Poemas, relatos y cuentos

Mensajes de tu hijo

No me consientas. Enséñame a compartir.
No temas ser firme conmigo. Lo prefiero, me hace sentir seguro.
De ser posible, no me corrijas frente a la gente.

Haré más caso si hablas conmigo en privado.
No olvides cuál es la diferencia entre errores y pecados.
No me protejas de las consecuencias.
Necesito aprender de la forma más difícil.
No le prestes mucha atención a mis pequeñas enfermedades.
Por medio de ellas a veces consigo la atención que deseo.
No me regañes. Instrúyeme y guíame.
No hagas promesas precipitadas. Recuerda que me siento
muy defraudado cuando las promesas no se cumplen.
No olvides que no puedo expresarme tan bien como deseo.
Es por esta razón que a veces no soy preciso.
No seas incongruente. Eso me confunde por completo
y me hace perder la fe en ti.
La manera más segura de hacer la cosa difícil para los hijos
es haciendo que sea más fácil para ellos.

Carta de una mamá a sus hijos

Siempre que quieren hablar de madres en la televisión
muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes,
dulces, cariñosas, sin una pizca de cansancio,
espléndidamente maquilladas y a eso agregan
maravillosas frases de posters.

¡¡Mentiras !!!

Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico
y aguerridas guerreras que todo lo pueden.
Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve,
pedimos la peridural en el parto y puteamos en 17 idiomas
cuando tenemos que poner el despertador
a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta.
Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito
que les dice “enano” o “cuatro ojos”, y les damos toda clase
de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos
tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos.
No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando
de que el pescado no tenga gusto a pescado
y disimulando las verduras en toda clase de brebajes,
en lugar de tirar un Patty a la plancha….
Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.
No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito…
Es que tenemos miedo de que se enfermen.
No es que los queramos más cuando se bañan….
Es que no queremos que nadie les diga roñosos.
No lo hacemos por Uds. Lo hacemos por nosotras.
Porque ser mamá no tiene que ver con embarazos,
pañales y sonrisas de aspirinetas.
Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma.
Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran.
NADA, nunca, jamás.
Ustedes nos hacen felices….
cuando les encantan nuestras milanesas,
cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas
de los concursos de la tele.
Cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla
y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas.
Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá.
Ustedes nos hacen mejores.
Nos dan ganas y fuerzas. Nos comeríamos un gurka crudo
antes de que les toque un dedito del pie.
Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa
de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena,
aunque nos vaya como el reverendo…
Cantamos las canciones de Chiquititas y vemos Barney
y escuchamos a Los piojos y compramos Nopucid
y repasamos 500 veces la tabla del 2 y arreglamos el carburador
para llevar a los pibes a fútbol, a inglés, a dibujo,
a la psicóloga, a basquet, a volley, a danzas,
a la casa de la amiga, a la maestra particular,
al dentista, al médico, a comprar un pantalón…
Y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas y tratamos
de que la torta parezca un Pikachu y nos buscamos otro trabajo
y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra
y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros
y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos
junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países
de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos
y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja
y la princesa de todos los cuentos….
Sólo y exclusivamente para verlos felices.
VERLOS FELICES ES LO QUE NOS HACE FELICES.
Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como el velador
que cayó en combate en la última guerra de pijamas party),
para que fuera un lugar mejor para ustedes.
Gracias por acerme su mamá. Gracias por hacerme tan importante.
Gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio
con corchitos y escarbadientes (que casi nunca entiendo
para que sirven pero guardo religiosamente),
Gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores,
los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera,
el Amoxidal, por tantas noches sin dormir, los boletines,
las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota,
por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá,
por las fotos de la primaria …..
Son mis mejores medallas. Gracias porque LOS AMO.
Y ese, es el amor que me hace grande.
Lo demás es marketing.

Isabel Allende

Reflexión sobre los niños – Yo no entiendo a la gente grande…

Una hermoso texto sobre el mundo de los adultos desde de la mirada de un niño, que nos ayuda a reflexionar sobre cuántas veces confundimos a los pequeños con nuestro escaso diálogo y actitudes poco claras.

Yo no entiendo a la gente grande

Porque tapa la luz del sol.
Quita las flores a las plantas para dejarlas marchitar en un jarrón.
Y enjaula a los pajaritos.
Porque ha pintado todas las cosas de color gris
y ha llenado el cielo de antenas y chimeneas.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque se creen importantes por el solo hecho de ser grandes.
Porque no me dejan caminar descalzo ni chapotear en la lluvia.
Porque me compran juguetes y no quieren que los use para que
No se rompan.
Yo no entiendo a la gente grande…
Porque le han puesto nombre difícil a todas las cosas sencillas.
Porque se pegan entre ellos o se pasan la vida discutiendo.
Porque quieren tener empleos importantes… y viven sentados
En una silla.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque me hacen decir versitos que no entiendo.
Porque me obligan a besar a la gente que no conozco.
Porque están siempre muy apurados y nunca tienen tiempo de
Contestar una pregunta o de contar un cuento.
Yo no entiendo a la gente grande…
Porque no les gusta sentarse en el cordón de la vereda.
Porque no sienten el placer de perder el tiempo mirando.
Alrededor y son incapaces de dar vueltas en un carrusel.
Porque cuando me porto mal me amenazan con ponerme una inyección.
Y cuando me enfermo me dicen que una inyección me va a hacer bien.
Yo no entiendo a la gente grande…
Porque quieren que coma con horarios…y no cuando tengo hambre.
Porque cuando pregunto algo, me contestan que soy muy chico…
Y cuando pido un chupete me dicen que soy un grandulón.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque siempre se hacen los lindos o los serios.
Porque dicen mentiras y ellos mismos se las creen.
Porque cada vez que me mienten me doy cuenta y sufro mucho.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque me dicen miedoso y ellos me hablaron de cucos y fantasmas.
Porque me piden que sea bueno y me regalan para jugar revólveres,
Dardos, flechas y escopetas de aire comprimido.
Porque han llenado la casa de cristales, porcelanas y cosas que se.
Rompen y ahora resulta que no puedo tocar todo lo que veo.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque perdieron la ganas de correr y saltar.
Porque olvidaron esas cosas que tanto les gustaban de chicos.
Porque antes de reírse siempre le piden permiso al reloj.

Yo no entiendo a la gente grande…

Porque cuando hago algo malo me dicen “no te quiero más”.
Y yo tengo mucho miedo que me dejen de querer en serio.

Mis manos son pequeñas y por eso se me derrama la leche
aunque no quiera.
Mis piernas son cortas, por favor, espérame y camina más despacio,
así no puedo andar contigo. No me pegues en las manos
cuando toco algo lindo y de color brillante.

Por favor, mírame cuando te hablo. Si es que me estas escuchando.

No me regañes todo el día…
Déjame equivocar sin hacerme sentir estúpido.
No esperes que el dibujo que pinte sea perfecto…
Ámame por haber tratado de hacerlo bien recuerda
que soy un niño, no un adulto pequeño…

A veces no entiendo lo que me dices.

Te quiero tanto… por favor, ámame por lo que soy,
no por las cosas que hago.

No me rechaces cuando estés molesta conmigo
y vengo a darte un beso…

Me siento solo, abandonado y con miedo.

Cuando me gritas, me asusto…
Por favor, explícame que he hecho.

No te enfades cuando en la noche las sombras
y la obscuridad me dan miedo, y me despierto y te llamo.
Tu abrazo es lo único que me devuelve la paz.

Cuando vamos a las tiendas no sueltes mi mano.

Temo perderme y que no me encuentres jamás.
Me siento muy triste cuando papá y tú discuten…

A veces pienso que es por culpa mía
y se me encoge el estómago y no sé que hacer.

Muchas veces veo que abrazas y acaricias a mi hermano…

Me regañaste cuando rompí mi juguete favorito
y me eche a llorar; yo estaba triste y peor que tu…
no lo hice a propósito y me quede sin ti.

Te molestaste porque me ensucie jugando…
Pero la sensación del barro en mis pies era tan rica
y la tarde tan linda….

Hoy te sentiste mal y yo me preocupe mucho.
Trate de entretenerte con mis juegos
y me dieron un par de nalgadas y me sacaron de tu lado…
Me fui a un rincón a llorar…

¿Que haría yo si tú te murieras?
Me meten miedo con el infierno y no sé lo que es…
Debe ser algo tan terrible como estar sin ti.
Aunque me dejaron con los tíos y la pase bien,
les eche mucho de menos toda la semana…
Ojalá no hubiera vacaciones para los papás.

¡Tengo mucha suerte entre todos los niños que hay en el mundo…
Ustedes me escogieron a mí!

Jorge Capsiski

Reflexión sobre los hijos – Enseñar

Enséñale a ser libre

Enséñale a caminar y no reproches cuando tropiece
para aprender o cuando elija caminos que no coincidan con los tuyos.
Enséñale a hablar y luego no lo reprendas
cuando deje de repetir tus palabras para pronunciar las suyas.
Enséñale a pensar y no lo condenes
cuando lo que piense no coincida con lo que piensas tú.

Enséñale a amar y no te interpongas en su camino
cuando el decida donde poner su corazón.
Enséñale a ser libre y no pretendas cortarle las alas
cuando el ensaye su propio camino…

René Trossero

Reflexión sobre hijos – Ser hombre

Hoy 19 de noviembre, les dejo una preciosa reflexión,
de cómo un padre recto aconseja a su hijo, preparándolo para la vida.

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Ser Hombre
(a mi hijo Michel, al cumplir sus quince años)

Ser hombre, hijo mío,
es pisar en las brazas del miedo
y seguir caminando.
Soportar el dolor de la carne en silencio
y aridez en los ojos,
mas dejar que las lágrimas fluyan
si el quebranto es del alma.

Es cercar el valor de prudencia
y el ardor de cautela,
sin torcer el propósito,
sin mellar al decisión forjada en el tesón,
la paciencia, la razón, la experiencia
y la meditación.

Es pasar,
-con los brazos ceñidos al cuerpo,
los labios inmóviles,
conteniendo el aliento-
junto al castillo de arena
(que es la felicidad que construyó otro hombre)
si con tu palabra,
o al extender tu brazo
pudieras derribarle.
¡Porque arruinar la dicha de tu prójimo
es más grave, peor, que introducir tu mano
en el bolsillo para robarle!

Hijo mío,
no desdeñes el oro
mas no dejes que el oro señoreé tu vida.
Acumula bastante
para no tener nunca
que extender tu mano a la piedad de otro,
y sí poder en cambio,
poner algo en la mano que hacia tí se extiende.

Y al que te pide un pan no les des un consejo.
No te juzgues más sabio que aquél que busca ayuda.
Dale apoyo y aliento y comparte su carga.
Dale tu oro y tu esfuerzo,
y después da el consejo.

Al temor no le pongas el disfraz del perdón;
el valor, hijo mío, es la virtud más alta
y confesar la culpa el supremo valor.
No eches pues en los hombros de tu hermano la carga,
ni vistas a los otros las ropas de tu error.
Es tu deber, si caes, no obstante la caída,
tu ideal y tu anhelo mantener siempre enhiestos;
y no buscar la excusa, ni encontrar la disculpa.
Los héroes, hijo mío, nunca esgrimen pretextos.

La mentira es hollín, no te manches los labios.
Y no ostentes ser rico, ser feliz o ser sabio
delante del que exhibe la llaga del fracaso.
No subleves la envidia, la admiración, los celos;
y busca la sonrisa, no busques el aplauso.

Y perdónale al mundo su error, si no valora
tus merecimentos en lo que crees que valen;
(es probable hijo mío, que el más justo evalúo
es el que el mundo hace).

Y por fin, hijo mío:
que no turbe tu sueño la conciencia intranquila;
que no mengüe tu dicha el despecho abrasivo,
ni tu audacia flaquee ante la adversidad.
No deforme tu rostro jamás la hipocresía
y no toque tu mano, tración o deslealtad.

Y aún hay más, hijo mío:
que al volver tu mirada
sobre el camino andado
no haya lodo en tus pies,
ni se encuentre en tu huella
una espiga,
una mies,
o una flor
pisoteada.

Hijo mío, es esto
lo que esa breve frase “Ser hombre”
significa.

Elías M. Zacarías