La felicidad verdadera
Busquemos algo bueno, no en apariencia, sino sólido y duradero, y más hermoso por sus partes escondidas; descubrámoslo. No está lejos: se encontrará; sólo hace falta saber hacia dónde extender la mano; mas pasamos, como en tinieblas, al lado de las cosas, tropezando con las mismas que deseamos.
La sabiduría consiste en no apartarse de ella y formarse según su ley y su ejemplo. La vida feliz es, por tanto, la que está conforme con su naturaleza, lo cual no puede suceder más que si, primero, el alma está sana y en constante posesión de su salud; en segundo lugar, si es enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a las demás cosas que sirven para la vida, sin admirarse de ninguna; si usa de los dones de la fortuna, sin ser esclava de ellos.
Comprendes, aunque no lo añadiera, que de ello nace una constante tranquilidad y libertad, una vez alejadas las cosas que nos irritan o nos aterran; pues en lugar de los placeres y de esos goces mezquinos y frágiles, dañosos aún en el mismo desorden, nos viene una gran alegría inquebrantable y constante, y al mismo tiempo la paz y la armonía del alma, y la magnanimidad con la dulzura, pues toda ferocidad procede de debilidad.



Si verdaderamente muy bueno!!!
Para completar la terapia les dejo esto:
Alegría:
Es difícil estar libre de todos los deseos,
pero, al menos los podemos reducir.
Cuando aprendemos a dejar los deseos superficiales
empezamos a probar las alegrías de la vida
que son más reales y duraderas
de lo que son aquellas que buscamos en los grandes deseos.
Cuando experimentamos la paz interior,
la alegría y el contentamiento,
son el resultado de nuestra naturaleza divina
y de nuestra relación amorosa con Dios,
así nuestros deseos son reducidos automáticamente.
Brahma Kumaris