El amor, la paz y la alegría
“Yo decreto aquí y ahora hacer reinar permanentemente
el amor, la paz y la alegría, en mí y alrededor
de mi más alto beneficio y el más alto beneficio de todos”

Es necesario sentir emociones como cuando uno está “enamorado”.
Es bueno mantener esta frecuencia de una manera “cuasi obsesiva”,
y naturalmente, obrar en consecuencia.
Se pide hacer este compromiso por un mínimo de 21 días para así crear
y activar los circuitos neuronales y energéticos necesarios.
Durante estos 21 días, cuanto más veces se repita:
“Soy Amor, Paz, Alegría”, sintiendo, al mismo tiempo,
las emociones correspondientes, manifestándolo
en nosotros mismos y en nuestro alrededor.
Los resultados serán colosales porque un individuo que vive
y vibra en alineamiento con la energía optimista
y la voluntad de no juzgar a otros contrapesará la negatividad
de muchas personas que viven en niveles más bajos de energía.
Doctor Wayne W. Dyers
Reflexión sobre optimismo – Actitud
El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades
con buen ánimo y perseverancia , descubriendo lo positivo
que tienen las personas y las circunstancias,
confiando en nuestras capacidades y posibilidades
junto con la ayuda que podemos recibir.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista
y su contraparte –el pesimismo- radica en el enfoque
con que se aprecian las cosas:
empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca
apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo
para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades;
la diferencia es mínima, pero tan significativa
que nos invita a cambiar de una vez por todas nuestra actitud.
Alcanzar el éxito no siempre es la consecuencia lógica del optimismo,
por mucho esfuerzo, empeño y sacrificio que pongamos,
algunas veces las cosas no resultan como deseábamos.
El optimismo es una actitud permanente de “recomenzar”,
de volver al análisis y al estudio de las situaciones
para comprender mejor la naturaleza de las fallas,
errores y contratiempos, sólo así estaremos en condiciones
de superarnos y de lograr nuestras metas.
Si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos,
no haría falta ser optimistas.
Normalmente la frustración se produce por un fracaso,
lo cual supone un pesimismo posterior para actuar
en situaciones similares. La realidad es que la mayoría
de nuestros tropiezos se dan por falta de cuidado y reflexión.
¿Para qué sirve entonces la experiencia?
Para aprender, rectificar y ser más previsores en lo futuro.
El optimista sabe buscar ayuda como una alternativa para mejorar
o alcanzar los objetivos que se ha propuesto, es una actitud sencilla
y sensata que en nada demerita el esfuerzo personal o la iniciativa.
Sería muy soberbio de nuestra parte, pensar que poseemos
el conocimiento y los recursos necesarios
para salir triunfantes en toda circunstancia.
Cualquiera que ha sido campeón en alguna disciplina,
llegó a colocarse en la cima por su esfuerzo, perseverancia
y sacrificio, pero pocas veces, o mejor dicho nunca,
se hace alusión a su optimismo, a esa entrega apasionada
por alcanzar su fin, conservando la confianza en sí mismo
y en las personas que colaboraron para su realización.
El optimismo refuerza y alienta a la perseverancia
El optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras,
procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades
antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio
propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo
o con una vaga idea de la administración requerida,
por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño,
ya que carece de las herramientas
y fundamentos esenciales para lograrlo.
En otras circunstancias nos engañamos e inventamos
una falsa realidad para hacernos la vida más fácil y cómoda.
Basta mencionar al estudiante que se prepara poco
y mal antes de sus evaluaciones, esperando obtener
la calificación mínima y necesaria para “salir del paso”,
sin darse cuenta que su falso optimismo
lo llevará –tarde o temprano- al fracaso.
Se podría pensar que el optimismo nada tiene que ver
con el resto de las personas, sin embargo, este valor
nos hace tener una mejor disposición hacia los demás:
cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva
y abierta; en el trabajo, una personalidad emprendedora;
en la escuela, profesores y alumnos dedicados.
Si nuestras expectativas no se cumplen,
lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar,
aprender y adaptarse con nuestra ayuda.
El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento,
para motivar, para servir.
En la amistad y en la búsqueda de pareja
también es necesario ser optimista.
Algunas personas se encierran en sí mismos
después de los fracasos y las desilusiones,
como si ya no existiera alguien más en quien confiar.
El optimismo supone reconocer que cada persona
tiene algo bueno, con sus cualidades y aptitudes,
pero también sus defectos, los cuales debemos aceptar
y buscar la manera de ayudarles a superarlos.
El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición
más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta
a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:
- Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos,
seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes.
Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.
- Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones,
en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.
- Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás,
reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación.
Esto es lo más justo y honesto.
- Aprende a ser sencillo y pide ayuda,
generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.
- No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones
a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas
no se solucionan por sí mismas.
De lo contrario es imprudencia, no optimismo.
No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien
ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo
para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño;
en los errores y equivocaciones una experiencia positiva
de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo
es la alegre manifestación del mismo, de esta forma,
las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga,
convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.
Reflexión de optimismo – El viaje
El viaje
El dolor, el sufrimiento y la miseria has de tomártelos sin seriedad;
porque cuanto más en serio te los tomes,
más difícil te resultará salir de ellos.

Cuanto menos serio seas…
podrás pasar por el sufrimiento,
por la noche oscura, cantando una canción.
Y si uno puede pasar a través de la oscura noche
cantando una canción y bailando,
¿para qué torturarse innecesariamente?
Simplemente, haz de todo este viaje,
desde ahí hasta aquí, una hermosa cuestión de risa.
Osho
Reflexión de optimismo – Un día a la vez
Un día a la vez
Cuando creas que no te queda amor para dar.
Cuando mires hacia atrás y sólo contemples
una colección de errores.
Cuando tu propio perro te ladre y te muestre sus colmillos.
Cuando no puedas evitar pensar que nada tiene remedio,
y te sientas sin ganas de volver a tener ganas…
no olvides que hubo otros antes que tú a los que
la suerte les fue esquiva.

No olvides que hubo muchos que a pesar de los pesares,
salieron adelante, que nadie tiene todas las respuestas
y conoce el final de todos los caminos.
No olvides que hay gente que se siente sola y espera
en alguna esquina encontrar alguien como tú
para sentirse comprendido y acompañado.
No olvides que detrás de la sonrisa más maravillosa,
en la mirada más brillante y serena,
se esconden sufrimientos pasados,
que ahora ya olvidados, nos muestran una persona feliz.
No olvides que eres tan importante
como tú mismo puedas creerlo,
que eres especial y eres único,
y que sólo puedes vivir un día a la vez.
Reflexión de optimismo – Las pequeñas cosas
Las pequeñas cosas
Todos tratan de realizar algo grande;
no se dan cuenta de que la vida se compone de pequeñas cosas.
Disfrutando las pequeñas cosas tal vez un día
volvamos la vista atrás y nos demos cuenta
de que eran las grandes cosas.

Ejecuta con esmero tu trabajo, aunque parezca insignificante.
Cualquier cosa que hagas, por muy trivial que la juzgues,
es un paso hacia el progreso.
Un pequeño gesto puede mejorar un ambiente,
subir el ánimo, alentar a alguien.
Un simple apretón de manos, o una palmada en el hombro,
puede hacer renacer la esperanza a alguien
que estaba por flaquear.
Seamos fieles en las pequeñas cosas que realizamos diariamente,
nos lo dice la Madre Teresa de Calcuta,
ya que allí estará nuestra fortaleza:
Seamos puntuales, fieles, leales, usemos palabras bondadosas,
mostrémonos dispuestos hacia los otros;
lo demás “viene por añadidura”.
Las pequeñas cosas, sumadas, constituyen las grandes cosas.
Son las pequeñas cosas las que pueden hacer
agradable nuestra vida y la de los demás.
Mauricio Pilleux


