Poemas, relatos y cuentos

EL HILO QUE LO CONECTA TODO

Eres el hilo que lo conecta todo, me hilvana a la música, al color, a las palabras, a los sentimientos, a la naturaleza, al pensamiento, al deseo, al espíritu.
Antes de encontrarte, yo era un ramo de cosas entremezcladas,
ahora soy una luz única en la que todo está fundido, aglutinado, amasado sin grumos, procesado, unificado en el sentido literal del término.
Diste vuelta el cielo para volcarme las estrellas.
Ovillaste el canto para atármelo al alma.
Aunque me quede quieta pongo en movimiento todo lo que construye al mundo:
ternura, alegría, amor.
Y lo que lo transforma: mareas, huracanes, hielos, fuegos, sequías…
Me voy abriendo.
Y al abrirme, me expando, crezco, llego a los confines, vuelvo y entro en mí.
En todas partes estás, precediéndome o esperándome.
Eso es lo que más amo en ti: tu puntualidad para vencer mi soledad.
Tu perseverancia para pulverizar mi pena y echarla al aire.
Tu fuerza para ocupar los espacios ambiguos que existen en un ser:
el espacio de la duda, el de la indecisión el de la inquietud, el del desgano…
Los transformaste en depósitos de vida, latidos de reserva,
semillas de tumbergias rosadas
(que ya no sé si existen estas flores cuyo nombre me enseñó Silvina Ocampo).

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No te voy a decir que es la primera vez que me enamoro, porque no es verdad.
Pero sí es la primera vez que “me enamoran”.
Que no elegí, que no ejercí el control desde el principio.
Que sucedió sin que me diera cuenta. Que cuando supe, ya lo habías resuelto.
Y empecé, entonces, a desatarme.
A abrir todas las puertas. A deshacer los nudos.
A tirar las piedras a los costados del camino. A respirar llenando los pulmones.
A desprenderme culpas y dolores,
resentimientos y rencores y dejarlos en papeleros amarillos.
Me gusta tu nombre estereofónico, tu voz vibrante y áspera… ¡bah, todo me gustas!
De pe a pa. Tu risa un poco tímida. Tus manos sensitivas.
La forma en que entornas los ojos con un movimiento casi infantil,
como si los párpados pudieran defender todo lo que se lee en ellos.
Y tu mirada rápida, directa, que se adelanta siempre a tus palabras,
como si les fuera abriendo paso. Me gusta que te importe lo que digo, lo que pienso,
lo que siento. Que tengas curiosidad por todo lo que tiene que ver conmigo.
Que estés constantemente tratando de asomarte a mi corazón.
Para que puedas espiarlo, lo dejo descubierto.
Quiero que sepas de mí más de lo que yo misma sé.
Que por una vez en mi vida alguien me explique por qué hago o digo…,
alguien me dé un consejo acertado, me haga razonar, me brinde un poco de par…,
alguien me saque del torbellino cotidiano, de la envidia de los inútiles,
del orgullo de los ínfimos y del desagradecimiento de los mendicantes.
Alguien que puede mirar de frente el rostro de los ángeles
y que hasta los conoce por sus nombres.
Alguien que guarde boletos capicúa, programas de cine,
servilletas con el nombre de las confiterías, cajitas de fósforos,
sobrecitos de azúcar de todos los lugares por donde viaja.
Alguien que conoce el nombre de las estrellas y puede señalar las constelaciones.
El hilo que lo conecta todo: cuerpo, mente y espíritu,
con la fuerza del cosmos y la vitalidad de la naturaleza.
Un hilo que me envuelve, que me hilvana al diamante y a la flor,
a la espuma del mar, al granizo, al vuelo del cóndor, al aletear mágico del colibrí,
a tu voz, a tu abrazo, a las esquirlas de tu amor cayéndome en el.

Poldy Bird

Café para Uno – Poldy Bird

Casi le pido al mozo “Dos cafés”.
Pero me dio un poco de vergüenza pensar que la gente se extrañaría
al ver la otra taza, frente a la silla vacía.
O que el mozo creyera que alguien faltó a la cita o me dejó plantada.
Así que dije: un café.

Y mientras revuelvo amorosamente la cucharita en el líquido humeante
me parece verte caminar entre las mesas sonriendo como siempre,
con tu casaca, el diario en una mano y mirando con tus ojos claros.
¿Cuánto tiempo hace que no nos encontramos?
¿Cuánto tiempo sin que alguien quiera saber cómo verdaderamente
me siento, qué me pása, cómo estoy?
Sin intentar juzgarme o reprocharme; sino simplemente entenderme.
Eso es lo que más extraño de tí: la comprensión.
Decirte todo. Confesarte aciertos y errores sin que te sobresaltes,
ni te enojes, ni me pidas explicaciones.

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Algo se apuraba en mi pecho cuando te miraba las manos, con tus dedos manchados de nicotina, sensitivas y fuertes a la vez.
Manos que no se avergonzaron de cambiar pañales, de ayudarme
a lavar platos, de traerme un pequeño regalito, sólo de recuerdos.

Todos los amigos se acuerdan de tí y te echan de menos.
Algunos siguen viniendo a casa, otros no, pero sé que se acuerdan
y siempre te van a recordar.
No es necesario que te cuente las cosas en detalle, porque estás enterado
de todo, estoy segura! Y aunque quisiera hablarte las palabras se me ahogan en ese lago que inunda mi garganta. Se hunden allí, no salen.
Yo sé que estás sereno y suelto como antes.
Estás ahí, con una paz que suelta pajaritos de luz sobre las cosas.
Y me parece que si estás ahí, nada malo podrá sucederme,
porque no dejarías que nada malo me pasara.

Como el mar contra las rocas, estallan mis recuerdos.
Y hasta la última célula de mi cuerpo se siente desamparada en tu ausencia.
Nunca nadie me hizo sentir tan protegida, nunca nadie me ha vuelto
a dar paz.
A cada recuerdo lo subraya una línea azul de llanto y me la bebo
a sorbitos con el café.
No ví en qué momento te fuiste.
No oí tus pasos alejándose.
Me sequé las mejillas con las manos, llamé almozo, pagué, respiré hondo, observé la taza solitaria y salí.
Cada tanto entro a un café y pido “Un café para uno” y te convoco,
te siento frente a mí, te arranco de ese exilio que es la muerte y por un rato creo que la silla vacía se llena con tu presencia como un sueño.

Poldy Bird

Azúcar para la suerte

Tomá. Este sobrecito de azúcar es para la suerte. No, no lo uses, no lo eches en el té, guardalo. Ponelo en un bolsillo de tu cartera, o en un cajón de la cómoda.
¿Vos no creés en estas cosas?

Si, seguro que creés.
Todos creen, aunque digan que no.
Todos hicimos alguna vez un pilato, cruzamos los dedos mientras jurábamos mintiendo.

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Pero fundamentalmente vos estás segura de que yo te comprendo, de que yo te quiero, de que somos amigas, por más que me conozcas por fotos y yo no pueda dibujar tu rostro exactamente en mi memoria, asi, con esa mirada y esa sonrisa y ese color de piel.

En realidad lo que conozco bien es tu manera de sentir: los motivos de tu insomnio, de tus lágrimas, de tus alegrías. Me parece que podria dibujar, eso, si, exactamente, tus sueños.

Y este sobrecito de azúcar que tocas aquí, en el renglon número “tanto” de esta página (cuidado, que no se rompa, va a ser como un panadero soplado en la siesta de verano, puro copito de algodón desparramado el azúcar si se cae) lo robé de la mesa de un bar para dártelo a vos.

A vos que sos de sagitario como yo, o de acuario como mi hija, o…¿de qué signo sos?

Este sobrecito de azúcar hará que todos los planetas estén bien aspectados para vos.
Que tengas tanta ganas de vivir, que nada te las pueda anestesiar.
Hará que entiendas que la libertad no es algo que nos llega de afuera, una imposición, una dádiva, un regalo, una gracia, sino que es algo que tenemos adentro, que nos pone alas en la mente y en el corazón, para que nuestras ideas y nuestros sentimientos puedan volar aunque nos tengan encadenadas a una silla, amordazadas, quietas, entre rejas, amenazadas.

Lo que sale a volar es el alma…, la que viaja es el alma, por lluvias que enhebran las cuentas del arco iris … de siete mil colores.

Y a esa alma no la hieren las mentiras, porque no le llegan. Y no la perturban las sombras, porque ella es como una invencible mariposa de luz.

Cada granito de azúcar de este sobre es una armadura para que te defienda.
Cada granito de azúcar es una hora de un recuerdo que no querés que se pierda: es un poquito de infancia en la casa de la abuela….

Y es un ratito de la noche en que nuestra prima mayor se quedaba a dormir en casa y escuchábamos embobadas sus historias de amores y de bailes girando interminablemente…

Y es mamá adornando con rositas de organza la torta de nuestro cumpleaños, cuando se cumplían los tres deseos que pedíamos al soplar las velitas…

Y es la abuela paciente enseñándonos a tejer en punto santa clara una bufanda que nos llegaba hasta los pies.

Y es la maestra de quinto grado, tan linda, tan alta, tan elegante y tierna, poniéndonos en el cuaderno un muy bien diez que despertaba el orgullo de papá.

Y es el rouge rosa claro con el que pensábamos que parecíamos más mujeres.

Y la gota de esmalte que cortaba la corrida de la media de nailon.

Y el chico que no quería dejarnos ver la película en el cine del barrio, enamorado y ávido.

Un puñadito para todos: el sello del primer voto en la libreta cívica, una manifestación disuelta con gases lacrimógenos que casi nos asfixian, los paraísos talados en toda la cuadra de casa, la sortija de casamiento, el bebe chiquitito que nos convirtió en diosas, el miedo de morirnos antes de que fuera grande y pudiera valerse por sí mismo.

Las cartas de los amigos que se fueron a vivir a otros paises, los discos de Sui Generis… Y cómo las cosas que amábamos se iban disociando: los Beatles, el cafe semanal de las cuatro mosqueteras……Qué sé yo.

Transformá cada granito de azúcar en lo que quieras.

En un recuerdo, en una persona, en una esperanza, en un regreso.
Por qué no en un regreso, si al final las historias son un poco círculos concéntricos que se van repitiendo, unidas en un punto que quién sabe cuál es.
Pero acordate que el sobrecito te lo di yo.
Que te tuve en cuenta.
Que sé que estás ahí. Que cuando escribo siempre estoy buscando algo para dejar entre tus manos.
Y vos sabes donde podés encontrarme.
Triste, o contenta, enamorada, o rota, pero cercana y tibia, y toda, toda, de verdad, en estas palabras.

Este sobrecito de azúcar guardalo bien.
Te va a dar suerte, estoy segura.

A mi una vez me regalaron uno y me dijeron lo mismo….
Y fue verdad.

Poldy Bird

Poema de fortaleza: Sobran Armas

 Sobran Armas

Si no lo digo
mis palabras se volverán grises.
 
Si me lo callo
el corazón se cerrará con llave,
ramos de sol se apagarán al viento,
y el mundo explotará si lo silencio.
 
Hay que desactivar
el llanto, la ignorancia,
la nave con plutonio,
los negociados con el hambre,
la inmutable indiferencia
frente a lo que no tiene conocida marca.
 
Hay que nombrar al niño,
a los millones de niños
que antes de dejar la niñez
se vuelven viejos.
 
Panzas con hambre,
huesos deformados
de tanto trabajar.
 
Hay que desactivar
la ambición que destruye la esperanza.
 
Está faltando amor.
Está faltando pan…
 
¡y sobran armas!
 
Poldy Bird

La huella

Por donde pases, deja una huella. Para eso,
no es necesario que pises fuerte, que te hagas notar
con autoritarismo, que trates de llamar la atención con bombos y platillos.
No…No son tus voces de mando, ni tu aspereza,
ni tu rigor lo que marcara el lugar
que has ocupado en el trabajo
o en tu casa.
Sera…eso de ti que has dado con amor:
la palabra al que necesitaba aliento,
la sonrisa al que se acercaba a ti, el consejo al que te lo pedía;
la generosidad para comprender los motivos
que llevan a algunos a cometer errores, a herir, a golpear.
Cuando no te agradece algo que has hecho por otro…
piensa que no lo has hecho con sinceridad…
pues siempre se agradece lo que es generoso, autentico.
Conozco mucha gente que solo hace favores
para que se los agradezcan,
o para pregonarlos y que digan:
“que bueno”, “que maravilla”.
Esos no dejan huellas, ni corazones
encendidos en lámpara votivas.
Para dejar una huella, hay que quedarse un poco en lo que se hace:
la tiza dibujando palabras en el pizarron
del grado, la esposa planchando la camisa
del marido, la mano apretando con tibieza la manito del hijo…
Para dejar una huella…chiquita
como una corola de violeta,
no importa su tamaño, sino el signo que indique
que pasaste por alli.

Poldy Bird.