Poemas, relatos y cuentos

Reflexión de fortaleza – Amando a mi niño (última parte)

Amando a mi niño

El camino hacia mi corazón es decirle a mi niño
que merece que se le respete,
se le ame y se confíe en él.
Saber que no tuve elecciones y que actualmente
las tengo me recuerda que dispongo de opciones
para un nuevo camino.
De niño creé todas las excusas que me dieron
para decirme que yo no podía hoy
si no puedo las justificaciones vienen de mi mismo
y muchas veces soy la última persona
en ser mi propio amigo.

niñointer

Excusas que uso para seguir abandonándome:
No puedo dejar este trabajo
porque no voy a encontrar otro.
No puedo dejar esta relación
porque nadie más se va a fijar en mí.
No puedo hacer un viaje porque no tengo dinero.

Sufriendo creo que no merezco nada mejor,
continuo esperando que el mundo cambie y me cuide.
Mi niño sigue rendido y sin control.
Mi niño desesperanzado permanecerá desamparado
hasta que le de amor, le recuerde de que mi cabeza,
mi corazón y él mismo están dentro de mí
en lugar de estar allí otros.
Dejar el dolor como forma de vida
es admitir que yo lo escojo, en lugar de amar
y cuidar a mi niño dolido.
El necesita saber que merece algo mejor.
Cuando empiezo a cuidarlo se hace más fuerte,
más confiado, pone límites.
En lugar que el mundo me diga que hay en mi interior,
estoy aprendiendo a expresarme desde dentro,
mi experiencia interna es atendida y defendida.
Aprender a amar y aceptar el amor de los demás
comienza cuando aprendo a amar mis propios sentimientos,
vivo mi propia voluntad.
Cuando tengo un conflicto intento estar allí,
siento el dolor e inicio la resolución
de encontrar mis propias opciones y sigo a mi corazón
confiando en mis alternativas, no escapando,
respondo y me siento más libre,
me vuelvo más fuerte con cada dificultad resuelta.
Acumular resoluciones es como acumular amor.
El amor abre el camino de mi mayor voluntad.

Del libro “El niño mágico que hay dentro de ti”
Bruce Davis

Reflexión de fortaleza – Amando a mi niño (3° entrega)

Amando a mi niño (III)

Esto supone dejar los hábitos de adulto
que sean una negación hacia mis sentimientos
por ejemplo sostener malas relaciones,
tener un trabajo que no me gusta, alcoholizarme.
Para eso empiezo a crear ambientes seguros
en los cuales experimento mis sentimientos,
lugares en que sienta placer,
mi cuarto, un parque,
espacios que me hagan sentir bien,
voy acumulando personas especiales,
me voy sintiendo libre, me siento yo.

niñointer

Mi niño no va a aparecer al instante
a estado demasiado tiempo olvidado,
controlado, empecemos media hora por día,
no estar siempre ocupado,
muchas veces no sabrá que hacer.
En casi todo adulto hay un niño de 4 años
que está resentido,
uno de 5 que le gustan los juguetes,
uno de 10 que extraña a su madre
otro que le gusta estar con amigos.
La experiencia del niño que tenemos dentro es infinita,
está enterrada pero necesita amor
y un espacio seguro para su crecimiento.
Debo dejar que mi niño se exprese, grite, patee,
que exprese lo que en el pasado no pudo.
No quiero que nadie me critique,
sino que me amen confiando
en que yo encuentre mi propio camino.
Mi niño necesita llorar y gritar para dejar
que los nudos de tensión de su estómago se deshagan,
necesita que le diga que lo amo,
que le respete cuando está cansado y triste,
necesita hacerse regalos.
La responsabilidad es mía, mi segunda infancia
está aprendiendo que siempre hay una alternativa,
tal vez vuelva a los viejos patrones
o puedo quedarme en mi antiguo mundo,
mi primera infancia, si no le ofrezco alternativas.
Incluso una vez que estoy establecido
en el nuevo camino, los ecos de mi pasado
me presionan para que olvide a mi niño,
las voces interiores me llenan de culpa,
seguramente cuando mi primera niñez se repita
deberé hacer un esfuerzo adicional por amar a mi niño
para que no vuelva a sus caminos dolorosos.
Pero aprender que soy yo quien tiene el control.
Mi camino es reconquistar el poder
que le di a los demás para controlar y definir mi vida.
Cuando me siento abrumado,
desesperanzado, mi niño está pidiendo atención a gritos
llorando porque sabe que merece algo mejor.
Mi niño es el que siente esto porque no tuvo opciones
para satisfacer sus necesidades
y se convirtió en alguien sin esperanzas,
en mi niñez no fui poderoso ni independiente
si otros no satisfacían mis necesidades,
simplemente me quedaba frustrado,
no sabía que merecía algo más,
aprendí maneras de satisfacer a los demás
esperando que así me darían lo que quería,
ahora deseo conocer formas de agradarme a mí mismo,
sabiendo que puedo cuidar de las necesidades
de mi propio niño.
Cuando creo que no puedo,
sé que estoy viendo el mundo
con mis antiguos ojos de la infancia,
mi niño está esperando que le diga
que merece una alternativa…

Del libro “El niño mágico que hay dentro de ti”
Bruce Davis

Reflexión de fortaleza – Amando a mi niño (2° entrega)

Amando a mi niño (II)

…En lugar de iniciar un proyecto nuevo o una relación
¿por qué no hacer un nuevo dialogo conmigo mismo?
En mi propia falta de resolución mis sentimientos
parecen estar implorando que se les tome en cuenta.
En lugar de buscar a alguien más
¿por qué no le doy al niño olvidado
lo que siempre quise para mi mismo?,
ver primero mi mundo para poder confiar y sentir.
La decisión de no alejarme de mi niño
significa un gran compromiso.
Para eso debo dejar las viejas estructuras
y empezar un nuevo camino más cercano a mi corazón,
esto depende de lo mucho que me valore a mí mismo
y del lugar que me de para que me encuentre
conmigo mismo.

niñointer

Originalmente mi niñez, mis sentimientos,
se confundieron y fueron controlados por las necesidades
de otras personas y por sus expectativas.
Ahora soy yo padre y maestro de confianza
que mi niño busca
mientras se convierte en el mismo.
Es mi decisión escuchar mis necesidades,
mis sentimientos y empezar a actuar sobre lo que anhelo.
De mi depende crear el camino de mi segunda infancia
y protegerlo hasta que pueda cuidar de sí mismo.
Cada momento en que aprendo a confiar en mi experiencia
es otro momento más cercano a mi niño,
persigo mi propio camino.
Encontrar el camino de mi corazón significa
cambiar la vida adulta que limita mi niñez…

Del libro “El niño mágico que hay dentro de ti”
Bruce Davis

Reflexión de fortaleza – Amando a mi niño (1° entrega)

Amando a mi niño

En lugar de ser educado para comprender el amor,
el éxito y la riqueza que tenía dentro,
fui educado para creer que esto
era algo que estaba afuera
en el mundo algo que yo tenía que lograr.
Esto fue lo que me controlo y me limito
a la hora de apreciarme a mí mismo.

niñointer

Mis maestros en lugar de confiar en mí y apoyarme
para que explorara, jugara y creara
cientos de modos de ser, a los 5, 9, 16 años,
estructuraron mis días para que yo aprendiera
y me comportara tal como esperaban
que lo hiciera según mi edad.
Por toda esta educación la ocasión
para descubrir mi propio camino,
mis propios límites y fronteras no es tan fácil.
Nuestras vidas están estructuradas
llenas de mandatos, casi todo el mundo
está haciendo algo para encajar
en un conjunto de categorías normalmente aceptables,
viven adaptándose continuamente o buscan otro camino,
alejándose del suyo propio.
Cuando vi esta realidad me pregunte
¿por qué no dar un primer paso por mí mismo,
cuidando al niño interior y darle lo que necesita?…

Del libro “El niño mágico que hay dentro de ti”
Bruce Davis

El Maestro

El Maestro solo llega,
cuando el aprendiz está preparado para aprender.
¿Qué podría yo enseñarte que no supieras aún?
¿Qué podrías enseñarme que no supiera yo ahora?
¡Tantas cosas!
Hay tantas cosas que no sé,
tantas cosas que no sabemos.
¿Podrías enseñarme lo que yo no quisiera,
cosas en las que yo no tengo ningún interés?
Posiblemente,
pero de seguro que así como me las enseñas,
se me borrarán, porque no les pongo atención,
porque no me interesan,
porque todavía no ha madurado en mi esa capacidad
para entender aquello con lo que me quieres aleccionar.

Entonces,
¿de qué sirve la enseñanza si yo no puedo entender
lo que me muestras?
Hay cosas que seguramente se grabarán en mi memoria
y aún cuando pase el tiempo
y ya no recordemos cómo fue que las aprendimos,
en algún momento surgirán
del arcón de los recuerdos (que ni siquiera serán recuerdos),
como algo espontáneo, como algo natural,
pero aquellas cosas por las que me interesé,
por las que pregunté hasta obtener una respuesta
que completara lo que de mi nacía como un deseo,
como una emoción, como una ansiedad,
esas cosas, no se me borrarán jamás.
Un niño con un vaso en la mano extendida
pidiendo agua a sus padres
en un día de calor es la imagen análoga, exacta,
del mismo pidiendo una respuesta que calme su sed
de conocimiento en el mundo que lo rodea.
De la misma manera en algún momento hará una pregunta
que demandará una respuesta del adulto,
entonces cuando haga la pregunta será el aprendiz,
y cuando alguien pueda responderla desde la verdad,
habrá llegado el maestro.
Hemos sido educados en la verdad de una realidad,
pero no hemos sido
preparados para enfrentarnos a la realidad de una verdad.
La verdad nunca es contemplativa ni tampoco es benévola.
La verdad es como el ardor de una llama de fuego,
todo lo que toca lo transforma para siempre,
y en esa transformación hay siempre algo de dolor.
Con el tiempo,
cuando se han superado las aflicciones
y somos más resistentes,
el dolor cede su lugar a la felicidad,
entonces comprendemos que a partir de allí
podemos ser más libres.
Hay quienes no se atreven a preguntar o a descubrir algo,
porque no se atreven a responsabilizarse del camino
que los conduce a la libertad,
pues saben intuitivamente
que antes deberán transitar el tramo del dolor
y la angustia,
más allá brilla el sol de la verdad
que con su belleza lo transforma todo
en algo más que libertad,
en algo cercano a la felicidad que
finalmente redunda en la paz.
Muchas veces nos comportamos como ese niño,
que con su pequeña voz pide agua
a un adulto,
cuando en realidad estamos preparados
para procurarnos la respuesta más adecuada
al momento en que vivimos,
a pesar del dolor que puede provocar
el encuentro con una verdad.
De cada uno depende el momento
en que expresará su duda,
en que se convertirá
en un aprendiz buscando respuesta,
encontrando maestro.
Algunos lo buscarán con rapidez,
otros lo postergarán en el tiempo,
pero todos en algún momento,
nos enfrentaremos a la realidad de una verdad
que en última instancia nos conduce a la libertad.
¿Qué podría yo enseñarte que no supieras aún?
¿Qué podrías enseñarme
que no supiera yo ahora?
Tal vez algunas cosas que achiquen la brecha
entre el dolor y la paz,
o quizás comprender que pregunta y respuesta
es la dinámica de la sabiduría
en la poética figura de maestro y aprendiz.

Miguel Angel Arcel

12