Reglas para la tranquilidad interior
Nunca odies.
¿Quién vive con más paz interior,
al que odia o el que es odiado?
Nunca envidies.
¿Quién vive mejor,
el que envidia o el que es envidiado?
Sé humilde.
¿A quién se le quiere más,
al orgulloso o la humilde?

Nunca mientas.
¿Quién vive mas preocupado,
el que miente o el que es mentido?
Nunca aborrezcas.
¿Quién vive mejor,
el que es aborrecido o el que aborrece?
Nunca te preocupes por lo que ya pasó.
¿Acaso puedes cambiar el pasado?
Nunca te preocupes por el que viaja.
¿Acaso lo puedes cuidar desde donde estás?
Nunca te preocupes por algo
de lo cual no puedes hacer.
No vale la pena preocuparse por cosas así.
Nunca te preocupes por lo que vas a hacer.
Sólo hazlo.
Nunca peques.
El pecado es la mayor causa de la infelicidad.
Ama a Dios con todo tu corazón
y deja que el maneje tu vida.
Ni vivas de la felicidad pasajera.
Pues está se acaba pronto.
Ama a tu prójimo como a ti mismo
y verás que el prójimo te amará a ti.
Que tu rostro siempre
demuestre una sonrisa interior.
Te ayudara a ser feliz.
Germán Darío Montoya
Ya mismo
Deseas comenzar de nuevo toda tu vida.
Pues no esperes más. Eres tan capaz como
cualquier otro ser humano.
Disminuye tu ración de alimentos a la mitad.
Es suficiente.
Que tu alimento sea natural.
Camina el doble.
Haz algo con tus manos.
Destruye todo lo que tu cerebro está produciendo,
y reconstrúyelo totalmente nuevo.
Habla lo menos posible,
sobre todo de ti mismo
y de la vida privada
de las demás personas.
No te entrometas en la vida
de los que te rodean.
Vive tu propia vida
y deja que cada cual vida la suya propia.
No eres dueño de nadie,
y nadie es tu dueño.
El amor no nos da
derechos ni deberes.
Escucha a todos,
pero no sólo con los oídos,
sino también con tus sentimientos,
si no has permitido que esta torpe civilización
te los haya destruido por completo
(tanto los oídos como los sentimientos).
A solas mira frecuentemente al horizonte,
así no olvidarás que aún,
el cielo se puede unir con la tierra.
No pretendas ver nada,
mira atenta y espontáneamente todo aquello
que vaya surgiendo
en cada uno de tus momentos.
No busques escuchar nada,
solo escucha con tranquilidad,
sin formar parte de la confusión,
el chisme, el ruido,
y la trivial frivolidad que te rodea.
El silencio también puede curarte.
Piensa si todo lo que posees
es realmente necesario para tu supervivencia.
Piensa porqué no eres capaz de gozar
con la simple satisfacción de tus necesidades.
Piensa alguna vez, muy seriamente,
si algo de lo que haces,
(o la manera en que lo haces)
está destruyendo tu serenidad y tu alegría.
Recuerda que tu tranquilidad
y tu capacidad de gozar son muy importantes
para el bienestar de los que te rodean.
Acepta a todos tal cual son,
no pretendas cambiar a nadie,
pero no temas ser diferente a ellos.
No busques causas
para alegrarte de estar vivo.
Todo se puede comenzar de nuevo.
¿Dónde?
¿Y dónde sino dentro de ti mismo?.

Vamos…
¡Salta ya mismo!
Para ser feliz
SERENIDAD
Sé tranquilo en tu interior. Deja que esa paz y esa alegría interior irradien a través de un semblante sereno. Un semblante sereno es pacífico, sonriente, serio y no muestra ninguna emoción violenta. Es como la superficie de un lago en calma. La irritabilidad es precursora de violentas explosiones de cólera. Vigila las alteraciones del equilibrio mental. Observa las pequeñas olas de cólera que rizan el lago de tu mente. No permitas que adquieran grandes proporciones. Entonces alcanzarás un estado de no irritabilidad, de paz y amor.
REGULARIDAD
Sé regular en tus hábitos diarios, en tus prácticas espirituales y en tu trabajo. Levántate siempre a la misma hora. Sé puntual en tus actividades. Eso te liberará de preocupaciones y ansiedades. Harás siempre lo correcto en su justo momento.
SINCERIDAD
Deja que tus palabras coincidan con tus pensamientos. Deja que tus acciones coincidan con tus palabras. Deja que haya armonía entre tus pensamientos, palabras y acciones.
SIMPLICIDAD
Sé natural. Habla con sencillez. No retuerzas las palabras, no caigas en los tópicos.
Sé llano. Evita la diplomacia, el disimulo y la sinuosidad.
VERACIDAD
Sé veraz. Cumple tus promesas. No exageres ni retuerzas los hechos. Piensa dos veces antes de hablar. Sé preciso en lo que dices.
HUMILDAD
No alardees de tu nacimiento, posición, cualidades o logros espirituales. Recuerda la naturaleza de todas las cosas. Elogia a otros. Ve a Dios en todos. Trata incluso a la más pequeña de las criaturas como a tu igual.
ECUANIMIDAD
Ten calma. Soporta pacientemente el insulto, la injuria, el sufrimiento, el fracaso y la falta de respeto. No te engrías con la alabanza, el éxito y los honores. En ambas situaciones mantén una actitud equilibrada. Obra igual con los amigos y con los enemigos. No dejes nunca que nada perturbe tu paz interior.
CONCENTRACIÓN

Elige tu ideal. Tenlo siempre presente. No dejes que tu mente se aparte de él ni un solo momento.
La felicidad verdadera
Busquemos algo bueno, no en apariencia, sino sólido y duradero, y más hermoso por sus partes escondidas; descubrámoslo. No está lejos: se encontrará; sólo hace falta saber hacia dónde extender la mano; mas pasamos, como en tinieblas, al lado de las cosas, tropezando con las mismas que deseamos.
La sabiduría consiste en no apartarse de ella y formarse según su ley y su ejemplo. La vida feliz es, por tanto, la que está conforme con su naturaleza, lo cual no puede suceder más que si, primero, el alma está sana y en constante posesión de su salud; en segundo lugar, si es enérgica y ardiente, magnánima y paciente, adaptable a las circunstancias, cuidadosa sin angustia de su cuerpo y de lo que le pertenece, atenta a las demás cosas que sirven para la vida, sin admirarse de ninguna; si usa de los dones de la fortuna, sin ser esclava de ellos.
Comprendes, aunque no lo añadiera, que de ello nace una constante tranquilidad y libertad, una vez alejadas las cosas que nos irritan o nos aterran; pues en lugar de los placeres y de esos goces mezquinos y frágiles, dañosos aún en el mismo desorden, nos viene una gran alegría inquebrantable y constante, y al mismo tiempo la paz y la armonía del alma, y la magnanimidad con la dulzura, pues toda ferocidad procede de debilidad.


