Acepta los desafíos
Acepta los desafíos. Y no olvides: existen momentos en la vida
en que necesitamos más de la valentía que de la prudencia.
Ciertas decisiones deben ser tomadas al calor de la emoción.

Sin embargo, nos acostumbramos a decir:
“Hay que tener calma. Debo estar preparado para esto”.
Nadie consigue prepararse adecuadamente para nada.
Hay muchas cosas que pueden planearse, pero no siempre
resultan de la mejor manera.
Una aventura mágica -donde todo conspira para ayudarnos
a dar un gran salto sobre el abismo- siempre aparece
de improviso y desaparece con rapidez.
Su presencia fue el resultado de un trabajo invisible
que realizamos sin darnos cuenta.
Es tomarla o dejarla para siempre.
Claro que podemos caer al abismo.
Pero ¿Qué decisión, en esta vida, no implica riesgos?.
Paulo Coelho
Momento a momento
El pasado ya no existe y el futuro aún no ha llegado;
los dos se mueven en direcciones que no existen.
Uno solía existir pero ya no existe y el otro aún
no ha empezado a existir.

La única persona acertada es aquella que vive
momento a momento, aquella cuya flecha se dirige al momento,
lo que siempre está aquí y ahora. Dondequiera que esté,
toda su conciencia, todo su ser, está ocupado
en la realidad de aquí y ahora.
Esta es la única dirección correcta.
Solamente un hombre así puede entrar por la puerta dorada.
El presente es la puerta dorada.
El aquí y ahora es la puerta dorada…
y tú puedes estar en el presente solamente
si no eres ambicioso, si no hay propósito,
si no hay deseo de lograr poder, dinero, prestigio,
incluso iluminación, porque toda ambición te lleva al futuro.
Solamente un hombre no ambicioso puede permanecer en el presente.
Un hombre que quiere estar en el presente no debe pensar,
simplemente tiene que ver y pasar por la puerta.
La experiencia vendrá, pero la experiencia
no tiene que ser premeditada.
Osho
Reflexión de vida – Vergüenza
La gente suele sentir vergüenza por muchas cosas:
Por el físico, por la educación, por la forma de vestir,
por la forma de hablar, a veces por las acciones
de otras personas, a veces por las propias.
Pero la mayoría de las cosas por las que la gente siente vergüenza,
no justifican tal sensación. Uno no debería avergonzarse
por sus condiciones físicas, ni culturales, ni nada de eso.
Sólo debería sentirse algo así cuando uno daña
a alguien teniendo conciencia previa del daño que puede causar.

Debemos tener en cuenta que casi nadie nos rechazará
por ser gordos o narigones, o por no ser eruditos en algo,
o por no vestirnos a la moda…
A la gente, lo que verdaderamente le importa,
es que seamos buenas personas… con un espíritu puro,
y un proceder limpio y recto.
Si alguien nos rechazara por el físico o cualquiera
de esas cuestiones superfluas, no debemos preocuparnos:
Esa persona no vale la pena…
No, no vale la pena…
¿Con qué energía estás danzando hoy?
Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!
Isadora Duncan

La raíz de todo lo que nos sucede no es visible,
se siente en el cuerpo pero no ocurre en el cuerpo,
lo podemos pensar, pero esas imágenes
apenas representan la realidad.
Hay algo más profundo que ocurre en un mundo invisible
para nuestros sentidos. Esa es la energía que nos contiene
y donde nace lo que pensamos, lo que sentimos y lo que vemos.
Por eso, a veces, es necesario cerrar los ojos
para poder sentirla.
Porque está allí, pero todo lo demás nos distrae.
Y en ese plano, hay dos energías que danzan juntas.
Una densa, pesada y la otra liviana y brillante.
La energía del miedo y del amor. Se entrelazan,
se separan y vuelven a unirse.
Cuando hay amor, hay orden. Cuando hay miedo,
todo se desordena.
Con el amor volamos, con el miedo nos sentimos
atrapados.
Por eso, cuando algo no se ve bien o cuando
en nuestro corazón algo no se siente bien, paremos
y observemos en torno a cuál energía estamos girando.
Si estoy alrededor de la energía del miedo,
puedo estar en el paraíso, pero de todo temeré.
Si estoy en la energía del amor, hasta los habitantes
del infierno me despertarán compasión.
Nunca es el otro, nunca es el lugar,
tampoco una situación la que provoca malestar.
Todo depende de la energía que estoy usando
para danzar el baile de la vida.
Julio Bevione
Viviré este día…
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia
¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda?
Primero sellaré el contenido de la vida de manera que
ni una gota se derrame sobre la arena.
No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias
del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, pues
¿por qué debo desperdiciar en lo malo lo que es bueno?
¿Puede la arena deslizarse hacia arriba en el reloj?
¿Saldrá el sol donde se pone y se pondrá donde sale?
¿Puedo vivir de nuevo los errores de ayer y corregirlos?
¿Puedo hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas?
¿Puedo volverme más joven que ayer?
¿Puedo desdecirme del mal que he hablado,
anular los golpes que he asestado,
el dolor que he provocado?
No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él.

Viviré este día como si fuera el último día de mi existencia.
¿Y qué haré entonces?
Olvidándome del ayer, no pensaré tampoco en el mañana.
¿Por qué arrojaré el ahora detrás del quizá?
¿Puede la arena del mañana correr por el reloj antes que la de hoy?
¿Nacerá el sol dos veces esta mañana?
¿Puedo realizar las tareas del mañana mientras me hallo en la senda
del hoy?
¿Puedo poner el oro del mañana en la bolsa del hoy?
¿Puede el niño del mañana nacer hoy?
¿Puede la muerte que se producirá mañana
proyectar hacia atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy?
¿Debo preocuparme de acontecimientos que quizá nunca contemple?
¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurran?
¡No! El mañana yace sepultado con el ayer, y no pensaré más en él.
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Este día es todo lo que tengo, y estos momentos son ahora mi eternidad.
Saludo este amanecer con exclamaciones de gozo,
como a un preso al que se le conmuta la sentencia de muerte.
Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable
de un nuevo día.
Así también me golpearé el pecho con gratitud al considerar
a todos los que saludaron la salida del sol del ayer
y que hoy no figuran entre los vivos.
Soy en realidad un hombre afortunado,
y las horas de hoy constituyen algo extra, inmerecido.
¿Porqué se me ha permitido vivir este día extra, cuando otros,
mucho mejores que yo, han muerto?
¿Será acaso que han cumplido su propósito
mientras que el mío está inconcluso?
¿Es esta otra oportunidad de convertirme en el hombre
que yo sé que puedo ser?
¿Existe un propósito de la naturaleza? ¿Es este mi día para distinguirme?
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Tengo tan solo una vida, y la vida nada es sino una medida de tiempo.
Cuando malgasto una destruyo al otro.
Si malgasto el hoy destruyo la última página de mi vida.
Por lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora,
porque no retornará jamás.
No puede conservarse hoy para ser usado mañana,
¿quién puede atrapar el viento?
Asiré con ambas manos cada minuto de este día
y lo acariciaré con afecto puesto que su valor es incalculable.
¿Qué hombre moribundo puede comprar el hálito de otro
aunque esté dispuesto a dar por él todo su oro?
¿Qué valor asignaré a las horas que me quedan?
Las consideraré inapreciables.
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Eludiré con ahínco a todo aquello que mata el tiempo.
A la indecisión destruiré con la acción; sepultaré las dudas bajo la fe;
el temor destruiré con la confianza. No escucharé los labios ociosos;
no me quedaré donde hay manos ociosas;
a personas ociosas no visitaré.
De aquí en adelante sabré que el cortejar la ociosidad
equivale a robar alimentos, ropas y calor de aquellos a quienes amamos.
No soy ladrón. Soy un hombre que siente cariño en su corazón
y hoy es la última oportunidad de demostrar mi cariño y mi grandeza.
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Los deberes de hoy cumpliré hoy.
Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se habrán ido,
y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré dulcemente;
mañana ya no estará ni yo tampoco;
hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado;
mañana ya no clamará pidiendo ayuda,
ni tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré
y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar,
y no habrá nada que recibir.
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Y si es mi último día, será mi monumento más grande.
Este día haré el mejor de mi vida.
Este día aprovecharé los minutos hasta su máximo.
Lo saborearé y daré gracias.
Aprovecharé todas las horas y canjearé los minutos
solamente por algo de valor. Trabajaré con más ahínco que nunca
y exigiré a mis músculos hasta que pidan el alivio, y aún así continuaré.
Haré más visitas que nunca.
Ganaré más oro que nunca.
Cada minuto de hoy será más fructífero y fecundo
que las horas de ayer.
Mi último día deberá ser mi mejor día.
Viviré este día como si fuera el último de mi existencia.
Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias.
Og mandino


