Poemas, relatos y cuentos

Comprender es perdonar

Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado. En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico? Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, “arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿Qué le pasa a ese individuo?”, sino: “¿Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?”. Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “La causa de mi irritación no está en esa persona, sino en mí mismo”. Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa irritación. En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre. aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.

Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.

Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación” siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto. Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz. Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá. ¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?

Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona. seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo. Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.

Anthony De Mello

Reflexión de fortaleza – Ojalá…

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos
y la valentía de arriesgarnos a estar juntos,
porque de nada sirve un diente fuera de la boca,
ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que
recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia
o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo,
contra toda evidencia, que la condición humana
vale la pena, porque hemos sido mal hechos,
pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando
los caminos del viento, a pesar de las caídas
y las traiciones y las derrotas, porque la historia
continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós,
está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible
ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva
animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza,
nazca donde nazca y viva cuando viva,
porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

Eduardo Galeano

Puntos de fortaleza para nuestra vida diaria

Con muy pocas palabras Luise Hay
nos ayuda a encontrar el poder
dentro nuestro efectuando algunos cambios.

- Todo lo que damos recibimos.
Nosotros contribuimos a crear las experiencias
que tienen lugar en nuestra vida.
- Todo lo que pensamos va creando nuestro futuro.
Lo que creamos sobre nosotros mismos y la vida
se convierte en nuestra realidad.
Nuestros pensamientos son creativos.
- El momento de poder es siempre el presente.
- Sólo es una idea, y las ideas se pueden cambiar.
- El resentimiento, la critica y la culpa
son las actitudes más nocivas.
Liberarse de ellas puede llegar a disolver enfermedades.

Louise L. Hay

El susurro del espíritu

Hace varios años, descubrí que cada vez que yo enfrentaba
un dilema o un problema, lo mejor que podía hacer
era dejar de pensar en él y comenzar a dirigirme
al Espíritu de Dios en mí por una solución.

De modo que conseguía un lugar tranquilo, dirigía mi atención
a lo interno y entraba al silencio en mi alma.
Entonces decía: “Querido Espíritu, dime qué hacer”.
Dejaba ir mi ego, mi necesidad de luchar para encontrar
una solución y, simplemente esperaba
que la solución me fuese revelada.
A veces la solución venía en el silencio y otras,
venía como un relámpago en mi consciencia cuando estaba ocupado
en algo que no tenía nada que ver con el problema.
Yo bien podía estar jugando tenis o viendo a un paciente y, d
e repente la solución se presentaba como un destello
en la pantalla de mi consciencia, tan claramente
que sabía sin lugar a dudas qué hacer.

Desde entonces he aprendido que cuando tengo que tomar
una decisión importante, sólo necesito aquietar mi mente,
poner mi consciencia en la Presencia del Espíritu
y hacer las preguntas.
He visto suceder cosas extraordinarias.
Y gracias a mi propia experiencia,
estoy convencido de que el Espíritu es abstracto
y trascendente, pero también tiene un poder organizativo infinito.
El Espíritu puede organizar infinidad de espacio,
tiempo y acontecimientos para producir el resultado propuesto.

El Espíritu es un Campo de Energía Consciente que conecta
todo con todo lo demás y a todos con todos los demás.
De modo que me siento maravillosamente bien al saber
que sin importar lo que haga, dónde vaya o la situación,
circunstancia o dilema, siempre puedo tener mi consciencia
en la Presencia del Espíritu.

Deepak Chopra

Sembrador

Levántate, sembrador. Es la hora de que comiences la tarea.
Prende la luz de tu espíritu. Enciende el fuego de tu corazón.
Avanza firme y serenamente en tu camino.

Tus bueyes son el amor y la justicia y tu cuchilla la verdad.
Tu mano reproduzca el movimiento de tu corazón.
Tu tarea es hacer el bien; ir adelante hasta llegar a Dios.

Siembra, como Él te dijo, la Palabra del bien y del amor.
Llegará el día en que tu siembra se levante
como una bendición sobre la tierra.

Defiende a los que no pueden defenderse;
di las verdades que no están de manifiesto.

Compadécete del que te hizo daño y sufre la tortura
del arrepentimiento; perdónalo y olvida el daño que te hizo.

El odio pasa de un individuo a otro, de una generación a otra,
hasta que el perdón lo ataja y lo aniquila.
Devolver bien por mal es el mejor negocio.

Ser hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy:
este es el gran objeto de la vida.
Ayuda a los que en las tinieblas se debaten;
ablanda con tu voz sus corazones; que tu amor se derrame
y que no sepas dónde.
Que tus esperanzas partan cada día como enjambre de abejas.

¡Toda palabra de fe llene el vacío de la duda!

Que el bien salga de ti con tu palabra.
Ponla en los tristes, en los descontentos y en los que sufren.

Purifica tus oídos para escuchar a Dios, tus ojos para verlo,
tus manos para aliviar a los que te necesitan,
tu lengua para repetir sus enseñanzas.

Él pondrá en tu corazón todo el valor que hace falta
para cumplir tu destino.

Oye su voz que baja desde el cielo y sube de lo hondo.
Llénate de su palabra, y no escuches nada más.
El viento pasará sobre tu siembra y la arrebatará;
mas tú, vuelve a sembrar y no te aflijas.

Constancio Vigil

Convierte a tu mente en tu mejor amigo

Cómo cambiar tus hábitos y costumbres

La razón por la que queremos alcanzar un conocimiento
más profundo de nuestra mente es para poder entender
cómo se crean nuestros pensamientos,
y cómo se expresan en palabras y acciones.
Nuestra mente es nuestro mejor amigo
si la alimentamos sólo con pensamientos positivos,
pero se convierte en nuestro peor enemigo si le permitimos
que piense pensamientos negativos o inútiles.
Las cualidad de este “alimento” depende por completo de nosotros.
Aunque las circunstancias exteriores nos influyen
fuertemente aún así podemos convertirnos en los maestros
de nuestra mente e ir más allá de esa influencia.
Nuestro esfuerzo para lograr este estado depende
del objetivo que nos hemos fijado para nosotros mismos.
Este objetivo elevado depende de cuánto hayamos entendido
los beneficios prácticos de pensar en forma positiva.
Sin este reconocimiento básico no nos sentimos motivados
para cambiar lo necesario en nosotros.

La mente es probablemente la parte menos comprendida
del ser humano, tan poco conocida que le ha sido
muy difícil a la gente entender qué es,
cómo funciona y sobre todo, cómo controlarla.
Es sólo cuando comprendemos cómo funciona algo
que podemos tenerlo bajo nuestro control y dominarlo.
La mente no es algo material que podamos ver,
tocar o medir con instrumentos científicos.
La mente es algo invisible, pero aún así, sus efectos
se pueden ver en nuestra cara,
nuestras palabras o nuestro comportamiento.
Si, por ejemplo, nuestros pensamientos son de tristeza
aunque intentemos evitar esa tristeza
con una sonrisa artificial, tarde o temprano se hará visible
a través de los ojos de las palabras.

La mente es como el viento, invisible, no podemos verlo
pero podemos ver sus efectos.
Es como los cimientos de una casa, no podemos verlos
pero son los responsables de la estabilidad del edificio.
O es como las raíces de un árbol, están bajo tierra
y no las podemos ver, pero aún así le dan al árbol
la fuerza para soportar las tormentas.

Algo muy importante que se aplica
a muchos aspectos en la vida es:

Nuestras palabras y acciones son el espejo
de nuestros pensamientos.