Poemas, relatos y cuentos

Poema sobre el hogar: Alta costura

Alta costura

En la tela de la historia familiar,
las manos de mi madre reforzaron costuras
para que nos sostuvieran ante cualquier tirón de la vida

La costurera
La Costurera – 1859
Jean-Francois Millet

Las manos de mi madre enhebraron el hilo
que une las partes del molde sin olvidar
que cada una es distinta a la otra…
y juntas hacen el todo… como la familia …

La manos de mi madre estiraron dobladillos
para que pudiéramos crecer,
para que no nos quedaran cortos los ideales …

Las manos de mi madre zurcieron desgarros
para que volviéramos a usar el corazón
sin hilachas de resentimientos…

Las manos de mi madre unieron retazos
para que tuviéramos una manta de origen
que nos cubriera …

Las manos de mi madre aseguraron presillas y botones
para que estuviéramos unidos,
para que no perdiéramos la esperanza…

Las manos de mi madre aplicaron elásticos
para que asumiéramos con amplitud
los cambios que nos piden los años…

Las manos de mi madre bordaron maravillas
para que la vida nos sorprendiera
con sus continuas entregas de belleza…

Las manos de mi madre cosieron bolsillos
para guardar, en ellos, las monedas valiosas
de los mejores recuerdos
Y mi identidad…

Las manos de mi madre, cuando estaban quietas…
cuidaban mis sueños,
para que dieran a mi diseño su polvo de estrellas…

Las manos de mi madre me sostuvieron,
con sus hilos de maga, cuando me asomaba a la vida …
¡Para empezar a vestirla!

Las manos de mi madre nunca abandonaron su trabajo…

Y sé muy bien que hoy, donde estén,
enhebran oraciones para mi …
Y yo…
¡Yo las beso como si estrenara bendiciones!

Rosita Pedrazzini

Las Manos de mi Madre

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras…
¡Sólo ellas son las santas,
sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas
y querellas me sacan las espinas
y se las clavan ellas.

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades…

¡Ellas son las celeste; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!
Para el dolor, caricias: para el pesar, unción:
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!

Alfredo Espino Ahuachapán