Comprender es perdonar
Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado. En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico? Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, “arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿Qué le pasa a ese individuo?”, sino: “¿Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?”. Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “La causa de mi irritación no está en esa persona, sino en mí mismo”. Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa irritación. En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre. aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.
Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.
Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación” siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto. Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz. Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá. ¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?
Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona. seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo. Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.
Anthony De Mello
Acumular
Cuando el gorrión hace su nido en el bosque
no usa más que una rama.

Cuando el ciervo apaga su sed en el río,
no bebe más que lo que le cabe en la panza.
Nosotros acumulamos cosas porque tenemos el corazón vacío.
Anthony de Mello
El apego
El apego
Un pájaro herido no puede volar, pero un pájaro que se apega
a una rama de árbol, tampoco.
¡Deja de apegarte al pasado!

Dice el proverbio hindú:
“El agua se purifica fluyendo; el hombre, avanzando.”
El mundo está lleno de sufrimiento; la raíz del sufrimiento
es el apego; la supresión del sufrimiento
significa la eliminación, el abandono de los apegos.
Hay un deseo común, que es el cumplimiento
de lo que se cree que va a dar felicidad al yo, al ego.
Ese deseo es apego, porque ponemos en él
la seguridad, la certeza de la felicidad.
Es el miedo el que nos hace desear la felicidad,
y ella no se deja agarrar.
Ella es. Esto sólo lo descubrimos observando,
bien despiertos, viendo cuándo nos mueven los miedos
y cuándo nuestras motivaciones son reales.
Si nos aferramos a los deseos, es señal de que hay apego.
¿Abandonar los apegos significa apartarse del mundo material?
La respuesta es: ¡No!
Uno usa el mundo material, uno goza el mundo material,
pero no debe hacer depender su felicidad del mundo material.
¿Está esto suficientemente claro?
Uno comienza a gozar las cosas cuando está desapegado,
porque el apego produce ansiedad.
Si estás ansioso cuanto te aferras a algo,
difícilmente podrás gozarlo.
Por lo tanto, lo que te propongo no es una renuncia al goce:
es una renuncia a la posesividad, a la ansiedad,
a la tensión, a la depresión frente a la pérdida de algo.
¿De dónde crees que provienen todos los conflictos?
De los apegos.
¿De dónde crees que proviene el sufrimiento?
De los apegos.
¿De dónde crees que proviene la soledad?
De los apegos.
¿De dónde crees que proviene el vacío?
Tú lo sabes: el origen es el mismo.
¿De dónde crees que provienen los temores?
También de los apegos. Sin apego no hay temor.
¿Lo pensaste alguna vez?
Sin apego no hay temor.
Anthony de Mello
Reflexión de vida – Saber aceptar
Saber aceptar
¿Se puede decir que en estos últimos días no te has sentido
como una persona libre y feliz, sin problemas ni preocupaciones?
¿No te has sentido así?
Pues estás dormido.

¿Qué ocurre cuando estás despierto?
No cambia nada, todo ocurre igual, pero tú eres el que ha cambiado
para entrar en la realidad. Entonces lo ves todo claro.
Le preguntaron a un maestro oriental sus discípulos:
“¿Qué te ha proporcionado la iluminación?”
Y contestó:
“Primero tenía depresión y ahora sigo con la misma depresión,
pero la diferencia está en que ahora no me molesta la depresión.”
Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio,
ni como esfuerzo, sino por iluminación.
Aceptarlo todo porque lo ves claro
y ya nada ni nadie te puede engañar. Es despertar a la luz.
El dolor existe, y el sufrimiento sólo surge cuando te resistes al dolor.
Si tú aceptas el dolor, el sufrimiento no existe.
El dolor no es inaguantable, porque tiene un sentido comprensible
en donde se remansa. Lo inaguantable es tener el cuerpo aquí
y la mente en el pasado o en el futuro.
Lo insoportable es querer distorsionar la realidad, que es inamovible.
Eso sí que es insoportable.
Es una lucha inútil como es inútil su resultado:
el sufrimiento.
No se puede luchar por lo que no existe.
No hay que buscar la felicidad en donde no está,
ni tomar la vida por lo que no es vida,
porque entonces estaremos creando un sufrimiento
que sólo es el resultado de nuestra ceguera y, con él,
el desasosiego, la congoja, el miedo, la inseguridad…
Nada de esto existe sino en nuestra mente dormida.
Cuando despertemos, se acabó.
Anthony de Mello
Reflexión – El amor esa maravilla
No sé si a ustedes les pasará lo mismo al leer este texto, pero realmente creo que es una joya y nos permite aprender algo muy importante sobre el amor.
El amor, esa maravilla
Cuando se te dio el regalo de la vida humana, se olvidaron de darte un manual
de instrucciones. Algunos no lo necesitan.
Pero a otros se les ha dado equivocado.
Estos últimos ven la vida como algo que los angustia, los llena de ansiedad,
de miedos y deseos. Esto es el resultado del manual
que les ha proporcionado su cultura.

No es la naturaleza la causa del sufrimiento, sino el corazón del hombre lleno
de deseos y de miedos que le inculca su programación desde la mente.
La felicidad no puede depender de los acontecimientos.
Es tu reacción ante los acontecimientos lo que te hace sufrir.
Naces en este mundo para renacer, para ir descubriéndote
como un hombre nuevo y libre. La atracción que brota de nosotros no es amor.
Eso que llamamos amor es un gusto por sí mismo, un negocio de toma y daca,
y de condicionamientos: tanto como me ames te amaré.
Es una dependencia, una necesidad de lograr una felicidad
que nos reclama desde dentro
(porque nosotros somos felicidad y hemos nacido para ser felices),
pero nuestra propia inseguridad hace que la reclamemos al exterior
y lo hagamos con exigencias, compulsivamente y con miedo de que se escape.
Lo manifestamos con un deseo de posesión, de controlar al otro, de manipularlo,
de apegarnos a él, por la ilusión de creer que, sin él,
ya no podremos ser felices.
Cuando amas de verdad a una persona,
ese amor despierta el amor a tu alrededor.
Anthony de Mello


