La actitud y la forma con que afrontamos las contrariedades marca la diferencia entre avanzar o quedarnos anclados en el “no se puede”, que no será posible de superar si no nos decidimos a mirarnos al espejo, para reconocer nuestras miserias pero, sobre todo, para ver nuestros propios valores, aquellos que nos empujan a la grandeza.
La actitud y la forma con que afrontamos las contrariedades marca la diferencia entre avanzar o quedarnos anclados en el “no se puede”, que no será posible de superar si no nos decidimos a mirarnos al espejo, para reconocer nuestras miserias pero, sobre todo, para ver nuestros propios valores, aquellos que nos empujan a la grandeza.