Reflexión de esperanza – La vida que soñamos
La vida que soñamos…
La vida que soñamos se logra
gracias a las decisiones que tomamos
ante una multitud de oportunidades.

Escuchemos.
Prestemos atención a todos los mensajes.
A medida que los mensajes continúan llegando,
continuemos prestando atención
y discerniendo la Guía Divina.
Y sabremos cuándo es el momento
adecuado para actuar.
Al prestar atención
a nuestro intelecto y nuestra intuición,
percibimos mensajes,
tanto de nuestra Voz interior
como de los numerosos
encuentros y “coincidencias”
que experimentamos durante el día.
Estemos alertas, atentos y despiertos
y sigamos la guía que recibimos.
Y actuemos.
Actuemos siguiendo dicha guía.
Sin acción,
nuestras vidas no pueden avanzar ni progresar.
Nos comprometemos a la acción
confiando plenamente en Dios
y damos gracias por esta nueva Bendición
en nuestras vidas.
El reconocimiento
mantiene en movimiento
la Rueda de las Bendiciones.
Nuestra gratitud proviene
de la comprensión
de que lo que hemos logrado
no fue sólo el resultado
de nuestros talentos, destrezas y ambiciones,
sino que también hemos sido Bendecidos
y somos parte del proceso co-creativo.
Juguemos un papel activo en nuestras vidas
y resistamos la tentación de posponer las cosas,
conscientes de que nos sentimos bien
cuando somos diligentes.
Decidamos qué es lo que necesitamos mejorar
y seamos honestos con nosotros mismos.
No hay nada que perder
o de qué sentirse triste,
mas hay mucho por ganar.
Nunca soltamos algo
que ya no sea de valor para nosotros,
sin que el espacio que esto dejó libre
se llene con algo mejor.
Luz Rosario
Canción: El sueño imposible
El sueño imposible
Don Quijote
Soñar lo imposible soñar.
Vencer al invicto rival
Sufrir el dolor insufrible,
Morir por un noble ideal
Saber enmendar el error.
Amar con pureza y bondad.
Querer. En un sueño imposible,
Con fe una estrella alcanzar.

Ese es mi afán,
Y lo he de lograr,
No importa el esfuerzo
No importa el lugar
Saldré a combatir y mi lema será
Defender la virtud aunque deba
El infierno pisar.
Porque sé que si logro ser fiel
A tan noble ideal,
Dormirá mi alma en paz al llegar
El instante final.
Y será este, mundo mejor,
Porque yo, sin rendirme jamas,
Busque, en mi sueño imposible,
Poder una estrella alcanzar
Enrique Guzmán
Educar
Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
hay que medir, pensar, equilibrar…
…Y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino …
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puestos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
Esté durmiendo nuestra propia barca,
En barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.
Gabriel Celaya
La paradoja de las emociones
El mundo está lleno de energía positiva y negativa.
Las emociones son un aspecto de esto.
Por eso se establece una dicotomía entre las emociones
mal llamadas negativas y positivas.
Las emociones son, simplemente.
Lo que le da el contenido de positivas o negativas
es lo que hacemos con ellas y los resultados
que nos influyen.
El enojo, odio, temor son llamadas negativas
porque paralizan, enferman, amargan.
El amor, esperanza, afecto,
son llamadas positivas porque nos curan, nos protegen.
Ambas son parte de la energía de la vida.
Desde el principio del mundo han existido el bien y el mal.
Sin embargo, la armonía existe en todos los niveles
cuando los opuestos se integran y se equilibran
el uno con el otro para complementarse.
Siete enfoques para aprender a manejar el negativismo
1. Dejar de pensar en las “emociones negativas”.
El pensamiento y las emociones negativas
son formas de ser que se aprenden.
Nuestra sociedad nos enseña a preocuparnos,
a tener miedo y a ser negativos.
Se requiere enormes dosis de positivismo
para contrarrestar esas enseñanzas.
Pero lo bueno es que son pensamientos y
éstos dependen de nosotros y se pueden cambiar.
Por lo tanto, como no se pueden tener
dos pensamientos a la vez,
cuando te sorprendas pensando algo negativo
que te va a infundir temor o preocupación,
di “Alto” y cambia ese pensamiento por otro positivo.
2. Evita siempre los juicios.
Lo mismo que con los pensamientos,
evita juzgar a los demás o condenarlos.
Con frecuencia es mejor no decir nada
y tratar de reforzar lo positivo que vemos en los demás.
Si te esfuerzas en ver en ti y en los demás lo bueno,
pronto serás más feliz y más saludable.
3. Enciende la luz.
Tratar con emociones negativas puede asemejarse
a estar en un cuarto a oscuras.
Puedes elegir estar siempre en la penumbra,
pero si te cansas puedes encender la luz.
Se logra esto sacando del interior
cualquier emoción positiva.
4. Atiende a lo que haya de bueno y positivo.
Siempre se pone énfasis en lo que está mal
en lugar de atender lo que está bien.
Siempre hay una parte tuya que quiere estar bien.
Si alguna parte de tu mente o tu cuerpo está mal,
dale un descanso, es decir atiende por un tiempo
otras áreas con perdón y afirmaciones,
de manera que las partes sanas refuercen las más débiles.
5. Admira a alguien.
Siempre conviene tener a alguien a quien admirar.
Observa qué actitudes llevaron a esa persona
a una vida positiva y admirable.
6. Elige tus emociones.
Tú debes tener el control de tu vida y tus emociones.
Aprende que estímulos te provocan qué reacciones
y así podrás elegir las emociones que manifiestes.
Lo creas o no tienes el poder de utilizar
tus emociones a tu favor.

7. Aumenta tus alternativas.
Cuando te creas víctima de tus emociones negativas,
haz una lista de las otras formas en que podrías responder,
aún cuando te parezcan imposibles para tu forma de ser:
por ejemplo enfrentar la situación a pesar del miedo.
De esta forma abrirás un abanico de posibilidades
que no te atreverías ni a soñar.
Elige, elige, elige.
Tienes el poder de elegir cómo te quieres sentir.
No dejes perder este derecho.
Aprende a ser Feliz – Un texto de Descalzo
Lo primero que tendríamos que enseñar a todo hombre que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia.
Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.
Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así,hay razones más que suficientes de alegría para llenar una vida de jugo y de entusiasmo y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.
Sería también necesario decirles que no hay “recetas” para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente de la de sus vecinos.
Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir “qué” clase de felicidad es la mía propia.
Añadir después que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella.

A mí se me ocurren, así de repente,
unos cuantos:
-Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma.
-Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos.
-No tener que esperar a encontramos con un ciego para enterarnos de lo
hermosos e importantes que son nuestros ojos.
-Asumir después serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra
existencia.
-Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los
demás.
-Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías.
-Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga y a veces muy a la larga, terminará siempre por imponerse.
-En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados.
-Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos.
-Revisar constantemente nuestras escalas de valores.
-Cuidar de que el dinero no se apodera de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar de el cuando nos ha hecho sus esclavos.
-Descubrir que Dios es alegre.
-Procurar sonreír con ganas o sin ellas.
La lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones
podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de hombres:
la construcción de la felicidad.
José Luis Martín Descalzo


