Y le rezo a tus ojos,
a tus ojos míos,
a los lejanos,
a los tristes,
a aquellos que se quedaban en horizonte
y no volvían,
a los sufrientes,
a los alegres,
a los dulces y chispeantes,
a los que me amaron y dejaron de hacerlo...
Hoy le rezo a tus ojos,
en oración suplicante,
de rodillas,
humillado,
simplemente para
que el Tiempo no
me deje estragado
y sin poder recordar su color que
es el de mi esencia...
Juan José Mestre
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