ese amor inicial
para convertirlo en una amor sólido donde se cimiente una relación
duradera y de entrega, dando paso en muchas ocasiones a un proyecto
de vida en común o de familia.
3. Falsos enamoramientos
Con frecuencia, algunas personas confundimos el estar enamorado
con otras formas de amor o de sentimientos. Debemos tratar de
identificarlas y de diferenciarlas del verdadero enamoramiento.
Algunas de ellas son:
Cuando la persona se enamora solamente si hay un obstáculo que impide
llevar a cabo una relación, pudiendo ser este obstáculo el propio
rechazo de la persona a quien quiere conquistar, o bien la existencia
de un rival, o cuando está casada, etc. En tal caso, cuando el obstáculo
desaparece y consigue su objetivo, el amor también desaparece.
Cuando una persona se siente atraída por otra como consecuencia
de lo que tiene o representa: riqueza, poder, clase social, etc.
Es lo que llamamos el amor por interés. Personas que consiguen
sus metas a través de otros y se valoran en función
de los méritos del otro.
Personas inseguras que engañan a la persona amada para seducirla,
con cualidades que no tienen u ocultando defectos. Son personas
que conocen muy bien sus limitaciones y que saben como ocultarlas
y evitar que el otro las perciba pero, tarde o temprano salen a la luz
y es cuando empiezan las decepciones y el otro se siente engañado/a.
Tras una decepción amorosa, hay personas que quieren volver
a enamorarse para olvidar el amor que le está haciendo sufrir,
mantienen una relación con otra persona con la que se sienten
cómodos pero no enamorados, pasado cierto tiempo esta relación fracasa.
El caso de esas personas, sobre todo adolescentes, que creen estar
enamoradas de sus ídolos, sienten admiración por lo que hacen
o por como son físicamente, y lo confunden con el amor.
4. Cómo mantener el amor
Al comienzo de toda relación es bueno conocer las inquietudes,
hobbies y actividades que a cada uno le gusta hacer e intentar
respetarlas y, en la medida de lo posible, hacerlas juntos pero,
sin forzar situaciones.
No debemos olvidar que también es bueno hacer cosas individualmente
y que es un error pensar que las parejas que pasan más tiempo juntas
funcionan mejor.
En definitiva, se trata de no perder las ilusiones que siempre
habéis tenido ya que, en la medida en que uno está bien consigo mismo
lo va a estar para aportar lo mejor de sí a la relación.
Transcurrido un cierto tiempo, se pasa de la euforia del comienzo
a la tranquilidad de la vida cotidiana, después de varios años
de convivencia se produce el cansancio y el deterioro de algunas parejas
que no han puesto los medios para evitarlo y esto junto con la rutina
puede conducir al final de la relación.
Para que esto no ocurra y mantengamos la ilusión y entusiasmo,
es preciso cuidar día a día nuestra vida en común.
¿Cómo? A través de los pequeños detalles y de la comunicación,
intentando cada día un acercamiento mayor, demostrándole además
a nuestra pareja que la queremos y haciendo que se sienta feliz
a nuestro lado.
Jorge Bucay
Reflexión de fortaleza – Los otros
Cuando en otras personas encuentras virtudes o defectos,
estás viendo el reflejo de algo que navega en tu interior,
algo que duerme y se despierta sin que te des cuenta,
algo que cuando se reconoce en el espejo del mundo,
te habla con un código que percibes como emociones.
Si los atributos que hallas en otros no estuvieran ya en ti,
te sería imposible reconocerlos, porque el alma descubre
sólo aquello que ya posee.
Y esto vale para la virtud y para el defecto.
Tus ojos están separados, pero tu mirada es una sola.
Si miras bien aquello que te separa de los otros,
descubrirás lo mismo que te une a ellos:
lo que te diferencia es lo mismo que te atrae.

Lo que ves en los otros, es simétrico a lo que abunda dentro de ti,
y así como la boca de un hombre habla de lo que lleva en su corazón,
tu mirada hacia el mundo es el destello de tus espejos interiores,
donde aquello que amas y odias en las personas
es lo mismo que amas y odias en ti.
Si así no fuera, ¿para qué perderías tiempo y esfuerzo
tratando de diferenciarte de los demás?
Tus intentos de separarte son combates inútiles,
y te hunden en el sufrimiento pasivo. Ninguna flor se abre en ese jardín.
Observa: hay una moral perversa que educa a los hombres
para ver lo peor o lo mejor de sí mismos,
pero nunca las dos cosas al mismo tiempo.
Mientras insistas sobre aquello que consideras negativo
en los otros o en ti, sólo lograrás aumentar su poder sobre ti.
Si quieres matar al monstruo, déjalo morir de hambre;
no sigas nutriéndolo con la fuerza de tu pensamiento.
Más te vale seguir el ejemplo de aquello que se abre
hacia su futuro luminoso, como una flor nacida en el desierto,
que no pide permiso al destino para asomarse a la vida.
Jorge Bucay
Libro: “El Buscador”


