Poemas, relatos y cuentos

Reflexión sobre amistad de Poldy Bird

La amistad

Cuando rezo, mi niña, cuando le pido a Dios por vos, le digo: “Señor, haz que ame a todo el mundo, que su generosidad no sea solamente una palabra… pero que a sus amigos los elija parecidos a ella”.

Cuando se tiene un amigo para protegerlo y para darle y darle, solamente se consigue su rencor y su envidia. Los seres humanos, en general, no estamos educados ni preparados para saber recibir, y cuando nos dan nos sentimos como obligados a devolver, a sentir una gratitud excesiva, una dependencia irritante.

¿Quién es esta persona que me da sin medida, que me da porque tiene, que me da, tal vez, porque le sobra? Ayudar, sí, a todos los semejantes… pero con los amigos compartir, con los amigos tener en común, en los amigos confiar y no esperar de ellos ni que ellos esperen de vos.

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Los amigos entrañables son los de nuestra infancia, los que vivieron nuestra historia, más que los que la oyeron contadas por nosotros… son ellos los que no nos pedirán cuentas de nuestros fracasos y los que nos querrán tanto por nuestras virtudes como por nuestras imperfecciones.

Al amigo tenés que mirarlo viéndolo como es, y aceptarlo así. Y frente a él tenés que mostrarte como sos, para que te tome con todo el equipaje de cosas que llevás para vivir la vida.

No tengas un solo amigo: cada persona lleva en sí misma, como si fuera un continente, lo que ha vivido, lo que ha sentido, lo que ha sufrido, lo que ha estudiado, lo que ha descubierto.

Un amigo es un mundo maravilloso.

Y un ramo de amigos es una gran riqueza, como un prisma que proyecta infinitas luces. Cada una de esas luces será la que iluminará la franjita de sombra que algunos días dibujen en tu alma.

Están los amigos que saben acompañar en el dolor y en los momentos difíciles, los que te ponen la mano en el hombro y te dicen la cálida palabra de aliento y de cariño que se necesita en la soledad, durante el llanto, en el cansancio que a veces se produce en medio del fragor de la lucha.

Están los amigos que le tienen pánico al dolor, pero son los únicos que pueden compartir ese brillo de lentejuela de oro que tiene la alegría: los que disfrutan hondamente con tus triunfos, los que se ponen contentos con tu dicha, los que aplauden cada vez que subís un escalón en busca de tu cima… y no saben lo que es la envidia, porque realmente viven tu risa como si fuera de ellos y el olor de tus rosas impregna su corazón, con la misma intensidad con que impregnan el tuyo.

Están los amigos que te hacen soñar: esos que por la puerta de casa traen consigo las cosas hermosas del mundo; los que crean, los que descubren la primera florcita de duraznero cuando llega septiembre, los que saben hacer barquitos con papel de servilleta de bar, los que guardan piedritas de colores en sus bolsillos, y tarjetas postales en sus cajones… y ellos mismos son como tarjetas con bellas inscripciones o dibujos encantadores.

Están los que nos enseñan a pensar con cordura, a razonar cuando no podemos ser razonables.

Todo esto junto es muy difícil encontrarlo en un solo ser humano; por eso es maravillosa la posibilidad de reunirlo en un grupo de seres a quienes podés querer.

No le mientas al amigo, porque sería como mentirte a vos misma, a esa parte tuya que es un amigo.

No finjas delante de él: ¿de qué serviría que él pensara que sos otra en vez de ser Verónica? Hay tantas otras… que no es bueno que, si sos como sos, puedan confundir tus sentimientos o tu personalidad y atribuirte las virtudes de Virginia o los defectos de Malena.

Sé Verónica, la tumultuosa, la hipersensible, la siempreniña, la a veces grande, la generosa, la caprichosa… y dejás que ellos sean Federico el que cree, Mario el un poquito indiferente, Mariana, la pacificadora, Liliana la que quiere desde lejos y a veces se acerca para brindarse toda, Sandra la bullanguera…

Dos cosas les deberás siempre a tus amigos: respeto, imprescindible en toda relación, y comprensión… te diría que la comprensión es la máxima virtud que tienen las personas, la que nos hace ser más nobles, más permeables, amar más.

Los amigos nos dan el universo, nos completan, hacen que nuestros pasos dejen huellas…

¿Te acordás de aquel poemita sobre la amistad que te escribí cuando ibas a la escuela?

Acabo de encontrarlo dentro de una vieja carpeta:

Yo quiero un amigo

para compartir

lo que se comparte:

un ramo de lluvia,

un llanto, un jazmín,

la ronda en la calle.

Yo quiero un amigo

para recibir

lo que quiera darme:

una confidencia,

un globo, una risa,

un paso, una tarde.

Yo quiero un amigo

que quiera tomar

lo que le brindo

y pueda sentir

que en mi compañía

vivir es muy lindo.

En mi oración de esta noche, le diré a Dios:
“Señor, haz que su corazón sepa abrir las puertas
para que la amistad entre y se quede en ella
de ahora para siempre”.

Poldy Bird

Del libro: “Palabras para mi hija adolescente”

Reflexión de amistad de Poldy Bird

Agradezco a mi querida amiga Poldy por su sensibilidad
y su personal y maravillosa manera de contar las cosas
cotidianas.
Te quiero!

El día del amigo

El 20 de julio es el día del amigo. Miro el almanaque
y veo un cuadradito chiquito que encierra un número.
Entonces imagi­no que el cuadradito crece, crece,
se trans­forma en la manzana de la casa
en que vivía cuando era niña, crece un poco más
y se transforma en la plaza por la que mis pasos adolescentes
cruzaban siempre apu­rados por llegar al encuentro…
y crece más, mucho más… y se convierte en el mundo…
el mundo que fui recorriendo a través de los años
y que me dio tantas cosas y me quitó tantas otras…

En el almanaque, el día del amigo ten­dría que ser un círculo infinito
y no un cuadradito.

Porque la amistad no es un encierro li­mitado por cuatro lados,
sino una apertu­ra permanente, un universo que se abre
para que el sentimiento vuele, pájaro lumi­noso,
y para que todo lo que somos y lo que tenemos
se multiplique en un sinfín de espejos milagrosos.

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Soy tu amiga y te quiero porque una vez me prestaste tu pañuelo
para secar mi llanto y nunca me pediste que te lo de­volviera.

Soy tu amiga y te quiero porque mu­chas veces tendiste
hasta mí tu interés, como un puente invisible,
para que las pa­labras de mi confidencia fueran desde mi voz
hasta tu pensamiento con la confiada desnudez de un jazmín…
y las recogiste cariñosamente, haciendo con ellas un ra­mito
de recuerdos, sin olvidarlas nunca.

Y porque me abriste la puerta de tu corazón sin esconder nada
de lo que tenías dentro de él, y me dejaste tocar la traslú­cida piel
de tu alegría y tu esperanza sin ponerte en guardia,
con esa generosidad temeraria que da la confianza.

Soy tu amiga y te quiero porque com­prendiste
mis temores y mis debilidades.

Porque me permitiste conocer tus temores y tus debilidades.

Porque nada de lo mío te ha resultado jamás indiferente.

Porque no te erigís en juez para juzgar mis actos,
sino que te ponés de mi parte, defendiéndome ante los demás,
aunque a veces no estés de acuerdo con mis convic­ciones
o mi manera de encarar las cosas.

Soy tu amiga y te quiero porque, sin que nadie nos vea,
me has quitado la venda de los ojos y me has hecho ver la realidad.

Porque podemos compartir la palabra “compartir”.

Porque no nos sonrojamos cuando deci­mos que
lo más importante en la vida es el amor.

Porque guardamos boletos capicúa, flor­citas secas
entre las páginas de los libros, porque subrayamos las frases
que nos con­mueven, sabemos de memoria
las letras de algunos boleros, vimos ocho veces
Hiroshi­ma mon amour y lloramos cada vez que pasan
Casablanca por televisión.

Y, fundamentalmente, porque aunque no nos veamos
ni nos hablemos por un tiempo,
estás cuando te necesito y estoy cuando sé que me necesitas.

Poldy Bird
Del libro “Ventanas”

Reflexión de amistad – Algunas amistades son eternas

Algunas amistades son eternas

Algunas veces encuentras en la vida
una amistad especial:
ese alguien que al entrar en tu vida
la cambia por completo.
Ese alguien que te hace reír sin cesar;
ese alguien que te hace creer que en el mundo
existen realmente cosas buenas.
Ese alguien que te convence
de que hay una puerta lista
para que tú la abras.
Esa es una amistad eterna…

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Cuando estás triste
y el mundo parece oscuro y vacío,
esa amistad eterna levanta tu ánimo
y hace que ese mundo oscuro y vacío
de repente parezca brillante y pleno.
Tu amistad eterna te ayuda
en los momentos difíciles, tristes,
y de gran confusión.
Si te alejas,
tu amistad eterna te sigue.
Si pierdes el camino,
tu amistad eterna te guía y te alegra.
Tu amistad eterna te lleva de la mano
y te dice que todo va a salir bien.

Si tú encuentras tal amistad
te sientes feliz y lleno de gozo
porque no tienes nada de qué preocuparte.
Tienes una amistad para toda la vida,
ya que una amistad eterna no tiene fin.

Laurieann Kelly

Reflexión de amistad – Amigos o cuando…

Cuando a uno le gusta la gente…

El ser humano es un ser inabarcable. Es fascinante,
no hay manera de entenderlo a fondo.
A veces, quisiera acercarme a todos ellos,
apelar a su corazón. Y sin embargo, sé de sobra
que no hay encuentro, no hay relación que conozca
la perfección al respecto.
Todo es provisional, una felicidad pasajera,
sobre la cual hay siempre nubarrones.

Cuando a uno le gusta la gente…
ahí está la gran alegría de la vida. Y no tanto
por el “embalaje”, ocasional agradable de tales seres,
sino sobre todo por el secreto,
el prodigio, lo infinito que subyace profundamente
en cada ser humano. Y también por la amistad.

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Los seres humanos han de reconciliarse,
ser verdaderos amigos.
Un amigo es alguien que quiere recorrer conmigo
por un rato, el mismo camino.
Ya no estoy solo.
Los amigos no miran tanto su propio interés,
sino que miran comúnmente,
en la misma dirección.
Los verdaderos amigos no se encadenan mutuamente.
Tal sería la muerte de toda amistad.
No, los amigos se liberan mutuamente.

“No es el regalo, sino la amistad lo que importa”.

Phil Bosman

Reflexión de amistad – Cómo debe ser un amigo?

Cómo debe ser un amigo

Encontrar a personas no es difícil,
lo difícil es encontrar a alguien que te quiera por lo que eres,
que comprenda lo que tú sientes
y que no dude de lo que le dices.
Un amigo te apoya cuando te ve en problemas,
un amigo te consuela cuando sufres
y dice palabras que salen de su corazón.

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A un amigo no le debe importar en que posición económica estés,
ni tampoco quién sea más inteligente
o tenga más habilidades para tener
y hacer las cosas, además nunca debe tenerte envidia,
porque si te aprecia sabrá que lo que tienes
no es porque tú lo elegiste, sino una causa del destino.
Nunca debe sentirse superior,
porque él debe comprender que nadie es más ni menos que nadie.
El tronco más grande de una amistad es la confianza,
la sinceridad, la honestidad, el amor y el apoyo,
que entre otras cosas hacen de la vida un placer
que queda siempre en la memoria hasta el último día de nuestra vida,
en la que podemos reconocer el valor de un verdadero amigo
que siempre ha sido incondicional en todo.
Que tu amigo, en tus errores, te muestre su perspectiva
y un consejo de lo que puedes hacer,
que nunca te obligue a nada,
que no te manipule para su conveniencia,
y que al verte en un verdadero problema no te deje solo;
y si es uno de esos problemas en los que tú no quieras ver la salida,
él te la dará la solución aunque tú no quieras y te enfurezcas,
pues a él le preocupas,
y prefiere que te enojes con él a verte sufriendo siempre.
Entonces, si te fijas, no todas estas características las tienen todos,
y aunque a veces encuentres a malas amistades, aunque no lo creas,
esto tiene un fin: no es que tengas mala suerte,
sino que debes conocer lo malo
para que cuando encuentres a ese ser especial
que se acople a ti no lo dejes ir.
No busques a tu amigo especial, porque a veces lo tienes al lado de ti
y ni cuenta te has dado, la amistad es como el amor,
no siempre tienes que buscarlo, sino que a veces viene y se va solo.
Otra cosa tienen en común, y es que el amor necesita de la amistad,
porque un amor que antes no tuvo una amistad bella,
termina antes de que te des cuenta,
y para tener un amor que dure por siempre tiene que tener
una convivencia como lo es la amistad.

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