Poemas, relatos y cuentos

Un cuento de Bucay – La tribu

Hay una tribu, y esto es real, en el norte de África.
Dónde es costumbre que cuando alguien comete
un hecho muy grave, por ejemplo matar
a otro miembro de la tribu, se hace una junta,
una reunión de todos los jefes de la tribu.

Si lo encuentran culpable lo condenan a muerte.
Lo increíble es que la condena significa
hacerle una marca con tinta en el hombro.
Es una marca rara, que en la tribu
es el símbolo de la muerte.

A partir de ese día el condenado es alojado
en una carpa a unos diez metros de los otros,
nada más. Nadie lo toca, nadie le hace nada;
si quiere comer, come; si quiere beber, bebe;
nadie le dirige la palabra, nadie habla con él,
está muerto.

Dos meses después de la condena, el reo muere,
muere sin que nadie lo haya tocado.
Y no muere porque le pase algo en especial,
ni porque la marca sea venenosa,
muere sólo porque cree que se tiene que morir.

En esa cultura el condenado está convencido
de que se va a morir y, por supuesto, se muere,
literalmente, se muere.

Jorge Bucay
De su libro: “El Camino de las lágrimas”

Cuento sobre el perdón

El hombre que perdonaba

Hace muchos años, vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar
a todos los que encontraba en su camino. Por esta razón,
Dios envió a un ángel para que hablara con él.

-Dios me pidió que viniera a visitarte y que te dijera que Él
quiere recompensarte por tu bondad- dijo el ángel.
Cualquier gracia que desees, te será concedida.
¿Te gustaría tener el don de curar?

-De ninguna manera -respondió el hombre- prefiero
que el propio Dios elija a aquellos que deben ser curados.

-¿Y qué te parecería atraer a los pecadores
hacia el camino de la verdad?

-Esa es una tarea para ángeles como tú.
Yo no quiero que nadie me venere ni tener
que dar el ejemplo todo el tiempo.

-No puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro.
Si no eliges, te verás obligado a aceptar uno.

El hombre reflexionó un momento y terminó por responder:
-Entonces, deseo que el Bien se haga por mi intermedio,
pero sin que nadie se dé cuenta- ni yo mismo,
por que podría pecar de vanidoso.

Y el ángel hizo que la sombra del hombre tuviera el poder de curar,
pero sólo cuando el sol estuviese dándole en el rostro.
De esta manera, por dondequiera que pasaba,
los enfermos se curaban, la tierra volvía a ser fértil
y las personas tristes recuperaban la alegría.

El hombre caminó muchos años por la Tierra sin darse cuenta
de los milagros que realizaba porque cuando estaba de frente al sol,
tenía a su sombra atrás.
De esta manera, pudo vivir y morir
sin tener conciencia de su propia santidad.

Paulo Coelho

Cuento – El otro yo

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones
se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía,
se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta,
se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa:
tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada,
se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente,
se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho
su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos.
Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello,
Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos,
movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio.
En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió.
Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo.
En el primer momento, el muchacho no supo que hacer,
pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo.
Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe
para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría
ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito
de lucir su nueva y completa vulgaridad.
Desde lejos vio que se acercaban sus amigos.
Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia.
Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban:
«Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y,
al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo
que se parecía bastante a la nostalgia.
Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía
se la había llevado el Otro Yo.

Mario Benedetti

de su libro: “El otro yo”

Cuento – Corazón de cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales
y toda clase de plantas. Como todos los huertos,
tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse
a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor
y a escuchar el canto de los pájaros.
Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales.

Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado…
El caso es que los colores eran irisados, deslumbradores, centelleantes,
como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo.
Después de sesudas investigaciones sobre la causa
de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro,
en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón),
un piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra un aguamarina,
aquella un lapizlázuli, de las más allá una esmeralda…
¡Una verdadera maravilla!

Pero por una incomprensible razón se empezó a decir
que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso.
Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder
su piedra preciosa e íntima con capas y más capas,
cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro.
Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.

Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse
a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje
de las cebollas, y empezó a preguntarlas una por una
- ¿Por qué no eres como eres por dentro?
Y ellas le iban respondiendo:
-Me obligaron a ser así…
-Me fueron poniendo capas… incluso yoo me puse algunas
para que no me dijeran…. Algunas cebollas tenían hasta diez capas,
y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas.
Y al final el sabio se echó a llorar.
Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas
era propio de personas muy inteligentes.
Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón.
Y así será hasta el fin del mundo.

La leyenda del atrapasueños

Muchas veces nos preguntamos cuál es la función del
cazador de sueños, dreamcatcher o atrapasueños
aquí está su leyenda:

Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven,
un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta
y tuvo una visión. En esta visión Iktomi,
el gran maestro bromista de la sabiduría apareció
en la forma de una araña.
Iktomi le hablo en un lenguaje sagrado,
que sólo los líderes espirituales
de los Lakotas podían entender.

Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomo un aro de sauce,
el de mayor edad, también tenía plumas, pelo de caballo,
cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.
Él habla con el anciano acerca de los círculos de la vida,
de como empezamos la vida como bebés y crecemos a la niñez
y después a la edad adulta, finalmente nosotros
vamos a la ancianidad, donde debemos ser cuidadosos
como cuando éramos bebés completando el círculo.
Pero Iktomi dijo mientras continuaba tejiendo su red,
en cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas,
algunas buenas otras malas,
si te encuentras en las buenas fuerzas ellas te guiarán
en la dirección correcta.
Pero si tú escuchas a las fuerzas malas,
ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada.
Él continuó, ahí hay muchas fuerzas y diferentes direcciones
y pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza.
También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.
Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña,
empezando de afuera y trabajando hacia el centro.

Cuando Iktomi termino de hablar, le dio al anciano Lakota,
la red y le dijo: ve la telaraña es un circulo perfecto,
pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte
a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas
y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones.
Si tú crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará
tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.
El anciano Lakota, le paso su visión a su gente y ahora
los indios Siux usan el atrapasueños como la red de su vida.
Este se cuelga arriba de sus camas, en su casa para escudriñar
sus sueños y visiones.
Lo bueno de sus sueños es capturado en la telaraña de vida
y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapa
a través del agujero en el centro de la red
y no será más parte de ellos.
Ellos creen que el atrapasueños
sostiene el destino de su futuro.