Frase del día – 13 de octubre

13 de octubre
No le temas a la soledad… no es tan “solitaria” como estar con una persona inadecuada.
El círculo del solitario
Cuando la soledad arraiga en nuestra personalidad
puede convertirse en una cárcel psicológica que conlleva
a un proceso que puede resumirse en cuatro etapas
que forman una cadena cuyo final implica el reinicio del proceso.
1. Creencias negativas hacia si mismo.
A causa de sus fracasos pasados las personas solitarias
se ven negativamente a si mismas y están convencidas
de que fracasarán al tratar con los demás.
Tienen poca autoestima, se rebajan a si mismos,
se sienten incapaces de relacionarse.
Creen que su timidez es invencible y no pueden luchar contra ella.
Así el solitario crónico se deja arrastrar
por pensamientos negativos de sí mismo y de los demás.
Esto tiende a funcionar por profecías auto-cumplidoras.
Quien cree que va a fracasar acaba fracasando
por su falta de confianza.

2. Conducta con poca habilidad social.
El solitario tiene poca habilidad social,
le resulta difícil desplegar actividades sociales,
participar en grupos, no sabe ser agradable,
demostrar que disfruta de la compañía de los otros,
tratarlos cordialmente …
Suele comportarse de forma menos agradable
cuando está en público, se siente inseguro de si mismo,
ansioso, generalmente es poco inclinado a revelar su intimidad
y cuando la descubre se comporta de forma inapropiada,
demasiado íntimo con los de su mismo no y superficial
con el no opuesto tendiendo a refugiarse en la ironía
al tratar con los demás.
3. Rechazo de los otros.
La mala imagen del solitario, la forma de tratar
a los demás no son una buena tarjeta de presentación.
Con su forma de actuar ahuyenta a los que podrían
haber llegado a ser amigos suyos
y contribuye a que los demás no le miren bien.
4. Retirada a la soledad.
La soledad tiende a consolidarse con el tiempo
y estas personas están convencidas de que su situación
no va a cambiar. La depresión e infelicidad que acompañan
al aislamiento refuerzan las creencias negativas hacia si mismo
y reinician el proceso circular en una situación
que se realimenta a si misma.
Es importante darse cuenta del proceso
para poder iniciar el cambio e iniciar el proceso
hacia la aceptación de uno mismo,
de los demás y conseguir la felicidad.
Abraham Maslow
Cuento de vida de Poldy Bird
Soledad
La soledad no es que no haya nadie.
La soledad es ir acompañado por la calle, ver algo que nos llama la atención
y saber que uno no puede comentarlo, porque al que viene al lado no le importa,
o no escucha, o se encoge de hombros, o mira y ni siquiera se encoge de hombros.
La soledad es oír que pasan por la radio aquella vieja melodía que nos eriza la piel
y nos vuelve de dieciocho años los recuerdos…

salir corriendo para decirle: “Vení…vení a escuchar.” y que él responda ya voy…
y cuando llega al cuarto o a la cocina o al living,
allí donde lo espera tu corazón y tu impaciencia, el locutor esté diciendo:
“La melodía que acabamos de escuchar era…”
La soledad es que él haya regresado a casa,
y en vez de quedarse con vos en la cocina mientras freís las milanesas,
se vaya a leer el diario o a mirar el noticiero de T.V.
Y es que se olvide de que antes de irse a trabajar, a la mañana,
quedaron en ir al cine por la noche y al llegar por la noche se quite los zapatos,
la corbata y el saco y no mencione ni por casualidad la invitación.
La soledad es estar esperando , aunque el que esperemos esté junto a nosotros…junto,
al lado…pero no CON NOSOTROS.
Oyéndonos, no escuchándonos.
Mirándonos, pero no viéndonos.
Estando…no acompañando, ni participando, ni tratando de entender.
La soledad es querer gritar que aquí, dentro del pecho,
se revuelve un dolor formado por silencios, llantos disimulados,
preguntas sin respuesta.
Es que no podamos decir que nos va mal,
pero que tampoco podamos decir que hay una luz de entusiasmo y de ganas en nuestra vida.
Es RESIGNARSE.
Que los demás lo vean a uno como apacible y dulce.
Que piensen que esa apariencia es producto de una maravillosa paz interior,
de una sabiduría que los años han ido dejando lujosamente en nuestro ser.
La soledad es empezar a decir:
“Me da lo mismo”, o: “No te preocupes….”, cuando quisiéramos gritar:
“DEBE SER HOY Y AHORA”,
“QUIERO IR…QUIERO HACER…
QUIERO VER…QUIERO HABLAR”:
“Dios mío, quiero hablar.”
Hablar y hablar hasta decirlo todo, hasta sacarnos de adentro todas las palabras que el miedo
y la tristeza y el desgano han ido amontonando
y mutilando y nos pesan como si fueran bloques de granito…
La soledad es saber que la piedad de los demás no existe,
que la infelicidad les causa espanto y miedo porque temen que sea contagiosa…
es saber que para estar acompañados hay que bañarse, hay que peinarse bien,
vestirse cuidadosamente y parecer totalmente despreocupados y dichoso,
sin necesidades apremiantes, sin problemas…
y sin que nadie, nadie se de cuenta que estás solo.
Poldy Bird .
Cuento de Poldy Bird – Soledad
Soledad
Que palabra: soledad.

De que color la pintarías si tuvieras que ponerle un color?
Creo que no la pintaría.
No me atrevería a entristecer tanto un color,
a quitarle hasta el último aliento de su energía vital.
La soledad es un buitre
que vuela en círculos sobre nuestra cabeza. Alto.
Lejos. Al principio no la vemos..
Mientras estamos en movimiento, no se atreve a acercarse,
pero en cuanto bajamos los brazos
y nos quedamos quietos un instante…zas!..,
baja en picada, arremete contra nuestros pensamientos,
los picotea, los arranca, los tira a un costado…
Y quien querrá acercarse a nosotros,
en medio de un basural de preguntas rotas,
de palabras asfixiadas, de recuerdos gravemente heridos?
La soledad es engañosa.
Parece, cuando no la conocemos bien,
un paraíso de tranquilos aires,
un sereno lugar en el que podemos reposar
dejando de lado la mochila de las ansiedades y el cansancio…
Ah…que apacible silencio…
Ah…que oportunidad especial para poner en orden las ideas.
Para esclarecernos.
Para bucear en nuestro interior buscando el alma…
Pero no…
Es una trampa.
La noche ocupa todo; borra los rosales, mata los pájaros perdidos;
se mete en las pupilas hasta dejarnos ciegos;
se mete en los resquicios de imágenes y voces.
No nos deja nada. Ni sueños. Ni fuerzas. Ni ganas.
La garganta no quiere dar el grito para pedir ayuda.
Los brazos no se despegan del cuerpo, laxos…
La soledad nos saca las caricias de las manos.
Nos deja poco aire,
para que aparezca esa sensación de opresión en el pecho.
En un primer momento…hasta parece cómoda.
Que cómodo estar solos.
Que cómodo no tener que dar cuenta de nuestros actos.
Que cómodo no tener que compartir, ni pedir,
ni tener en cuenta a alguien más.
Que cómodo no preguntar y que no nos pregunten.
No tener horarios.
No tener que acordarse si le gusta o no le gusta…
Nos parece que la soledad es sinónimo de libertad.
Hasta que tratamos de prender la luz, y no hay luz.
Encender un fósforo, y no prende…
Esperamos la llegada de la mañana,
pero pasan las horas y las horas…y la mañana no llega.
La mañana es un resplandor allá, más allá, mucho más allá…
apenas se vislumbra…
algo levemente mas claro que la noche interminable.
La soledad nos ha atrapado.
Creímos en sus mentiras.
Nos metimos en su jardín invisible.
Nadie nos oye. Nadie nos ve.
Es tan fácil para los otros no oírnos, no vernos!
Es tan fácil para los demás darnos por desaparecidos,
tachar nuestros nombres de sus agendas,
sacarnos de la lista de invitados,
correr la silla para estar más cómodos
ocupando un pedazo de nuestro lugar…
Vamos.
No te resignes.
No te duermas.
No cedas tu espacio.
La soledad no es invencible, es maligna y frágil,
la luz le causa espanto
y se vuelve cenizas cuando la otra mano se aferra a tu mano,
ese relámpago de calor la mata. Vamos. Muévete.
Hay que correr y transportar la puerta, entrar,decir:
ya llegué!!…
Y alguien caminara hacia vos, te extenderá los brazos,
te refugiara en ellos y empezaras a hablar de cualquier cosa,
hablar, hablar, barrer los silencios,
tomar lo que te dan,
darte y haber aprendido que vivir es una batalla contra la soledad.
Y podemos vencerla.
Porque, aunque nadie responda cuando decimos “ya llegue”…
podemos inventarnos una respuesta,
traerla del pasado…
O empezar a buscarla..
POLDY BIRD
La Amistad
La amistad leal,
sincera, desinteresada,
es la verdadera
comunión de las almas…
Es mas fuerte que
el amor porque este
suele ser celoso,
egoísta y vulnerable…
La verdadera amistad
perdura y se fortalece
a través del tiempo
y la distancia…
No se necesita ver
frecuentemente al amigo
para que la amistad
perdure…
Basta saber que
este responderá
cuando sea necesario,
con un acto de
afecto, de comprensión
y aun de sacrificio…
La amistad no se
conquista… no se
impone…
Se cultiva como una
flor, se abona
con pequeños detalles
de cortesía, de ternura
y de lealtad…
Se riega con las
aguas vivas de desinterés
y de cariño silencioso…
No importan las
distancias… los
niveles sociales,
los años o las culturas…
La amistad lo
borra todo…
El recuerdo del amigo
lejano, del amigo
de la niñez o el
de la juventud…
Produce la intima
alegría de haberlos
conocido…
Nuestra vida se
enriqueció con su
contacto, por breve
que haya sido…
La felicidad
del amigo nos
da felicidad…

Sus penas se
vuelven nuestras
porque hay un
maravilloso lazo
invisible que une
a los amigos…
La amistad es bella
sobre toda
ponderación..
Para el que tiene
un amigo, no existe
la soledad…


