Poema de Ángeles Mastretta – Yo te deseo
Yo te deseo…
Yo te deseo la locura, el valor,
los anhelos, la impaciencia.
Te deseo la fortuna de los amores
y el delirio de la soledad.
Te deseo el gusto por los cometas,
por el agua y los hombres.
Te deseo la inteligencia y el ingenio.
Te deseo una mirada curiosa,
una nariz con memoria,
una boca que sonría
y maldiga con precisión divina,
unas piernas que nunca envejezcan,
un llanto que te devuelva la entereza.
Te deseo el sentido del tiempo
que tienen las estrellas,
el temple de las hormigas,
la duda de los templos.
Te deseo fe en los augurios,
en la voz de los muertos,
en la boca de los aventureros,
en la paz de los hombres que olvidan su destino,
en la fuerza de tus recuerdos
y en el futuro como promesa
donde cabe todo lo que aún no te sucede…
Ángeles Mastretta

Poema de arte poética – Consejo de Verlaine
Consejo de Verlaine
(contundencia espiritual de la poesía)
Adórnalas con música elocuente
a todas las poesías que elabores
si el canto de las mismas son favores
que colman a las almas indigentes.

Ejemplo de tan útil referente
lo tienes en Verlaine y sus valores
que apura a los poetas sean cultores
de obras con la música latente.
Tal genio al escribir el muy fecundo
poema “Arte Poética” nos dice
así: “Busca la música ante todo”
y otorga a la poesía de ese modo
carácter que al espíritu condice
y es causa de extensión por todo el mundo.
Juan Carlos Achiary
Poema de Mario Zegada
Poesía Neófita
Mi poesía es neófita, de barrio,
con rimas de adentro, con rimas de arrebato.

Salen poco elucubradas, impías,
muchas veces incautas, a veces, expulsadas y frías.
Siento que en mí, las rimas hierven,
que agitan irascibles mis manos,
que erosionan mis melancólicos ojos,
y que mueren en papel, cuál acto macabro.
Pero al final, ni siquiera es poesía,
es melancolía casera,
con rimas cansinas,impías,
arrebatadas… rastreras.
Mario Zegada
Poema Día del Maestro
Educar
Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino, un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.
Gabriel Celaya
Las Manos de mi Madre
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras…
¡Sólo ellas son las santas,
sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas
y querellas me sacan las espinas
y se las clavan ellas.
Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades…

¡Ellas son las celeste; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!
Para el dolor, caricias: para el pesar, unción:
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!
Alfredo Espino Ahuachapán


