Poemas, relatos y cuentos

Lo esencial en la vida

Los sentimientos verdaderos
y los dones de la naturaleza
escapan de la globalización de nuestra época,
donde, al parecer,
a todo se le puede poner un valor material.

El sol sale cada mañana
sin esperar recompensa.

Los árboles florecen en primavera
sin pasarnos la factura,
y el amor llega sin pedir nada a cambio.

No se puede pagar
por el milagro de despertar un día más.

No se le puede poner precio
a las emociones que fluyen en un encuentro,
en una conversación,
en una mirada.

No se le puede dar valor material
a una caricia de amor,
a una sonrisa sincera,
al nacimiento de un ser,
a la fuerza de los elementos,
al regalo de conocer otra persona,
a la libertad de sentir,
a la libertad de pensar,
al placer de sentirse bien con uno mismo,
al placer de estar sano.

Al parecer,
todo está en venta y todo tiene precio,
pero las realidades más simples
y más lindas de la vida siguen siendo no negociables,
siguen siendo un regalo de la vida,
un milagro
que no podemos comprar ni vender.

Juan Bonilla

Arriba, vamos que te necesitamos!

¡El mundo precisa de ti!
Hay personas calladas que precisan de alguien para conversar.
Hay personas tristes que precisan de alguien que las mime.
Hay personas tímidas que precisan de alguien
que las ayude a vencer la timidez.
Hay personas solitas que precisan de alguien para jugar.
Hay personas con miedo que precisan de alguien para darles una mano.
Hay personas fuertes que precisan de alguien que las haga pensar
en la mejor manera de usar su fuerza.

Hay personas habilidosas que precisan de alguien para ayudar
a descubrir la mejor manera de usar su habilidad.
Hay personas que juzgan que no saben hacer nada y precisan de alguien
que las ayude a descubrir cuanto saben hacer.
Hay personas apresuradas que precisan de alguien para mostrarle
todo lo que no tienen tiempo para ver.
Hay personas impulsivas que precisan de alguien que las ayude
a no lastimar a los otros.
Hay personas que se sienten de afuera y precisan de alguien
que les muestre el camino de entrada.
Hay personas que dicen que no sirven para nada y precisan
de alguien que las ayude a descubrir como son importantes.
¡Y precisan de alguien así como tú!

La belleza de la mariposa

Aquello que para la oruga es el fin del mundo, para el resto del mundo se llama mariposa.

El hombre nace como una oruga. Desafortunadamente, el hombre también muere así, muy pocos se transforman en gusanos. La larva es estática: no conoce el movimiento, se queda atascada en un punto, en un lugar, en una etapa. Muy poca gente crece hasta convertirse en gusano. El gusano comienza a moverse; entra el dinamismo. La larva es estática, el gusano se mueve. Con el movimiento se despierta la vida. Nuevamente muchos se quedan en gusanos: siguen moviéndose horizontalmente, en el mismo plano, en una sola dimensión. Raramente dan el salto cuántico y se convierten en mariposas, en un hombre como el Buda, Jalaludin Rumi, Jesús, o Kabir. Entonces interviene lo vertical. La larva es estática; el gusano se mueve, conoce el movimiento; la mariposa vuela, conoce las alturas, comienza a ascender. A la mariposa le crecen alas; esas alas son la meta. A menos que te crezcan alas y te conviertas en un fenómeno alado, no tendrás un alma.

La verdad se realiza a través de tres etapas: asimilación, independencia y creatividad. Recuerda estas tres palabras, son esenciales. Asimilación: esa es la función de la larva. Asimila el alimento, se está preparando para convertirse en un gusano. Está haciendo los preparativos, es un depósito. Cuando la energía está lista se convertirá en un gusano. Antes del movimiento, necesitarás una gran energía para moverte. El gusano es la asimilación, el trabajo hecho, consumado.

Luego comienza la segunda parte: independencia. La larva es abandonada. Ahora ya no hace falta quedarse en un sitio. Ha llegado el momento de explorar, de la aventura. La vida real comienza con el movimiento, con la independencia. La larva sigue siendo dependiente, prisionera, encadenada. El gusano ha roto las cadenas, empieza a moverse. El hielo se ha fundido, ya no está congelado. La larva es una etapa estática. El gusano es movimiento, como un río.

Y luego llega la tercera etapa, la de la creatividad. La independencia solamente ha dejado de ser significativa. Sólo con ser independiente no sentirás satisfacción. Está bien salir de la prisión, pero ¿para qué? ¿Independencia para qué? ¿Libertad de qué?

Recuerda, la libertad tiene dos aspectos: primero, libertad de, y segundo, libertad para. Mucha gente alcanza sólo el primer tipo de libertad, libertad de: libre de los padres, libre de la Iglesia, libre de la organización, libre de esto y aquello, libre de todas las prisiones. Ésta es una libertad muy negativa. Si sólo conoces la libertad de, no has conocido la libertad real, sólo el aspecto negativo. El aspecto positivo tiene que ser conocido: libertad para crear, para ser, para expresarse, para cantar tu canción, para bailar tu baile: Éste es el tercer estadio: creatividad.

Entonces el gusano se convierte en un fenómeno alado, un catador de miel, busca, descubre, explora, crea. Por eso, la belleza de la mariposa. La gente creativa es la única gente hermosa porque sólo la gente creativa conoce el esplendor de la vida: tienen ojos para ver, oídos para oír y un corazón para sentir. Están totalmente vivos, viven al máximo. Queman su antorcha por ambos lados. Su vida es intensidad, totalidad.

Osho

La más dulce de las necesidades

Los niños tienen una mirada distinta a la nuestra.
“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”.

Jean Jacques Rousseau

Por lo menos una vez al día nuestro viejo gato negro se acerca a alguno de nosotros de una manera que todos hemos llegado a reconocer como especial.

No significa que quiera que le den de comer ni que lo dejen salir, ni nada por el estilo. Lo que necesita es algo muy diferente.

Si tiene un regazo a mano, se sube a él de un salto; si no, lo más probable es que se quede ahí, con aire nostálgico, hasta que vea que hay uno preparado.

Una vez acomodado en él, empieza a ronronear antes incluso de que uno le acaricie el lomo, le rasque bajo el mentón y le diga una y otra vez que es un gato estupendo. Después, con su «motor» acelerado al máximo, se acomoda hasta encontrar la posición que le gusta y se instala. De vez en cuando, su ronroneo se descontrola y se convierte en ronquido; entonces te mira con los ojos abiertos de adoración y te dedica ese prolongado ir cerrando los ojos que es la muestra final de la confianza de un gato.

Al cabo de un rato, poquito a poco, se va quedando quieto. Si siente que todo va bien, puede ser que se quede en el regazo para echarse una cómoda siestecita. Pero es igualmente probable que vuelva a bajar de un salto y se vaya a atender sus cosas. Sea como fuere, la razón la tiene él.

—Blackie quiere que lo «ronroneen» —dice simplemente nuestra hija.

En casa no es el único que tiene esa necesidad: yo la comparto y mi mujer también. Sabemos que no es una necesidad exclusiva de ningún grupo de edad, pero aun así, como yo no sólo soy padre, sino además profesor, la asocio especialmente con los chicos, con su necesidad rápida e impulsiva de un abrazo, de un regazo acogedor, de una mano amiga, de una manta cálida, no porque nada les falte, no porque sea necesario, sino simplemente porque ellos son así.

Hay un montón de cosas que me gustaría hacer por todos los niños y, si sólo pudiera hacer una, sería ésta: asegurar a cada niño que, esté donde esté, tendrá por lo menos un buen ronroneo cada día.

Porque los niños, como los gatos, necesitan su tiempo de ronroneo.

Fred T. Wilhelms

La puntualidad

Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera.
Nicolas Boileau-Despréaux

El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.

El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.

En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da…?

Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.

Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar “sólo lo que hace falta”, en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases… pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando “despertamos” y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido.

Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.

Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten “distinguirse” por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: “si quieren, que me esperen”, “para qué llegar a tiempo, si…”, “no pasa nada…”, “es lo mismo siempre”. Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades

Para la persona impuntual los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..

Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.

La cuestión no es decir “quiero ser puntual desde mañana”, lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas…

Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:

- Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.

- Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos…

- Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.

- Implementa un sistema de “alarmas” que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles…

- Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.

Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.