Poemas, relatos y cuentos

Acerca de la necesidad de recibir

He conocido muchas personas que se preocupan por los otros,
que son extremadamente generosas a la hora de dar,
y que sienten un profundo placer cuando alguien les pide
un consejo o apoyo.
Hasta aquí todo bien: es estupendo poder hacer el bien
a nuestro prójimo.
En cambio, he conocido a muy pocas personas capaces
de recibir algo, aún cuando les sea dado con amor y generosidad.
Parece que el acto de recibir hace que se sientan
en una posición inferior, como si depender de otro
fuese algo indigno.
Piensan:
“Si alguien nos está dando algo es porque somos incompetentes
para conseguirlo con el propio esfuerzo”.
O si no:
“La persona que me da ahora, un día me lo cobrará
con intereses”.
O aún, lo que es peor:
“Yo no merezco el bien que me quieren hacer”.

¿Por qué actuamos así?
Porque nos cuesta entender que este universo está constituido
por dos movimientos.
El primero es la expansión, rigor, disciplina, conquista;
el segundo es la concentración, meditación, entrega.
Basta mirar nuestro corazón
(y no es por casualidad que el corazón siempre fue considerado
como el símbolo de la vida), para comprender que son estas
dos energías las que lo hacen latir, contraerse
y expandirse al mismo ritmo.
Las numerosas estrellas del cielo están emitiendo luz,
pero al mismo tiempo están absorbiendo todo a su alrededor,
por aquello que es conocido por los físicos
como fuerza de la gravedad.
Así los actos de dar y recibir, aún cuando sean aparentemente
opuestos, forman parte del mismo y continuo movimiento.

No es mejor quien da con generosidad,
ni es peor quien recibe con alegría.
El amor es, justamente, fruto de estas dos cosas,
y una pequeña historia ilustra bien lo que quiero decir:

“Un leñador, acostumbrado al arduo trabajo de derribar árboles,
terminó casándose con una mujer que era exactamente
su opuesto: delicada, suave, capaz de hacer lindos bordados
con sus dedos gentiles. Orgulloso de su esposa, él pasaba
todo su tiempo en el bosque, haciendo su trabajo para que
nada faltase en su casa.

Vivieron juntos durante muchos años, tuvieron tres hijos que crecieron,
estudiaron, se casaron y fueron a vivir a lugares distantes,
como suele suceder la mayoría de las veces.
La pareja continuaba en la misma cabaña, pero mientras el hombre
se sentía cada vez más fuerte por causa de su trabajo,
la mujer empezó a debilitarse. Ya no bordaba más,
perdió el apetito, no hacía sus caminatas diarias,
y vio desaparecer toda la alegría de su vida.
Su estado de salud se agravó de tal manera
que ya no se levantaba más de la cama.

El marido ya no sabía que hacer. Una noche cuando una fiebre alta
hizo que el rostro de su esposa adquiriera una palidez mortal,
él tomó con sus manos fuertes los delicados dedos de su esposa
y comenzó a llorar:

- ¡No me dejes!-decía sollozando.
La mujer tuvo fuerzas para decir, en medio de los delirios
provocados por la fiebre:

-¿Pero por qué lloras?
-¡Porque te necesito!

El brillo de los ojos de la mujer pareció retornar.

¿Y sólo ahora es que me lo dices? Yo pensé que cuando nuestros hijos
crecieron y partieron, mi vida había perdido el sentido.
¡Tú siempre has sido tan independiente!.

-Yo tenía vergüenza de recibirlo -dijo el leñador.- Siempre pensé
que no merecía todo lo que hacías por mí.

A partir de ese día la mujer volvió a recuperar la salud,
volvió a caminar por el bosque y a hacer sus bordados.
Su vida había vuelto a tener sentido porque alguien la necesitaba.
Alguien era capaz de recibir la mejor cosa que podía dar: su amor.

Paulo Coelho

Cuento para ayudar los desesperados

Para los desesperados

Este cuento es para leer cuando uno está frente
a porblemas de difícil solución…
la naturaleza nos enseña.

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña,
así que busqué un árbol muerto y lo corté.
Pero luego, en la primavera, vi, desolado,
que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre entonces dijo:

- Yo estaba seguro de que ese árbol estaba muerto.
Había perdido todas las hojas en el invierno.
Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban
y caían como si no le quedara al viejo tronco
ni una pizca de vida.
Pero ahora advierto que aún alentaba
la vida en aquel tronco.

ayuda

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:

- Nunca olvides esta importante lección.
Jamás cortes un árbol en invierno.
Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso.
Nunca tomes las más importantes decisiones
cuando estás en tu peor estado de ánimo. Espera.
Sé paciente. La tormenta pasará.
Recuerda que la primavera volverá

Cuento de vida

Vivir es un tejer juntos

Juan le pide a Matilde que le enseñe a tejer.
-¿A tejer?
-Si, a tejer.
- El secreto del tejido está en la mano del tejedor,
así como el secreto de la cocina está en la mano del cocinero.
Ella entonces tomó una aguja y le mostró el enhebrar los puntos.

tejido33

-Te enseñaré a tejer el punto arroz… Tenés que hacer así,
con la otra aguja tomas el punto por abajo y pasas la lana por arriba
y así uno abajo, otro arriba hasta terminar la vuelta.
En la próxima vuelta donde pasaste la aguja por abajo,
ahora por arriba y donde pasaste la lana por arriba ahora por abajo,
un punto tras otro punto hasta terminar la vuelta.
Matilde, con sus manos habilidosas y justas completó sus dos vueltas
y le entregó a Juan el tejido.
Este, inseguro entreteje sus primeros puntos,
trabajosamente y con la propia inhabilidad del novato
completa sus dos vueltas y se lo entrega a su esposa.
-En el tejido, siempre la mejor vuelta, el mejor punto es el que se está haciendo
-pronostica mientras hace sus dos vueltas-,
que al terminar se lo ofrece a Juan.
Y así dos vueltas cada uno van armando la tela.
En el tejido se notan las diferencias.
Las dos vueltas de Matilde ajustadas, constantes, prolijas,
las dos de Juan imprecisas y flojas.
El hilado muestra las dos distintas manos,
rayado horizontalmente por las diferencias.
Y así siguen tejiendo. Cada vez más preciso uno y otro;
al cabo de un tiempo, las experiencias mutuas,
los ajustes se ven reflejado en lo hecho.
Ambos haciéndose responsables de su propio tejido,
en la trama que les pertenece.
Con el devenir, un día, Ignacio su hijo de siete años, le pregunta:
-¿Pá, que es la vida?
El lo miró a los ojos, le puso suavemente su mano en el hombro y le contestó:
-Hijo mío, vivir es tejer juntos.

Yuri Tabak

Cuento de vida de Poldy Bird

Soledad

La soledad no es que no haya nadie.
La soledad es ir acompañado por la calle, ver algo que nos llama la atención
y saber que uno no puede comentarlo, porque al que viene al lado no le importa,
o no escucha, o se encoge de hombros, o mira y ni siquiera se encoge de hombros.
La soledad es oír que pasan por la radio aquella vieja melodía que nos eriza la piel
y nos vuelve de dieciocho años los recuerdos…

soledad3

salir corriendo para decirle: “Vení…vení a escuchar.” y que él responda ya voy…
y cuando llega al cuarto o a la cocina o al living,
allí donde lo espera tu corazón y tu impaciencia, el locutor esté diciendo:
“La melodía que acabamos de escuchar era…”
La soledad es que él haya regresado a casa,
y en vez de quedarse con vos en la cocina mientras freís las milanesas,
se vaya a leer el diario o a mirar el noticiero de T.V.
Y es que se olvide de que antes de irse a trabajar, a la mañana,
quedaron en ir al cine por la noche y al llegar por la noche se quite los zapatos,
la corbata y el saco y no mencione ni por casualidad la invitación.
La soledad es estar esperando , aunque el que esperemos esté junto a nosotros…junto,
al lado…pero no CON NOSOTROS.
Oyéndonos, no escuchándonos.
Mirándonos, pero no viéndonos.
Estando…no acompañando, ni participando, ni tratando de entender.
La soledad es querer gritar que aquí, dentro del pecho,
se revuelve un dolor formado por silencios, llantos disimulados,
preguntas sin respuesta.
Es que no podamos decir que nos va mal,
pero que tampoco podamos decir que hay una luz de entusiasmo y de ganas en nuestra vida.
Es RESIGNARSE.
Que los demás lo vean a uno como apacible y dulce.
Que piensen que esa apariencia es producto de una maravillosa paz interior,
de una sabiduría que los años han ido dejando lujosamente en nuestro ser.
La soledad es empezar a decir:
“Me da lo mismo”, o: “No te preocupes….”, cuando quisiéramos gritar:
“DEBE SER HOY Y AHORA”,
“QUIERO IR…QUIERO HACER…
QUIERO VER…QUIERO HABLAR”:
“Dios mío, quiero hablar.”
Hablar y hablar hasta decirlo todo, hasta sacarnos de adentro todas las palabras que el miedo
y la tristeza y el desgano han ido amontonando
y mutilando y nos pesan como si fueran bloques de granito…
La soledad es saber que la piedad de los demás no existe,
que la infelicidad les causa espanto y miedo porque temen que sea contagiosa…
es saber que para estar acompañados hay que bañarse, hay que peinarse bien,
vestirse cuidadosamente y parecer totalmente despreocupados y dichoso,
sin necesidades apremiantes, sin problemas…
y sin que nadie, nadie se de cuenta que estás solo.

Poldy Bird .

Cuento de vida – Cuestión de perspectiva

Cuestión de Perspectiva

Era una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto
para exportar zapatos a la India.
La Gerencia de la empresa envía a sus dos mejores consultores
a puntos diferentes de la India para hacer las primeras
observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado.
Después de algunos días de investigación,
uno de los consultores envía el siguiente fax a la gerencia de la industria:
Señores, cancelen el proyecto de exportación de zapatos para la India.
Aquí nadie usa zapatos.”
Sin saber de ese fax, algunos días después,
el segundo consultor manda el siguiente mensaje:
“Señores, tripliquen el proyecto de exportación de zapatos para la India.
Aquí todavía nadie usa zapatos.”
Moraleja de la historia:
Como pueden apreciar,
la misma situación era un tremendo obstáculo para uno de los consultores
y una fantástica oportunidad para el otro consultor.
De la misma forma, todo en la vida puede ser visto de diferentes maneras
y con enfoques distintos.
La sabiduría popular nos traduce esta situación de la siguiente manera:
“Los tristes sienten que el viento gime;
los alegres sienten que él nos canta.”
El mundo es como un espejo
que devuelve a cada persona
el reflejo de sus propios pensamientos.

La manera como tú enfrentas a la vida,
hace TODA la diferencia.

Buena semana!!