Reflexión de vida – El trabajo
El trabajo
¡No te contentes con pedir cosas…!
Los brazos cruzados no producen nada.
Las manos que no trabajan envejecen.
Trabaja con entusiasmo y contento,
que el mismo trabajo, con sus logros positivos,
aportará la solución de todas las dificultades.

Ama el trabajo que te ha cabido en suerte,
y verás que pronto la alegría florecerá en tu corazón.
¡Sé alegre y optimista! Cuando te diriges a tu trabajo,
hazlo con corazón alegre.
El trabajo que tú realizas es digno de tu persona.
Por más insignificante que parezca,
es de suma responsabilidad para ti y decisivo para el mundo.
No dejes de agradecer a Dios el trabajo que te proporciona
el pan de cada día.
Llega al puesto de trabajo con el corazón feliz
y el trabajo será un pasatiempo, un estimulante,
que te dará cada día inmensas alegrías.
¡Sé fiel en el cumplimiento de tus deberes!
Realiza con esmero y amor todos los trabajos que te den,
aunque parezcan insignificantes.
Cualquier cosa que hagas, por pequeña que sea,
es un paso adelante en el progreso.
Realiza todos tus trabajos,
como si todo tu futuro dependiese de ellos,
como de hecho sucede.
No juzgues poco importante tu trabajo.
En ninguna obra de arte se pueden descuidar los detalles.
Cuando los detalles son perfectos,
entonces podemos decir que una obra es de primera calidad.
No busques trabajos grandiosos y de realce.
Trata de dar cuenta integralmente del servicio pequeño
que te fue confiado.
De la perfección con que lo ejecutares,
dependerá la oportunidad para recibir
una responsabilidad mayor.
Recuerda que, desde cualquier posición que ocupes en la vida,
siempre tendrás dos niveles desde tu mirador:
los que están por encima de ti y los que están abajo.
Procura, algunas veces, colocarte en la condición
de tus jefes y otras en la de los dependientes.
Así podrás comprender, por experiencia,
los problemas que surgen de ambas partes.
Podrás, entonces, dar una ayuda válida a unos y a otros.
Carlos Torres Pastorino
Reflexión sobre el trabajo de Osho
Trabajo
Nuestro trabajo no es importante
sino el beneficio que obtenemos de él.
Y esto es poner las cosas al revés.
Nuestro trabajo debería ser lo importante,
una alegría en si mismo.
Se debe trabajar no para ser reconocidos,
sino porque se disfruta el ser creativo.

Se ama el trabajo por el trabajo mismo.
Se trabaja si eso es que uno quiere hacer.
No pidas reconocimiento.
Si éste viene, tómalo con calma.
Si no viene, no pienses sobre eso.
Tu satisfacción debe estar en el trabajo mismo.
Si todos aprenden el sencillo arte de amar su trabajo
-sea lo que sea y donde quiera, sin pedir reconocimiento-
tendríamos un mundo mejor y más festivo,
en otra forma el mundo estará atrapado
en un marco de sufrimiento.
Lo que se hace hoy no es porque se disfruta,
sino porque el mundo ofrece una recompensa,
da reconocimiento y medallas de oro.
Se ha escamoteado todo el valor intrínseco
de la creatividad y destruído a millones de gentes,
porque no se puede dar premios Nóbel a millones de personas.
Y se ha creado en todos el deseo de ser reconocidos,
así pués nadie puede trabajar en silencio y en paz,
disfrutando lo que hace
Y la vida consiste en pequeñas cosas.
Para esas pequeñas cosas no hay recompensas,
ni títulos otorgados por gobiernos, ni grados universitarios.
Cualquier hombre que tenga sentido de su individualidad,
vive para lo que ama, para su trabajo,
sin importarle lo que otros piensen de él.
Osho
Curándonos desde Adentro – Louise Hay
Con el fin de eliminar para siempre un trastorno, hemos de trabajar primero en disolver la causa mental.
He aprendido que para cada trastorno en nuestra vida hay una «necesidad»; de otra manera no lo tendríamos.
El síntoma es sólo un efecto externo.
Debemos entrar en nuestro interior para disolver la causa mental.
A esto se debe que la Voluntad y la Disciplina no funcionen, porque se limitan a luchar contra el efecto externo.
Es como cortar la mala hierba en lugar de arrancarla de raíz.
Así pues, antes de comenzar las afirmaciones de nuevas pautas de pensamiento, es necesario trabajar en la buena disposición a dejar marchar la necesidad de cigarrillos, exceso de peso o de lo que sea.
Cuando la necesidad haya desaparecido, el efecto externo también desaparecerá.

Ninguna planta puede vivir cuando se la arranca de raíz.
Las pautas mentales causantes de la mayoría de los malestares del cuerpo son la crítica, la rabia, el resentimiento y la culpa.
Si uno se entrega a la crítica durante un tiempo suficiente, suele conducir a enfermedades como la artritis.
La rabia se transforma en cosas que hacen hervir, queman e infectan el cuerpo.
El resentimiento que se alberga durante mucho tiempo se encona y corroe el yo conduciendo finalmente a la formación de tumores y cáncer.
La culpa siempre busca castigo y conduce al dolor.
Es mucho más fácil dejar marchar estas pautas de pensamiento negativas cuando estamos sanos que tratar de erradicarlas bajo la influencia del pánico y ante la amenaza del bisturí.
Hace unos años me diagnosticaron un cáncer de vagina.
No era en absoluto extraño que tuviera cáncer en la región vaginal habiendo sido violada a los cinco años de edad, y habiendo sido una niña maltratada.
Cuando se manifestó la enfermedad ya llevaba varios años como profesora de sanación, por lo cual fui muy consciente de que en ese momento se me daba la oportunidad de practicar y demostrar en mí misma lo que enseñaba a otros.
Como cualquier persona a la que se le dice que tiene cáncer, me invadió el terror.
Y sin embargo, yo sabía que la curación mental era efectiva. Consciente de que el cáncer proviene de una actitud de resentimiento muy hondo que se mantiene durante mucho tiempo hasta que literalmente corroe el cuerpo, sabía que tenía que hacer muchísimo trabajo mental.
Comprendí que si me operaban para quitarme el cáncer y no quitaba la pauta mental que lo había creado, los médicos irían cortando trozos de mí hasta que no hubiera más de mí que cortar.
Si me hacían la operación y al mismo tiempo yo quitaba esa pauta mental que lo causaba, entonces no reaparecería el cáncer.
Cuando el cáncer o cualquier otra enfermedad reaparece no creo que se deba a que el médico «no quitó todo», sino más bien a que el paciente no ha hecho ningún cambio mental y por consiguiente vuelve a crear la misma enfermedad.
También sabía que si conseguía eliminar la pauta mental que había creado el trastorno llamado cáncer, no tendrían necesidad del médico.
Me puse a trabajar con mi maestro para eliminar ese viejo resentimiento. Hasta ese momento yo no tenía el menor conocimiento de que albergaba ese profundo rencor.
Muchas veces estamos ciegos a nuestras propias pautas.
Era necesario que trabajara mucho en el perdón así como desintoxicar completamente mi cuerpo y en seis meses conseguí que los médicos estuvieran de acuerdo con lo que yo ya sabía: que ya no tenía ninguna forma de cáncer.
Sé que por muy horrible que parezca la situación, si se está dispuesto a realizar el trabajo de liberar y perdonar, se puede curar prácticamente cualquier cosa.
La palabra «incurable» que tanto atemoriza a muchas personas, en realidad sólo significa que ese trastorno en particular no se puede curar por métodos «externos» y que para efectuar la curación debemos «entrar adentro».
El trastorno se originó de la nada y volverá a la nada.
Louise Hay


