Poemas, relatos y cuentos

Reflexiones de vida – Cuando llegues a viejo

Cuando llegues a viejo

Es cosa estupenda ver a un viejo
que asume la segunda parte de su vida
con tanto coraje e ilusión como la primera.

Para ello tendrá que empezar por aceptar
que el sol del atardecer es tan importante
como el del amanecer y el del mediodía,
aunque su calor sea distinto.

El sol no se avergüenza de ponerse,
no siente nostalgia de su brillo matutino,
no piensa que las horas del día le estén “echando” del cielo,
no se experimenta menos luminoso ni hermoso
por comprobar que el ocaso se aproxima,
no cree que su resolana sobre los edificios
sea menos importante o necesaria
que la que hace algunas horas
hacía germinar las semillas en los campos,
o crecer las frutas en los árboles.

Cada hora tiene su gozo.
El sol lo sabe y cumple, hora a hora, su tarea…
Ah…, si todos los ancianos entendieran
que su sonrisa sobre los hombres
puede ser tan hermosa y fecunda
como ese último rayo del sol antes de ponerse !!!

José Luis Martín Descalzo

Aprende a ser Feliz – Un texto de Descalzo

Lo primero que tendríamos que enseñar a todo hombre que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia.

Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.
Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así,hay razones más que suficientes de alegría para llenar una vida de jugo y de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.

Sería también necesario decirles que no hay “recetas” para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente de la de sus vecinos.
Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir “qué” clase de felicidad es la mía propia.

Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella.

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A mí se me ocurren, así de repente,
unos cuantos:

-Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma.
-Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos.
-No tener que esperar a encontramos con un ciego para enterarnos de lo
hermosos e importantes que son nuestros ojos.
-Asumir después serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra
existencia.
-Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los
demás.
-Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías.
-Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga y a veces muy a la larga, terminará siempre por imponerse.
-En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados.
-Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos.
-Revisar constantemente nuestras escalas de valores.
-Cuidar de que el dinero no se apodera de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar de el cuando nos ha hecho sus esclavos.
-Descubrir que Dios es alegre.
-Procurar sonreír con ganas o sin ellas.

La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones
podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de hombres:

la construcción de la felicidad.

José Luis Martín Descalzo