Reflexión – La desesperación
La desesperación no es un camino sin salida.
El camino sin salida es el del desanimado.
El de aquél que ha perdido el coraje de seguir peleando
porque la experiencia le ha lastimado la esperanza.
El desanimado ha perdido el sentido de la lucha.
Tal vez peor: la fuerza para luchar.
Es entonces cuando es necesario hacerlo crecer
hasta la desesperación, suscitándole la bronca.
La bronca sembrada sobre el desánimo hace nacer la desesperación.
Y la desesperación superada, eso es la esperanza.

Por eso me parece imposible suscitar la esperanza
en un desanimado a través de la compasión.
Un desanimado no necesita de la lástima.
La lástima es el reponso sobre el desanimado.
Al desanimado hay que llevarlo a la bronca,
a fin de que sacudido en su vergüenza asuma
la desesperación y la supere.
Allí, reconquistado el valor fundamental de su vida,
emprenderá la lucha. Lucha que no pondrá sus garantías
en las fuerzas personales, ni en las dotes de su naturaleza.
Porque de ellas se tiene la experiencia de su fragilidad.
Hasta cierto punto, sobre ellas el desánimo ha hecho
la amputación de su capacidad de ser garantías.
La garantía se pone sobre algo mucho más profundo
y más inagarrable. Sobre algo mucho más nuestro,
en definitiva. Sobre el misterio de nuestra propia vida.
Mi vida tiene un sentido.
El vivirlo es lo que me permitirá ser.
Esa convicción profunda es un acto profundo
de fe en sí mismo. O mejor: es algo que llevamos por dentro
y que nos puso en camino.
Creer que mi vida tiene un misterio que puede ser cumplido.
Saber que eso existe y que aunque no lo veo es lo único
que da apoyo real a mi vida y a mis opciones,
es algo que me hace superar la desesperación.
Pero insisto. Sólo la bronca puede llegar a hacernos crecer
hasta la desesperación. Esa actitud profundamente humana,
que no nos deja admitir que nuestra carezca de sentido.
Y es la fuerza que el desanimado necesita para no dejarse estar.
La desesperación no es la desesperanza.
La desesperanza es carecer de esperanza,
es la situación de no tener ya esperanza.
Mientras que la desesperación es la situación
de no tener aún esperanza y por lo tanto
la urgencia tenaz por conquistarla.
En la práctica, pienso que hay situaciones
en las que sólo nos queda una actitud humana razonable:
sembrar con fe en el surco del amor para que poco a poco
vaya creciendo la esperanza.
Mamerto Menapace
Frase del día – 27 de enero

Vives en un mundo con presagios de caos, toma la decisión de pensar en un mundo mejor.
Observa las cascadas
Si les retiramos las piedras de su camino…
perderían su canción.
Son los obstáculos que hacen que nuestras aguas prosigan.
Ninguna roca, por más dura y resistente que sea,
es capaz de detener el agua.
Esta tiene la sabiduría para controlarla
y seguir adelante… con la fuerza de la suavidad…

Nada es más suave y al mismo tiempo tan fuerte como el agua,
que fluye firme y lentamente, con la sabiduría
de tener el mismo destino del hombre: Seguir adelante
Así también es nuestra vida, los obstáculos existen
para hacernos caminar cada vez más firmes, más determinados,
totalmente entregados, confiantes en la existencia…
fe y rendición.
Por tanto, cuando el sufrimiento toque a tu puerta,
no te lamentes ni te inquietes…
sé apenas un testigo de tu dolor….
Siéntete un privilegiado porque después de las batallas,
resurge el alma
Frente a cualquier problema que te parezca sin solución,
asume una actitud inteligente a tu favor… Respira.!!
Cuando menos una persona parezca merecer tu amor,
es quizás cuando más lo necesita.
Perdona, perdona cuantas veces sea necesario…
Libera tu corazón de resentimientos, ábrete a nuevas emociones…
Sé flexible como las flores y como las mariposas
cuando enfrentan el fuerte viento… y siente todos sus perfumes.
Extiende tu mano y ofrece tu comprensión o tu amor…
Vinimos a este Planeta para aprender a Amar… Tan sólo eso.
Entonces AMA! poco o mucho, no importa.
Lo importante es Amar siempre.
Sólo el amor realiza la maravillosa magia de multiplicarse cuando es dividido.
La vida es un constante reto que hay que saber superar….pues:
“No existe el fracaso, salvo cuando dejamos de esforzarnos.”
Jean Paul Marat (1743-1793) Periodista y político francés.
Entrevista a Paulo Coelho
Sr. Coelho ¿Porque es tan difícil ser bueno y tan fácil ser malo?
No es cierto… lo que es difícil es tener la experiencia
suficiente para elegir entre el bien y el mal
¿La búsqueda de la felicidad es importante?
No creo que la felicidad sea un valor.
La considero como una tarde de domingo, algo sin interés.
Quiero aventura en mi vida, correr riesgos,
confrontarme con los obstáculos, sentir que estoy vivo

Sr. Coelho, ¿qué hay después de la muerte?
No pienses en ello..piensa que vas a morir
y tienes que vivir la vida intensamente
¿Como cambiar tanta violencia en el mundo…
si es que hay una respuesta?
Todos somos responsables, cada uno debe aportar su grano de arena
y empezar a cambiar lo que ocurre alrededor de uno mismo
¿Que le parece la Internet?, eso de llegar a todo el mundo.
Eso es libertad de la información…
y es lo que va a cambiar el mundo
¿Es mas frecuente el bien o el mal?
Es más visible el mal, por los periódicos, se habla más de él.
Pero es más frecuente el bien. Hay una cadena gigantesca de héroes
silenciosos que mantienen este mundo de pie
¿Cómo puede uno sacudirse el odio que lleva dentro?
Solamente a través del perdón.
¿Y en que se fundamenta la valentía?
No es por la ausencia de miedo… sino en la capacidad
de seguir adelante a pesar del miedo
¿El hombre es bueno?
Por supuesto que Sí
¿ Entonces cree posible en un cambio sustancial en la humanidad?
El gran cambio está en el alma del hombre
¿Como describiría usted el diablo?
Creo que la mejor descripción del diablo es la siguiente:
el diablo vive en los detalles
¿Digame en una sola palabra que le hace falta a la humanidad
hoy en día para encontrar el camino del bien?
Valentía
El llanto del desierto
Un cuento de Coelho que nos invita a reflexionar porque a veces no logramos ver más allá de nuestros problemas y encerrados nos negamos a ver la luz, la simple oración conserva siempre la esperanza de un futuro mejor.

En cuanto llegó a Marrakech, el misionero decidió que todas las mañanas
daría un paseo por el desierto que comenzaba tras los límites de la ciudad.
En su primera caminata, vio a un hombre estirado sobre la arena,
con la mano acariciando el suelo y el oído pegado a tierra.
“Es un loco”, pensó.
Pero la escena se repitió todos los días, por lo que, pasado un mes,
intrigado por aquella conducta extraña, resolvió dirigirse a él.
Con mucha dificultad, ya que aún no hablaba árabe con fluidez,
se arrodilló a su lado y le preguntó:
- ¿Qué es lo que usted está haciendo?.
- Hago compañía al desierto, y lo consuelo por su soledad y sus lágrimas.
- No sabía que el desierto fuese capaz de llorar.
- Llora todos los días, porque sueña con volverse útil para el hombre
y transformarse en un inmenso jardín, donde se puedan cultivar
las flores y toda clase de plantas y cereales.
- Pues dígale al desierto que él cumple bien su misión -comentó
el misionero-. Cada vez que camino por aquí, comprendo mejor
la verdadera dimensión del ser humano, pues su espacio
abierto me permite ver lo pequeños que somos ante Dios.
Cuando contemplo sus arenas, imagino a las millones
de personas en el mundo que fueron criadas iguales,
aunque no siempre el mundo sea justo con todas.
Sus montañas me ayudan a meditar.
Al ver el Sol naciendo en el horizonte,
mi alma se llena de alegría, y me aproxima al Creador.
El misionero dejó al hombre y volvió a sus quehaceres diarios.
Cual no fue su sorpresa al encontrarlo a la mañana siguiente
en el mismo lugar y en la misma posición.
- ¿Ya transmitió al desierto todo lo que le dije? -preguntó-.
El hombre asintió con un movimiento de cabeza.
- ¿Y aún así continúa llorando?
- Puedo escuchar cada uno de sus sollozos.
Ahora él llora porque pasó miles de años pensando
que era completamente inútil, desperdició todo ese tiempo
blasfemando contra Dios y su destino.
- Pues explíquele que, a pesar de que el ser humano tiene una vida
mucho más corta, también pasa muchos de sus días
pensando que es inútil. Rara vez descubre la razón de su destino,
y casi siempre considera que Dios ha sido injusto con él.
Cuando llega el momento en que, finalmente,
algún acontecimiento le demuestra por qué y para qué ha nacido,
considera que es demasiado tarde para cambiar de vida,
y continúa sufriendo. Y, al igual que el desierto,
se culpa por el tiempo que perdió.
- No sé si el desierto me escuchará -dijo el hombre-
El ya está acostumbrado al dolor,
y no consigue ver las cosas de otra manera.
- Entonces vamos a hacer lo que yo siempre hago
cuando siento que las personas han perdido la esperanza.
Vamos a rezar.
Ambos se arrodillaron y rezaron; uno se giró en dirección a la Meca
porque era musulmán, el otro juntó las manos en plegaria
porque era católico. Cada uno rezó a su Dios,
que siempre fue el mismo Dios, aunque las personas insistieran
en llamarlo con nombres diferentes.
Al día siguiente, cuando el misionero retornó de su caminata matinal,
el hombre ya no estaba allí. En el lugar donde acostumbraba
a abrazar la arena, el suelo parecía mojado,
ya que había nacido una pequeña fuente. En los meses subsiguientes,
esta fuente creció y los habitantes de la ciudad
construyeron un pozo en torno a ella.
Los beduinos llaman al lugar “Pozo de las Lágrimas del Desierto”.
Dicen que todo aquel que beba su agua conseguirá transformar
el motivo de su sufrimiento en la razón de su alegría ,
y terminará encontrando su verdadero destino.
Paulo Coelho
Reflexión de esperanza – Creerás
Te puede pasar…
Creerás en una persona,
creerás que es tal cual la estás imaginando,
pero ella tiene su propia forma de ser,
y aunque tenga toda la mejor intención del mundo,
se mostrará tarde o temprano, tal cual es.
No porque se estuviera ocultando,
sino porque el transcurrir de la vida la irá mostrando.

Porque aunque fuera una persona buena,
es como es, y no como tú quisieras que fuera.
Lo mismo pasa contigo, y esperas con todo tu corazón
que te vean tal cual eres, y quizás, defraudes, sin querer.
Porque la otra persona se hizo otra imagen de ti,
o porque mostrarte tal cual eres, no cabe en su ilusión.
¿Qué harás entonces si creíste en alguien?
¿Qué harás si sientes que has dado rosas
y te pueden devolver espinas?
¿Qué harás si sientes que has sido honesto
y que la otra persona no supo ver tu honestidad?
A cada momento en este peregrinar,
te encontrarás con personas que parecieran comulgar
con tus mismos intereses del corazón,
con las cuales te entusiasmará estar en contacto,
a las cuales llegarás a apreciar y desearás amar.
Pero puede pasar que ellas te desilusionen,
que tú sientas como si la relación ha fracasado,
como si no fuera posible creer,
como si la decadencia general en la interacción
fuera pan de todos los días.
Puedes sentir que en un mundo
en que todo parece moverse en un círculo de farsa,
no es posible ser sincero, ser honesto.
¿Qué harás cuando te sientes desheredado
del sentimiento fraternal o amoroso que has intentado ofrecer?
Respirar hondo, apretujar el corazón,
enjugar la lágrima que pugna por saltar, y agradecer a Dios,
al Cosmos, porque has tenido una oportunidad más para creer,
una oportunidad más para amar.
Aceptar es la mágica palabra.
Y seguir creyendo, seguir amando.
Y seguir esperanzado en que las relaciones interpersonales
se harán más blandas, más sinceras, más honestas.
Y si otra relación así se presentara, poner el alma,
poner el cuerpo, y seguir dando.
Carmen Farías
del libro Lecciones Pendientes


